— ¿Por qué tanto alboroto por esto? —
— Digamos que mis jefes están ansiosos por volver a tener a sus juguetes preferidos en sus manos de vuelta; sobre todo a su mejor y único Omega capaz de hacer lo mismo que un Alpha. Pero claro, vosotros y vuestros hocicos no podían mantenerse alejados de todo; teníais que estar todos involucrados... — apuntó directamente a Mario con la pistola — dame el móvil, yo me ocupare de su ubicación — dijo extendiendo la mano para coger el aparato.
Mario sabía que ocurriría si le daba el aparato, así que con todas sus fuerzas lanzó el móvil contra la pared sorprendiendo a todos salvo a Roger, quien sonrió de oreja a oreja. Después de que el móvil se volviera piezas por separado, volvió a coger la tarjeta y la base del móvil para volver a reventarlo contra la pared, haciendo todo trizas.
— Si quieres saber dónde están... Deberás dejaros a todos con vida, porque el único que lo sabe soy yo, y no hablaré si no está nuestra libertad puesta en la mesa — dijo seriamente.
— ¿Qué haces? ¿Te volviste loco? — dijo Marcos poniéndose tras su cuerpo asustado. Él era más de estar en el laboratorio, no en medio de los tiroteos.
Roger lo miró, viendo como Mario alzaba bien alto la cabeza sin dar un paso atrás a su palabra. Se notaba que había pasado varios años con Martín, aprendiendo de él como buen soldado, tomándole como modelo de referencia y a seguir. Ese mismo gesto también lo habría hecho el Omega. La única diferencia que había entre ambos amigos, es que Mario estaba temblando y sudando por la adrenalina de tener una pistola frente a su cabeza, cargada y con todas de dispararle; Martín ni siquiera se hubiera movido para tomar aire, y habría mantenido su postura rígida frente a su contrario a pesar de saber que iría a estar muerto. Eso lo hacía un gran soldado, uno de los que, a pesar de tener toda la información del país, podría morir sin decir ni una sola palabra, llevándose el secreto a la tumba; y era por eso, y por más cosas, que era tan importante y valioso.
Roger se maldijo a sí mismo en su cabeza por no haberse dado cuenta antes de que el gobierno y sus planes estaban detrás de todo esto, y ahora por culpa de su lentitud y su poca profesionalidad en el ámbito del secreto, sus intenciones habían sido leídas por el enemigo, y así estaban ahora: acorralados como corderos por los lobos.
— Muy bien — dijo Eloy — bajen las armas señores — dijo haciendo el gesto — si nos llevas al hotel en donde están, les dejaremos ir a todos —
— Eso no me vale... Ellos se irán ahora... y yo iré con vosotros —
— No, irán todos conmigo —
— Entonces no te diré en donde están — intentó retarlo.
Eloy sonrió y apuntó la cabeza de Mario, cargando el arma y poniendo su dedo en el gatillo.
— Registraré entonces todos los hoteles de la ciudad, así que ya no me hacéis falta —
Mario abrió los ojos de golpe y sintió el sudor frio recorrer su columna vertebral, ahogándose en el borde del pantalón; y ahí noto las manos temblorosas y aferradas a su sudadera por parte de Marcos, quien tenía los ojos rojos, cristalizados; se sorbía la nariz con constancia y parecía querer llorar en cualquier momento; el aire se le iba de los pulmones y el corazón le iba cada vez más rápido.
Eloy dio un paso hacia adelante con sus hombres, y las puertas del ascensor se cerraron, dejándoles a solas en la planta.
— Muy bien una oportunidad más, ¿Dónde están? —
Mario sintió los temblores de Marcos. Quería abrazarle, decirle que todo iba a estar bien, pero nada lo iba a estar, y si lo abrazaba podrían tomarlo a la defensiva y disparar. Lo escuchó gimotear, sollozar y susurrar; se sintió mal porque notó el miedo de su Omega, el cual hacia amargo el ambiente, con feromonas ligeras, pero que picaban al olfato.
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Quiero Volver Contigo
ActionKay se puso alerta, mirando la puerta con recelo y supo que estaba en problemas. - ¡Martín! ¡Sorpresa, estoy en casa! - Kay ladró, Martín escuchó las llaves ser posadas sobre la mesita de la entrada y vió la figura de Eloy trajeado aparecer por el s...
