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Pov: Jeon Jungkook

Era fin de semana, y ya eran casi las 9:30 de la mañana cuando me encontraba en mi habitación, arreglándome para salir a hacer ejercicio. Esta costumbre la adopté todos los fines de semana cuando vivía en Busan, y estando aquí en Seúl, no sería la excepción.

Vestido con unos pantalones deportivos, una camiseta negra y mis tenis blancos, tomé mis audífonos y salí de casa para iniciar mi rutina.

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Después de una hora completa corriendo y trotando, me detuve a caminar por el parque. Mientras paseaba, vi a lo lejos dos siluetas femeninas que me parecían muy conocidas. Pensé que mi imaginación me jugaba una broma, pero al acercarme, comprobé que no me estaba engañando. No era nadie más que Amanda y Emily.

Me acerqué a ellas trotando hasta alcanzarlas y dije:

- Amanda, Emily.

Ellas voltearon hacia mi dirección y sonreí al ver que me prestaban atención.

- Jungkook - pronunció Amanda, mientras me posicionaba frente a ellas -

-Hola - saludé, y me devolvieron el gesto.

- ¿Cómo estás, Jungkook? - preguntó la pequeña, y me agaché a su altura.

- Muy bien, ¿y tú, linda? - sonrió, respondiendo a mi pregunta.

- Muy bien.

- ¿Qué te trae por estos lados? - preguntó Amanda mientras me reincorporaba.

- Estaba corriendo y, de casualidad, las vi por aquí. ¿Y ustedes qué hacían?

- Estábamos dando un paseo y luego iremos a una cafetería.

-¿Quieres venir? - preguntó Emily, soltándose del agarre de su madre. Miré a Amanda y luego a ella.

- Solo si tu mamá me deja, no quiero estorbar - le sonreí, y ella se agarró de las piernas de su madre, haciéndole caritas.

- Mami... ¿puede ir con nosotras? ¿Siii? - alargó la "i" mientras la miraba con esos ojitos que pedían su permiso.

-¿No tienes ningún compromiso ahora, verdad? - me preguntó Amanda, y al negar, sonrió.

-Está bien, puede venir con nosotras.

- ¡Sí! - chilló emocionada y, de inmediato, se lanzó a mis piernas para abrazarlas.

- ¿Puedes cargarme? - pidió, estirando sus brazos hacia mí. La alcé, logrando que se trepara a mi cuello y torso.

- Ya te ganaste su cariño - me afirmó Amanda mientras sonreía.

- ¿Qué puedo decir? Soy muy bueno con los niños -presumí, y me gané un leve golpe en el brazo.

- Ya vamos, que tengo hambre - pataleó la niña, y la pelinegra asintió, suspirando.

- Andando.

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Ya sentados en una mesa cerca de la ventana, un mesero se acercó a nosotros y pidió nuestra orden.

- Para mí, un café americano y una tarta de manzana - pidió Amanda y luego miró a su hija.

- Para ella, una malteada de vainilla y un pedazo de torta de chocolate.

- Y para mí, un café capuchino y un pedazo de tarta de zanahoria.

El mesero asintió, escribió todo en su libreta y dijo que en 10 minutos nos traería la orden. Asentimos y se retiró.

- Jungkook - llamó la pequeña, y la miré.

- Dime, linda.

- ¿De dónde eres? ¿Cuántos años tienes? ¿Tienes hermanos? ¿Te gusta el chocolate? ¿Te gustaría jugar conmigo ahora que salgamos de aquí? - empezó a bombardearme de preguntas. La rapidez con la que hablaba me parecía demasiado tierno, así que no dudé en reír un poco antes de interrumpirla.

- Woah, princesa, una pregunta a la vez, no puedo responderte así de rápido.

- Está bien, es que me emocioné - sonrió inocentemente.

- No te preocupes. Respondiendo a tus preguntas, soy originalmente de Busan, tengo 24 años, solo tengo un hermano, y sí, me gusta el chocolate. Sobre jugar, sería otro día, ¿ok? - asintió, y unos minutos después, el mesero llegó con nuestras órdenes.

Comenzamos a disfrutar de nuestra comida mientras seguíamos hablando y conociéndonos un poco más.

Emily, con su energía contagiosa, comenzó a contarme sobre sus juegos favoritos y sus aventuras en el parque.

Cada historia que compartía iluminaba su rostro, y no pude evitar sentirme más a gusto en su compañía.

Mientras tanto, Amanda me miraba con una sonrisa, orgullosa de su hija. Me di cuenta de que, aunque había ido a hacer ejercicio, este encuentro inesperado había resultado ser mucho más gratificante.


CONTINUARÁ.

OPERATION EASTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora