Pov: Jeon Jungkook
1 SEMANA DESPUÉS...
Había pasado una maldita semana desde que llegamos a Bangkok y aún no teníamos ni una sola pista sólida sobre la ubicación exacta de la mansión de Wang. Decir que no estábamos estresados sería una mentira descarada.
Algo se nos estaba escapando, y esa sensación de que algo no encajaba me mantenía en un estado constante de alerta. No era para menos: cada vez que Amanda y yo salíamos para hacer vigilancia rutinaria, sentía como si alguien nos siguiera o nos estuviera observando desde las sombras. Era un escalofrío que me recorría la espalda y no podía ignorar.
Sacudí la cabeza para quitarme esos pensamientos paranoicos y me concentré en las pantallas frente a mí, repasando una y otra vez el poco material que habíamos recopilado. De repente, sentí una mano firme sobre mi hombro. Giré y vi a Amanda, vestida para salir, con su chaqueta bien ajustada y esa mirada decidida que siempre me calmaba.
-Sí, si estás pensando que voy a salir -dijo con una sonrisa leve-, es porque así es. Necesito buscar una memoria USB para guardar todo lo que hemos logrado recopilar, aunque sea poco, es sólido.
-Está bien -respondí, aunque con una mueca de preocupación-. Pero ten cuidado, tengo un presentimiento horrible de que hoy va a pasar algo.
-No te preocupes -me aseguró mientras se acercaba para dejarme un beso en los labios-. Si tú dices que algo va a pasar, yo llevo mi arma de servicio escondida y la placa. Nos vemos luego.
Suspiré, tratando de calmar el nudo en mi estómago. Quizás solo estaba paranoico, pensando demasiado en lo que podría salir mal.
Pero, me arrepentí por haber ignorado esa horrible sensación que tenía desde la mañana.
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Narrador omnisciente
Por otro lado...
-Señor, la chica ya salió del hotel -informó un hombre con un teléfono desechable, hablando en voz baja pero firme con su jefe.
-Muy bien. Esperen a que se aleje un poco más antes de ejecutar el plan. Sean discretos, ¿entendido? -la voz autoritaria del jefe resonó en la línea.
-Sí, señor.
La llamada se cortó abruptamente. El hombre sacó el chip del teléfono, lo pisoteó y arrojó el aparato a la basura sin dejar rastro.
Se acercó a una camioneta oscura y tocó la puerta trasera. Dos hombres descendieron: uno vestido completamente de negro, con mirada fría y calculadora, y otro disfrazado de repartidor de pizza, una fachada perfecta para su misión.
Los dos hombres de negro se dirigieron a la entrada trasera del hotel, donde un ascensor los esperaba para llevarlos a su destino. El "repartidor" entró por la recepción, fingiendo naturalidad mientras pedía el número de habitación de su "cliente".
La recepcionista, ajena a la amenaza, le indicó sin sospechar nada. El hombre sonrió, guardó un pequeño dispositivo con el que avisó a sus compañeros al piso al que se dirigía.
Las cámaras de seguridad grababan cada movimiento, pero ellos no lo sabían.
El ascensor llegó con su típico sonido mecánico. Las puertas se abrieron y el repartidor salió, encontrando a sus cómplices esperándolo.
Los tres avanzaron hacia la habitación 210, donde se encontraba Jungkook. Los dos hombres de negro se situaron a cada lado de la puerta, sacando pistolas con silenciadores.
El repartidor tocó la puerta con calma, esperando.
Dentro, Jungkook escuchó el golpe y se levantó, algo desconcertado.
¿No era extraño que Amanda regresara tan rápido?
¿No debería tener la tarjeta para entrar?
Se hizo esas preguntas mientras se acercaba a abrir la puerta. Al girar la manija, cometió un grave error: no miró por la mirilla.
Al abrir, vio al hombre disfrazado de repartidor con una caja de pizza.
-Buenas tardes, ¿aquí es la habitación 210? -preguntó el hombre con voz suave.
-Sí, ¿qué necesita? -respondió Jungkook, frunciendo el ceño.
-Llamaron desde aquí para pedir una orden de pizza -insistió el falso repartidor.
-Yo no he ordenado nada -dijo Jungkook, cada vez más desconcertado.
-¿Está seguro? Esta es la dirección que me dieron.
-Sí, por favor, váyase -intentó cerrar la puerta, pero los dos hombres de negro empujaron con fuerza y apuntaron con sus armas.
Jungkook retrocedió, levantando las manos. Intentó resistirse, pero fue inútil.
El repartidor rápidamente sacó una jeringa con un líquido incoloro y la clavó en el cuello de Jungkook. Sintió el pinchazo y luego cómo su cuerpo empezaba a ceder, sus ojos se nublaban y cayó al suelo, completamente inconsciente.
Los dos hombres lo sujetaron por brazos y pies, mientras el repartidor guardaba la jeringa vacía.
Sacaron a Jungkook del cuarto y cerraron la puerta tras ellos.
El hombre que esperaba en el pasillo tomó el teléfono y llamó a su jefe.
-¿Lograron llevar a cabo la misión? -preguntó el jefe.
-Sí, señor.
-Buen trabajo. Llévenlo a la mansión y tengan cuidado.
La llamada terminó. El hombre sintió un escalofrío cuando las puertas de otro ascensor cercano se abrieron y una mujer conocida apareció. Se apresuró a salir, pero chocó con ella. Ella lo miró fijamente, pero sin sospechar nada, siguió su camino.
Respiró aliviado y se dirigió al estacionamiento donde lo esperaban los otros dos.
Subió a la parte trasera de la camioneta, donde Jungkook yacía atado y amordazado con un pañuelo.
Susurró las últimas órdenes a los conductores y arrancaron.
Lo que no sabían era que las cámaras de seguridad habían grabado todo.
Y eso fue un error fatal.
CONTINUARÁ.
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OPERATION EAST
Fiksi Penggemarun criminal muy peligroso de Asia, una agente madre soltera y apasionada por su trabajo, 7 chicos con el propósito de cumplir con su misión asignada, un amor que se formará a lo largo de su misión con el que no contaba. pero que estarían dispuestos...
