Pov: Jeon Emily
Tal como lo había prometido mi papá y como habíamos acordado, yo llegaría primero que ellos. Mientras estuviera en el entrenamiento, mis padres se acercarían poco a poco para hablar con los entrenadores.
Al entrar al vestuario, coloqué cuidadosamente todas mis cosas en el casillero asignado. Me até el cabello en una coleta alta, sintiendo cómo cada mechón quedaba firme para no estorbarme durante el entrenamiento. Salí al campo y me situé en un lugar estratégico, a la espera de que el resto de reclutas y entrenadores aparecieran.
En menos de quince minutos, el campo estaba lleno. Pude sentir las miradas clavadas en mí, esas mismas que me habían hecho la vida imposible. Miradas cargadas de odio y desprecio, provenientes de quienes se empeñan en hacerme un infierno. Pero esta vez, estaba decidida a no dejar que me pisotearan.
No me malinterpreten, no soy una persona vengativa ni busco hacer daño, pero lo que viví ayer y los comentarios hirientes de antes habían roto mis límites. Tenía que poner un alto, no solo por mí, sino porque quizás no soy la única víctima y el silencio solo alimenta el miedo y la injusticia.
Cuando el entrenador tocó el silbato, comenzamos a calentar. Minutos después, levanté la mirada y vi a mis padres acercándose. El entrenador fijó su mirada en ellos y, con un pitido firme, nos ordenó alinearnos en orden.
Todos alzamos la cabeza, mostrando respeto. Mis padres, que también son mis superiores, recibieron nuestro saludo con la misma formalidad.
-Brigadier general y coronel, buenos días -dijimos al unísono.
-Buenos días, cadetes. Pueden descansar -respondió mi padre con un semblante serio, igual que mi madre.
-¿Qué los trae por aquí, brigadier y coronel? -preguntó el entrenador, curioso.
-Entrenador, no solo venimos a supervisar el entrenamiento, sino porque hemos recibido reportes de posibles agresiones verbales y sexuales entre sus alumnos -sentenció mi madre, y pude ver a algunos compañeros tragar saliva nerviosos.
-¿Cómo es eso? -preguntó incrédulo el entrenador.
-Así como escucha, señor. Como sabe, mi hija está aquí para formarse como agente de esta agencia, y como su superior y padre, es mi obligación estar al tanto de lo que sucede, y protegerla -dijo firme, sin titubear. Sentí las lágrimas amenazar con salir.
-Cadete Jeon Emily, un paso al frente -ordenó mi padre.
Di un paso adelante, con el corazón latiendo con fuerza. Mis padres se situaron a mi lado.
-¿Qué ocurrió ayer? -preguntó mi padre con voz firme.
Tragué saliva antes de responder.
-Ayer en la mañana, mientras me alistaba para el entrenamiento, escuché en los casilleros a unas cadetes hablar mal de mí. Decían que si no fuera por mis padres no estaría aquí y que no habría avanzado tanto, solo porque entré a los 17 años.
-¿Y qué más? -presionó.
-Por la tarde, cuando entré a las duchas siendo la última, un compañero intentó abusar de mí. Logré defenderme con un rodillazo en sus partes y salí corriendo -traté de mantener la voz firme para no desmoronarme. Sabía que si dudaba, todo se vendría abajo y nos tacharían de mentirosos.
-¡Esto es inaceptable! ¿Quiénes son los implicados? ¡Hable ahora! -exigió el entrenador.
Miré de reojo a los culpables y mencioné sus apellidos con firmeza: -Song, Kim y Jang.
Dos de ellos permanecieron en silencio, pero Song no se quedó callada.
-¡Esto es una calumnia! No tienes pruebas para acusarnos -chilló.
Mi padre la interrumpió con voz dura:
-Cadete Song, ¿en qué momento le di permiso para hablar? -ella se calló al instante.
-Si no está de acuerdo con esto, ¿por qué se exaltó? -preguntó mi madre, quien no dejaba de observarla.
Song permaneció muda, y mi padre tomó la decisión.
-Si niegan las acusaciones, no tendrán problema en revisar las cámaras de seguridad, ¿verdad? -les desafió.
Los tres callaron, nerviosos ante la posibilidad de ser grabados.
-Muy bien, los implicados, el entrenador y la cadete Jeon me acompañarán -dijo mi padre con autoridad.
Nos dirigimos a la oficina de mi padre, donde mi madre cerró la puerta con seguro. Mi papá encendió la computadora y comenzó a buscar las grabaciones del día anterior, tanto de la mañana como de la tarde.
Encontró lo que buscaba y mostró la grabación con audio incluido. Mis padres mantuvieron la compostura mientras Song y Jang se pusieron pálidas al verse expuestas.
Luego, reprodujo la grabación de la tarde en las duchas, donde se veía claramente la intención de Kim de abusar de mí.
-¡Esto es indignante! -exclamó el entrenador, furioso.
-Estamos decepcionados con el comportamiento de sus cadetes, entrenador. Sé que no tenía conocimiento, pero, con respeto a su esfuerzo, me veo en la penosa obligación de... -mi padre hizo una pausa dramática- expulsar a los cadetes Song, Jang y Kim. No tendrán oportunidad de reintegrarse en ninguna otra academia.
-¡Esto es injusto! -gritó Song-. Solo porque ella es hija de ustedes hace esto. Se está aprovechando de sus cargos.
-Esta es la segunda vez que habla sin permiso, cadete Song. Mi hija está donde está por su esfuerzo y sacrificio, no por aprovecharse. Lo que ustedes hacen es calumnia, y eso es un delito que puede llevar a prisión -respondió mi padre, mirándola con una dureza que helaba.
-Con estas pruebas, no dudaré en hundirla. Por compasión, acepten la expulsión y retírense -sentenció.
Los tres bajaron la cabeza, resignados.
-Sí, brigadier general -dijeron al unísono y se retiraron.
-Lo siento mucho, brigadier y coronel. Investigaré si hay más casos y me aseguraré de que esto no vuelva a suceder -se disculpó el entrenador, avergonzado.
-Eso esperamos. Ahora puede retirarse -mi padre asintió y lo despidió.
Quedamos solos, yo y mis padres.
-Gracias. Sé que no debería sentirlo, pero me da pena por ellos -dije bajando la cabeza, la culpa quemándome por dentro.
-Cariño, no debes sentir pena. Ellos se equivocaron y deben pagar. Nosotros siempre te apoyaremos a ti y a tu hermana. Ustedes son nuestra prioridad -dijo mi madre, tomándome las mejillas con ternura.
-Tu madre tiene razón. La familia siempre primero, ¿lo tienes claro? -añadió mi padre con una sonrisa.
-Sí, papá -sonreí-. Los amo mucho.
-Nosotros también, mi princesa -dijo mi padre, abrazándonos a mi madre y a mí.
Definitivamente, son los mejores padres que podría desear, y nunca dejaré de amarlos.
ESTÁS LEYENDO
OPERATION EAST
Fanfictionun criminal muy peligroso de Asia, una agente madre soltera y apasionada por su trabajo, 7 chicos con el propósito de cumplir con su misión asignada, un amor que se formará a lo largo de su misión con el que no contaba. pero que estarían dispuestos...
