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Canción del capítulo: Super - SEVENTEEN

A LAS AFUERAS DE SEUL, EN MEDIO DEL BOSQUE

Narrador omnisciente

22:40 PM

En medio de la oscuridad del bosque, los grupos comandados por Amanda y Jungkook se acercaban sigilosamente al perímetro de la casa que se alzaba entre los árboles, como un espectro entre sombras. Al recibir la señal de Amanda, todo se detuvo; el silencio era palpable, interrumpido solo por el susurro del viento entre las hojas.

El grupo alfa, liderado por Jungkook, tomó posiciones al frente de la casa, mientras que el equipo de Amanda se dirigió a la parte sur de la propiedad. La tensión era palpable, pero los nervios y el miedo no tenían cabida en sus cuerpos entrenados.

A medida que se acercaban, un descuido les costó caro: un vigilante, distraído por un ruido en la distancia, los vio. Sin dudarlo, Amanda se adelantó, su mirada fría y decidida. Un disparo certero, pero silencioso, atravesó la oscuridad, y el hombre cayó sin emitir un sonido. Los demás que custodiaban la parte trasera sufrieron el mismo destino, uno tras otro, como piezas de dominó.

Con seguridad, Amanda abrió la puerta, el chirrido metálico resonando en la noche. Se adentraron en la casa, sus ojos escudriñando cada rincón. A través de los comunicadores, Jeon dio su primer reporte.

-Capitana, todo despejado en la parte frontal de la casa. Ahora nos dirigimos al sótano; debo suponer que ahí es donde están fabricando la droga.

-Muy bien, teniente. Nosotros subimos a la segunda planta para ir por "el supervisor". Avíseme de cualquier novedad y espere mi señal para colocar los detonadores.

-Sí, capitán.

Ambos se desconectaron, volviendo a sus labores. El equipo bravo llegó a una puerta cerrada, sólida y resistente. Con una pequeña cámara en forma de canica, la lanzaron para observar a través del reloj en su muñeca. Tres figuras se movían en el pasillo que conectaba aquella puerta con la oficina del supervisor, discutiendo animadamente sobre el próximo envío de su cargamento.

Sin más preámbulo, Amanda se preparó. A la cuenta de tres, empujó su cuerpo contra la puerta, que se abrió de golpe, alertando a los hombres. Sin posibilidad de defenderse, cayeron bajo los tres disparos silenciosos de Amanda.

Con cautela, uno de los agentes del equipo bravo colocó los detonadores en lugares estratégicos de la puerta, esperando la señal de su superior.

Jeon se comunicó nuevamente.

-Capitana, hemos colocado los detonadores.

-Muy bien, a la cuenta de tres los detonamos al tiempo. ¿Entendido?

-Sí, mi capitán.

-Bien, tres... dos... uno... ¡ahora!

El sonido ensordecedor de los detonadores provocó un caos en las habitaciones donde fueron colocados. Gritos resonaron en el piso de abajo, mientras en la oficina de la planta superior se escucharon disparos dirigidos a Amanda y su equipo.

La pelea estalló, balas silbando en el aire. En medio del desorden, "el supervisor" logró escapar, dando la orden de cubrirse, mientras se lanzaba hacia la salida, con la esperanza de evadir la justicia.

Ambos personajes se encontraron en una habitación donde la única salida era un balcón que no ofrecía más opción que matar o morir. Con un movimiento rápido, el hombre sacó un cuchillo de su cintura, apuntando a Amanda antes de lanzarse hacia ella.

La empujó al suelo mientras forcejeaban. Amanda, con una determinación feroz, sostuvo las muñecas del hombre, evitando que la hoja afilada se acercara a su rostro. Con un impulso, lo empujó, haciendo que el cuchillo volara lejos de ellos, aterrizando en un rincón oscuro de la habitación.

Sin dudar, Amanda se lanzó sobre él, propinándole golpes en el rostro. Pero el hombre la tomó de la cintura y la arrojó contra la pared fría, un gemido de dolor escapó de sus labios.

Ambos se levantaron, ignorando el dolor. Amanda, con una patada certera en el estómago, hizo que el aire se escapara del hombre. En medio de su desestabilización, ella tomó un arma de su cintura y le apuntó, pero él, con un último esfuerzo, le arrebató el arma.

-Tus últimas palabras, perra -sonrió con suficiencia, apuntando hacia ella mientras se acercaba lentamente, la ventana del balcón a sus espaldas.

Con una mirada furtiva, Amanda vio al francotirador en la rama de un árbol. Su corazón latía con fuerza, y al captar su atención, el tirador apuntó, esperando la señal.

-¿De qué te ríes, estúpida? -se acercó aún más.

-¿De verdad crees que te diré mis últimas palabras? Eso aún no me corresponde. Así que, púdrete.

Justo en ese momento, un disparo certero impactó en el hombro del hombre, haciéndolo caer y soltar el arma. En un movimiento rápido, Amanda tomó su pistola y le apuntó.

Jeon llegó a su lado, el hombre maldiciendo y quejándose de dolor.

-¿Estás bien? -preguntó Jeon, preocupado, mientras le tomaba del hombro.

-Sí, no te preocupes. Solo necesito respirar. Buen trabajo -le sonrió, sintiendo que la adrenalina comenzaba a ceder.

-Si sucede algo, avísame, ¿ok?

Amanda asintió, y Jeon se retiró para inspeccionar que todo estuviera en orden.

CONTINUARÁ.

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