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Pov: Amanda Park

Regresaba al hotel, mis pasos resonando en el mármol del vestíbulo. Tomé el ascensor, la puerta se deslizó abierta y, al salir, el pasillo se presentó ante mí. Levanté la vista y vi a un hombre hablando por teléfono. Su rostro reflejaba prisa, y al colgar, salió disparado hacia el ascensor, chocando accidentalmente conmigo. Me encogí de hombros; tal vez tenía una emergencia.

Saqué mi tarjeta y la deslicé en la cerradura de la habitación. Al cerrar la puerta, un silencio inquietante me envolvió. Recordaba que Jungkook estaba aquí, y su ausencia me resultaba extraña.

Comencé a buscarlo, llamándolo en voz alta. Pensé que, tal vez, había salido a buscar algo de comer; después de todo, no había probado bocado desde la mañana. Me dirigí a la mesa donde teníamos todo el equipo montado. Sentándome, agarré la memoria que había comprado para guardar la información recopilada, asegurándome de no perder ninguna evidencia.

Dos horas después...

Esto ya era raro. ¿Es normal que alguien tarde tanto en buscar comida? La cafetería estaba solo un piso abajo. Llamé a los demás, esperando que tuvieran noticias de Jungkook, pero solo recibí negativas.

La preocupación se apoderó de mí, así que pedí que todos vinieran a mi habitación.

En menos de treinta minutos, estaban allí, mirándome con preocupación.

-¿En serio no saben nada de él? -pregunté, y todos negaron. Una idea se me ocurrió: revisar las grabaciones de seguridad.

Comencé a retroceder en el tiempo desde esta mañana. Todo parecía normal hasta que llegué a un momento clave. En el pasillo, vi a dos hombres en ropa negra, y poco después, un tercer hombre vestido de repartidor de pizza. El repartidor se detuvo frente a mi puerta, mientras los otros dos se colocaban a sus lados. Toco la puerta, y segundos después, Jungkook apareció. Su expresión era de confusión.

Estaba a punto de cerrar la puerta, pero los hombres de negro entraron de golpe, apuntándolo con armas con silenciadores. La escena fue escalofriante. Cerraron la puerta tras de ellos.

A los quince minutos, la puerta se abrió nuevamente. El repartidor y uno de los hombres vestidos de negro aparecieron cargando a Jungkook, inmóvil, de brazos y pies.

-¿Pero qué mierda? -exclamó Yoongi, frunciendo el ceño, desconcertado.

Mientras los hombres se dirigían al ascensor, quedé paralizada. Luego, vi la imagen de mí misma saliendo del ascensor, ignorando al mismo hombre que había irrumpido en mi habitación como si nada.

Ahora, todo encajaba. Me sentía impotente al darme cuenta de que tenía a uno de los secuestradores de Jungkook justo frente a mí, y nunca lo sospeché. Wang, el maldito, había estado vigilando todo el tiempo. Al tener suficiente información, había decidido atacar mi punto más vulnerable: mi familia.

Primero fue Emily, y ahora Jungkook.

Golpeé la mesa con furia, asustando a los demás que seguían absortos en las grabaciones.

-Maldito -siseé entre dientes, pensando en Wang.

-¿Y ahora qué hacemos? -preguntó Namjoon, preocupado.

-Lo que debimos hacer hace una jodida semana.

-¿Qué cosa? -intervino Taehyung, frunciendo el ceño.

-Matar a esta escoria -me levanté abruptamente de la silla, y con mi arma en mano, me encaminé hacia la puerta.

Mis pasos eran largos y decididos, pero Yoongi se interpuso en mi camino.

-Apártate, Min -gruñí, enfadada.

-No lo haré.

-Dije que te apartes, Min. Soy tu superior, así que si te lo ordeno, debes cumplirlo.

-No lo haré -repitió-, y sé que eres mi superior, pero no dejaré que cometas una locura.

-Yoongi tiene razón -acotó Namjoon-. No puedes ir sola a enfrentarte a Wang dejándote llevar por tus impulsos.

-Antes de que puedas salvar a Jungkook, estarás con un disparo en la cabeza.

-Eso es lo que quiere. Quiere verte vulnerable, y si actúas así, le estarás dando ventaja -dijo Jimin. Tenía razón, aunque no quería admitirlo.

-Tienes que pensar con la cabeza fría y planear.

-¿Y qué quieren que haga? ¿Qué me ponga a esperar hasta que ese maldito decida acabar con la vida....?-no terminé la oración porque escuché el sonido de una notificación en la computadora. Extrañada, caminé hacia la mesa y vi un archivo de destinatario desconocido.

Abrí el archivo y mi respiración se detuvo. En la pantalla, Jungkook estaba colgado de dos cadenas por las muñecas, sin camisa. Su cabeza estaba baja, cubriendo sus ojos con el cabello. Miré su cuerpo cubierto de moretones, algunos morados y otros verdes.

Al fondo, escuché la voz que más detestaba en mi vida. La rabia burbujeaba en mi interior.

-Hola, capitana Park. Seguro ya recibió mi "regalito" y ha visto a quién tengo de invitado -se rió, lo que solo aumentó mi furia.

-Salude a la cámara, agente Jeon -se acercó a Jungkook, tirándole del cabello para alzar su cabeza. Su rostro estaba magullado, y pude ver las grietas en sus labios, indicios de deshidratación. Sangre brotaba de las comisuras.

-Nos hemos estado divirtiendo, pero parece que el pobre no puede aguantar tanto -dijo, sonriendo perversamente.

-Como te diste cuenta, dado que no aprendiste la lección, tuve que hacer uso de mi último recurso. Te advertí que desistieras de seguir con este caso, pero no me hiciste caso. Ahora atente a las consecuencias. Esto es tu culpa.

-Es culpa tuya que todos estén en peligro. Fíjate qué pasó con tu madre e hija. Ahora con él -apreté mis manos en puños, las lágrimas brotando silenciosamente.

-Pero creo que hoy es tu día de suerte. Si quieres volver a ver a tu agente con vida, te sugiero que vengas y me enfrentes. Te reto a que tengas las agallas suficientes para salvar a tu querido agente. A no ser que quieras esconderte como un ratón.

-Te espero el miércoles en la puerta de mi mansión a las 4:30 de la tarde. No te preocupes, yo te mandaré la ubicación.

-Si te demoras un minuto más, piensa cómo le dirás a la familia del chico cómo murió -sonrió con sorna, zarandeando a Jungkook nuevamente.

-Dile algo a tu capitana -fue lo último que dijo antes de recibir otro golpe.

- No... No vengas por mi, Amanda - advirtió con voz quebrada, como si le doliera decir esas palabras.

-Aquí te espero, querida -y la transmisión se cortó.




CONTINUARÁ.

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