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Pov: Amanda Park

9 horas después...

Habían pasado ya 9 horas largas desde que Jungkook fue ingresado al hospital, y yo permanecía vigilante, esperando cualquier señal de que está bien.

No había tenido noticias del cirujano que lo atendió hasta después de 7 horas que Jungkook fue ingresado a una cirugía de emergencia.

Cuándo ví al cirujano salir con su uniforme con manchas de sangre pensé lo peor. Él se me acercó y me informo que la cirugía había salido exitosa. Un aliento de alivio y esperanza inundó mi cuerpo.

Sin embargo, me había dicho que hubieron algunas complicaciones en el proceso, por ejemplo que había perdido demasiada sangre y le había dado un paro cardíaco.

También dijo que si nos hubiéramos demorado solo 2 minutos más, Jungkook no habría sobrevivido.

El que haya dicho eso causó un escalofrío fuerte y aterrador en mi interior.

Antes de retirarse, me advirtió sobre los cuidados que debía tener y que por el momento debía tener reposo absoluto durante un mes completo hasta poder estar en optimas condiciones para volver a laborar.

Asentí a cada una de sus recomendaciones y después de haberle agradecido al menos como diez veces lo dejé irse a continuar con su labor.

Tres días después...

¿es normal que hayan pasado casi tres días sin despertar? La anestesia que le aplicaron debería haber desaparecido al día siguiente. Mis pensamientos se enredaban en la incertidumbre y el miedo, pero lo único que deseaba con todas mis fuerzas era verlo abrir los ojos.

Los chicos también estaban allí, cuidándolo y esperando con paciencia.

Mientras ellos velaban por Jungkook, yo aprovechaba para descansar un poco y encargarme de los trámites legales y administrativos que quedaron tras el caos en la mansión de Wang.

Los forenses confirmaron que el disparo que Jungkook le dió fue mortal, acabando con la vida del agresor en segundos, lo que nos daba cierta tranquilidad. Ahora solo faltaba que Jungkook se recuperara para poder regresar a Corea.

Miré el reloj en mi muñeca: las 9:15 de la mañana. No había desayunado aún.

Suspiré, me levanté de la silla frente a la habitación de Jungkook y me dirigí hacia la cafetería del hospital.

Al bajar en el ascensor, llegué a la pequeña cafetería donde una chica atendía tras el mostrador. Le pedí un café caliente y un emparedado con jamón y queso. Ella me entregó la comida con una sonrisa amable, que agradecí con un gesto. Me senté en una mesa junto a la ventana, disfrutando del sol que entraba tímidamente.

Mientras daba el primer bocado, sonó mi celular. Busqué en mis bolsillos y al ver que era mi madre, sonreí levemente, aunque sabía que quien realmente me llamaba era mi hija.

-Hola cariño -contesté con ternura.

-Hola mami, ¿cómo estás? -la voz dulce de mi hija me llenó de alegría.

-Muy bien, sobre todo porque me llamaste -respondí, riendo un poco al escuchar su risita.

-¿Ya terminaste tu misión en Tailandia? -

-Sí, mi vida, aunque tuve un pequeño inconveniente, pero te prometo que pasado mañana estaré de vuelta -

-¿Y papá? ¿Está bien? -su pregunta me congeló un instante.

-Sí, mi amor, él está bien... solo está un poco ocupado ahora -mentí, odiando hacerlo, pero era la única forma de protegerla.

-Oh, está bien, entonces mándale mi saludo -dijo alegre.

OPERATION EASTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora