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Narrador omnisciente

PUERTO DE BUSAN - 10:30 AM

Faltaban solo 15 minutos para que llegara el cargamento del que había hablado Guerrero en la sala de interrogatorios. Solo Amanda y Jungkook podían confirmar lo que había dicho.

Divididos en cuatro grupos - Delta, India, Foxtrot y Mike - estaban en puntos estratégicos, esperando una orden directa de la capitana, listos para el momento en que el cargamento arribara.

-Aquí equipo Delta, capitán -reportó uno de los agentes.

-Díganme, equipo Delta -respondió la capitana.

-Se acerca un buque al puerto, y tiene las mismas descripciones que usted dio, capitán -informó el agente.

-Muy bien, sigan vigilando.

-Sí, mi capitán.

El equipo India y Foxtrot se encontraban junto a la capitana, quien hizo una señal para avanzar. Al acercarse, dos autos negros con vidrios polarizados se estacionaron. De ellos bajaron varios hombres, entre ellos un hombre de traje de unos 40 años que se acercó al tipo que había bajado del buque.

Cerca de ellos había un poste con un micrófono, listo para captar todo lo que dijeran.

-Tengo lo que me pediste -anunció el que venía en el barco.

-¿Cuántas son? -preguntó el de traje.

-20, entre 15 y 17 años.

Esa fue la señal. Amanda gritó con voz potente:

-¡ALTO AHÍ, POLICÍA!

Al oírla, varios hombres que acompañaban al de traje y los transportadores sacaron armas semiautomáticas y comenzaron a disparar.

El puerto se convirtió en un campo de batalla. Todos se cubrieron con lo que encontraron, mientras los francotiradores en el techo de un garaje disparaban a los armados.

En minutos, varios cayeron, incluido el hombre de traje. Una vez que el terreno estuvo libre, los agentes se apresuraron a asegurar la zona. Amanda se acercó al buque, acompañada de otros agentes.

Con un cortacandados, quitaron el seguro de la gran caja de metal y abrieron la puerta, encontrándose con las chicas que gritaron aterrorizadas.

-Tranquilas, ya están a salvo, somos la policía -les dijo Amanda, intentando calmarlas. Una de ellas tomó su mano, temerosa.

Una por una, fueron saliendo para ser atendidas por el equipo de paramédicos.

-Buen trabajo, señores -felicitó Amanda a través del comunicador.

-Es hora de volver -gritó, y todos los presentes asintieron.

Ocho horas después...

Después de un vuelo de ocho horas desde Busan hasta Seúl, todos estábamos en la base, organizando nuestras cosas para regresar a casa.

Nos merecíamos un buen descanso tras el éxito rotundo de la misión. Cada uno tenía su forma de relajarse: algunos pasarían tiempo con sus familias, mientras que otros optarían por disfrutar unas cervezas frías entre compañeros.

Todo trabajo tiene su recompensa.

Y este no era la excepción.

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CONTINUARÁ.

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