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Pov: Amanda Park

-Equipo Bravo, informe -ordené a través del comunicador en mi oído.

-Capitán, por ahora no hay movimientos sospechosos. Estamos bajando las escaleras al sótano.

-Muy bien, manténganme informada.

-Sí, mi capitán -respondieron al unísono.

-Equipo Echo, ¿qué hay?

-Capitán, se acercan dos camionetas a máxima velocidad por el bosque.

-¿Saben quiénes están al volante?

-Nada, capitana. Al parecer, tienen vidrios polarizados.

-Entendido. Si ven movimientos sospechosos de armas, tienen permiso de contraatacar.

-Sí, señora.

No había pasado ni un minuto cuando la situación se tornó caótica. Estábamos en medio de una lluvia de balas. Yo, en la parte lateral de la casa, disparaba a los hombres que salieron de las camionetas.

-Capitán, alguien se escapa -avisó uno de mis chicos.

-Cúbranme -grité mientras corría tras el fugitivo.

La noche era oscura y, aunque cualquier persona podría haber tenido dificultades, mis gafas especiales me daban una ventaja. Saltando troncos y esquivando árboles, seguía su rastro, evitando las balas que disparaba a ciegas.

Reduje la velocidad y tomé un atajo para sorprenderlo. Lo vi mirar hacia atrás y desacelerar al darse cuenta de que ya no lo seguía. Con cuidado, me acerqué sigilosamente y apunté con mi arma a su nuca.

-Te mueves y tus sesos volarán por todos lados -amenacé. Él levantó las manos, arrojando su arma.

Le puse las esposas y guardé su arma como evidencia. Lo guié de regreso a la casa.

Al llegar, el panorama era caótico: patrullas y ambulancias rodeaban la zona. Algunos criminales heridos eran atendidos, mientras mis agentes ayudaban a las chicas rescatadas de la casa.

Nuestra misión era desmantelar una red de tráfico de menores. Un agente se acercó a mí y le entregué al detenido, empujándolo hacia una patrulla.

Dos horas después...

Regresamos a la agencia, exhaustos pero satisfechos. El general Kang se acercó.

-Muy bien, señorita y señores. Pueden ir a descansar. Mañana a las 10:00 am en la sala de juntas.

-Sí, mi general -respondimos en coro mientras se retiraba.

Tomé mis cosas y salí hacia mi auto, conduciendo de regreso a casa.

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Al llegar, aparqué en el garaje y entré a una casa iluminada. Sonreí al escuchar pasos y gritos de euforia que venían de arriba.

La dulce voz de mi hija llenó mis oídos. Era una pequeña de cabello negro, ojos color café claro y mejillas sonrosadas.

-¡Mami! -vociferó, corriendo hacia mí y abrazándome.

-Mi vida -la apreté contra mí mientras reía y me llenaba de besos.

-Señorita Park -saludó mi niñera, Sophia.

-Hola, Sophia. ¿Cómo se comportó mi niña? -pregunté, cargando a mi hija.

-Muy bien, mami. Hoy hice muchos dibujos con Sophia -sonrió, gesticulando en el aire.

-Qué bien. Mañana me los muestras, ok. Es hora de dormir -asintió y me despedí de Sophia mientras subía las escaleras.

Dejé a mi hija en la cama y fui al armario a buscar mi pijama. Tras cambiarme, salí del baño y me acomodé en la cama.

La vi dormida, sonriendo apenas toqué la cama. Me recosté a su lado, su cabecita apoyada en mi pecho mientras me abrazaba con sus pequeñas manos. Le di un beso en la frente, sintiendo su sonrisa contra mi piel, y me dejé caer en los brazos de Morfeo.

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CONTINUARÁ.

OPERATION EASTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora