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Pov: Amanda Park

Después de contarle a Emily una versión resumida pero llena de detalles de todo lo que vivimos en Tailandia, la pequeña terminó quedándose dormida plácidamente en las piernas de Jungkook.

Mi mamá, que se veía visiblemente cansada, comentó que necesitaba descansar y se ofreció a llevar a Emily a su habitación. La tomó en brazos con cuidado y la niña se aferró a ella con fuerza, como un koala buscando refugio, sus pequeños brazos rodeando el cuello de mi madre mientras sus ojos se cerraban lentamente.

El cuerpo de mi mamá y mi hija desaparecieron de nuestra vista, dejándonos en un silencio cómodo. Esperamos unos minutos antes de subir, aprovechando ese tiempo para seguir charlando sobre cosas triviales, risas suaves y el paso del tiempo que parecía acelerarse sin que nos diéramos cuenta. Fue tan rápido que pronto supimos que era momento de ir a descansar.

Subimos las escaleras con pasos tranquilos y al llegar a mi habitación cerré la puerta tras de mí. Al girarme, encontré a Jungkook sentado en la cama, sin camisa, mostrando las marcas visibles de sus heridas. Por un momento olvidé que debía cambiarle los vendajes cada ocho horas para evitar infecciones y ayudar a que sanaran bien. Caminé hacia el baño para buscar vendas y crema, preparándome para la tarea que sabía que debía hacer con cuidado.

Con todo en mis manos, me senté a su lado y comencé a retirar el vendaje antiguo. Al despegarlo, mis ojos se posaron en los cortes y moretones que cubrían su abdomen y pecho, algunos aún recientes y otros comenzando a sanar. Con mucho cuidado, pasé mis dedos sobre las heridas, evitando presionar demasiado para no causarle dolor.

-Detente -su voz baja y ronca me hizo levantar la vista de inmediato.

-¿Te lastimé? -pregunté, asustada, pensando que tal vez había sido demasiado brusca.

Un simple asentimiento de su cabeza me hizo entrar en pánico, y sin pensarlo empecé a disculparme.

-Lo siento, en serio... -mi voz temblaba, pero uno de sus dedos se posó suavemente sobre mis labios, silenciando mis palabras.

-No son tus dedos los que me lastiman. Lo que realmente duele es verte culparte una y otra vez. Ya te he dicho que nada de esto es culpa tuya, así que por favor, deja de hacerlo -su mano acarició mi mejilla con ternura, calmando mi ansiedad.

-Es que no puedo evitarlo -confesé bajando la mirada, sintiendo una mezcla de vergüenza y tristeza.

-Entonces tendré que recurrir a mi último recurso para hacerte olvidar esa culpa -dijo con una sonrisa traviesa que me hizo levantar la mirada, intrigada.

-¿Cuál es ese recur... -no terminé la frase porque sus labios se posaron sobre los míos en un beso suave y cálido.

Cerré los ojos y rodeé con cuidado la nuca de Jungkook, acercándolo más a mí, dejando que ese instante borrara cualquier pensamiento negativo. Después de unos minutos de ese contacto dulce, nos separamos para tomar aire.

-¿Funcionó? -murmuró con voz grave, rozando mis labios con los suyos.

-Sí -reí, contagiándolo de mi alivio.

Me aparté un poco y tomé la crema para empezar a aplicarla en las heridas, masajeando suavemente para no lastimarlo. Luego, con cuidado, enrollé el nuevo vendaje alrededor de su abdomen. Al terminar, recogí todo y lo llevé a su lugar.

De regreso a la habitación, busqué algo para dormir en mi armario. En un descuido, sentí cómo Jungkook se acercaba por detrás, sus brazos rodearon mi cintura y sentí un cosquilleo cuando sus labios dejaron un beso suave en mi cuello.

-Quiero que dejes de preocuparte. Voy a estar bien, si sigo las indicaciones del doctor, en unas semanas estaré completamente recuperado -susurró en mi oído.

Dejé caer la cabeza lentamente sobre su pecho y suspiré, sintiendo la calidez y seguridad que me brindaba.

-Está bien, como tú digas. Ahora vamos a descansar -respondí, sintiendo una paz inesperada.

Asintió y me dejó cambiarme en paz. En cuestión de minutos, ya estaba acurrucada en la cama con mi ropa de dormir puesta. Tomé la sábana que estaba al pie de la cama y nos arropamos para estar más cómodos. Una de sus manos fue a mi cintura, acercándome a él para abrazarme.

-Buenas noches, linda -susurró con suavidad.

-Buenas noches, kook -respondí, apoyando mi cabeza en su pecho sin miedo a lastimarlo.

Nos quedamos dormidos así, envueltos en un silencio cálido y reconfortante.

Unas semanas después...

El tiempo pasó volando y ni siquiera me di cuenta cuando Jungkook ya había sanado completamente todas sus heridas. Según el doctor, estaba listo para regresar a sus labores.

Durante ese tiempo en casa, él me ayudaba con Emily: le preparaba el desayuno, la llevaba al colegio, la recogía, la ayudaba con sus tareas y más. No puedo expresar lo agradecida que estoy porque su apoyo fue fundamental para mí.

Ahora, estábamos todos reunidos en la sala de juntas, convocados de improviso por el general Kang. La incertidumbre llenaba el aire mientras esperábamos su llegada.

-¿De qué crees que se trate esta reunión de emergencia? -me preguntó Jungkook a mi lado.

-No lo sé -encogí los hombros-. Solo espero que no sea nada malo.

Cinco minutos después, el general Kang entró con una sonrisa amplia y poco común en él. Eso nos hizo preocuparnos aún más, porque rara vez lo veíamos tan relajado.

Nos pusimos de pie para saludarlo y él nos indicó que podíamos sentarnos.

-Como saben, los convoqué por un anuncio importante -comenzó-. El alto mando, incluyéndome a mí, ha decidido realizar una ceremonia de conmemoración por el trabajo excepcional en la captura y desmantelamiento de la organización de Paolo Wang.

La sorpresa fue general; nadie esperaba un reconocimiento así.

Jungkook y yo nos miramos cómplices y sonreímos.

-Es un gran honor, general, pero... ¿por qué ahora? -pregunté, intrigada.

-Amanda, ¿no recuerdas cuando te di las bases para continuar un caso que otros agentes no pudieron resolver? -asentí-. Sé todo el esfuerzo, los altibajos y sacrificios que hicieron para lograrlo. Por eso, el alto mando y yo consideramos que merecen este reconocimiento. Su valentía y dedicación son un ejemplo para todos.

-Es un honor que reconozcan nuestro trabajo -dije con una sonrisa sincera.

El general nos sonrió y continuó con más detalles mientras sentía la mano de Jungkook entrelazarse con la mía, sus dedos acariciándome suavemente. Miré hacia él y vi su sonrisa llena de orgullo.

Esperamos atentos el resto de la noticia, emocionados por lo que vendrá.


CONTINUARÁ.

OPERATION EASTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora