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Canción del capítulo: The Other Side - Ruelle

Narrador omnisciente

MIERCOLES, 4:28 PM

A las afueras de la ciudad de Bangkok, Tailandia

Solo faltaban 2 minutos para que se llevara a cabo el encuentro entre Amanda y Wang. La tensión en el aire era palpable, como un hilo a punto de romperse, y todos estaban a la expectativa de lo que iba a suceder.

A lo lejos, un jeep se acercaba a máxima velocidad, levantando polvo y alertando a los guardias que custodiaban la gran mansión donde Wang se alojaba. La sonrisa perversa de Wang se ensanchó al recibir la noticia de la llegada de su invitada. Se levantó del sillón de cuero blanco, el vaso de whisky en su mano temblaba ligeramente mientras lo vaciaba de un trago. Al salir al porche, la brisa traía consigo un aire de inminente tragedia.

Hizo una señal a uno de sus hombres, quien, con un asentimiento, se retiró para cumplir la orden. El jeep frenó bruscamente, las llantas chirriaron en la tierra, y tres figuras emergieron de él: dos hombres y una mujer. Amanda, con su presencia decidida, vestía unos jeans negros ajustados, botas militares y una franela blanca que resaltaba su figura. Un pequeño guardameta en su muslo albergaba su arma, mientras que sus acompañantes, completamente de negro, parecían sombras en un mundo sombrío.

La expresión de Wang era de diversión, pero la de Amanda era todo lo contrario: un rictus de seriedad y determinación.

—Querida Amanda, al fin puedo conocerte en persona. Debo admitir que te ves mucho más hermosa en carne y hueso que en una fotografía —dijo Wang, su tono era una mezcla de burla y deseo.

—Déjate de juegos, Wang. Ya me tienes aquí y eso es lo que querías, ¿no? —respondió ella, su mirada fría como el acero.

—Uy, calma preciosa. No hay que ser agresiva, bájale dos tonos a tu humor —dijo él, observando a sus hombres, que mantenían la calma, pero estaban listos para actuar.

—No te interesa si vine o no acompañada. Lo único que quieres está aquí y nada más —su voz resonaba con firmeza.

—Está bien, no le demos más rodeos al asunto. Si tanta prisa tienes... —con un gesto, su hombre apareció junto a un pelinegro esposado, con una pistola apuntándole la cabeza.

La escena se tornó tensa. Amanda y sus acompañantes apretaron los puños, los nudillos palideciendo por la fuerza del temor e impotencia.

—¡Eres un desgraciado! —exclamó Amanda, furiosa al ver el estado de su pareja.

—No te lo niego. Me da gracia verte así, desesperada y aterrada. Pero me importa un comino lo que digas. He recibido peores insultos —respondió Wang, su mirada fija en ella, disfrutando del sufrimiento ajeno.

La ira de Amanda creció. —¡¿Qué es lo que quieres?! No te basta con tenerme aquí, ¿que tienes que herir a las personas que amo? —gritó, su voz resonando en la atmósfera cargada de tensión.

—Jamás es suficiente con lo que uno tiene, querida Amanda. Siempre hay que ir por más, sin importar a quién tengas que eliminar —su sonrisa era fría, como si disfrutara del juego macabro.

—¿No tienes sentimientos? Eres un monstruo —dijo Amanda, dando un paso adelante, ignorando las armas que la apuntaban.

—¡Ay, pero qué tierno! El discurso más dramático y estúpido que he escuchado. Pero ya que me lo pides, no tengo problema en concedértelo —su voz era un susurro burlón, mientras apuntaba a su frente.

—Aquí me tienes. Apúntame a mí, a él no lo metas en esto. Esta jodida mierda es entre tú y yo —la valentía de Amanda brillaba, su mirada desafiante.

OPERATION EASTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora