~ 33 ~

6 1 0
                                        


Pov: Jeon Jungkook

No sabía cuántas horas llevaba colgado de esas cadenas frías, pero lo cierto era que ya no sentía mis muñecas; el dolor era un eco distante, reemplazado por un cansancio abrumador que me consumía hasta el alma. El hambre y la sed me golpeaban con fuerza, pero lo peor era esa sensación de vacío, de estar completamente solo, abandonado a mi suerte en esa oscuridad opresiva.

Mis ojos estaban clavados en el piso de concreto, como si encontrar alguna señal en esas grietas fuera la única manera de aferrarme a la realidad. Apenas recordaba los golpes, porque fueron pocos, contados con los dedos, pero cada uno había dejado una marca profunda en mi cuerpo y en mi espíritu.

De repente, un sonido distante, pasos firmes que resonaban en el pasillo. Mi cuerpo, colgado e inmóvil, no reaccionó, como si ya no tuviera fuerzas para nada más. La puerta se abrió con un chirrido sordo, y luego se cerró de golpe, aumentando el eco de aquellos pasos que se acercaban sin prisa.

Un par de zapatos perfectamente lustrados apareció frente a mí. La voz que siguió era fría, cruel.

-Agente Jeon Jungkook -dijo, y aunque intenté no mostrar nada, mi corazón se aceleró.

Antes de que pudiera reaccionar, sentí un tirón brutal en mi cabello que me obligó a levantar la mirada. Frente a mí estaba el ser más repugnante que he visto en mi vida, con una sonrisa torcida y ojos llenos de maldad. Su agarre en mi cuero cabelludo era tan fuerte que casi sentí que me arrancaba la piel.

-Cuando yo te llame, tienes que mirarme a los ojos, ¿entendido? -su voz era un cuchillo afilado, pero no respondí. ¿Para qué? No iba a darle el placer.

-Veo que no piensas responder -dijo con desprecio-. Supongo que te afectó demasiado el video que le mandé a tu novia, ¿verdad?

-No te atrevas a tocarla, hijo de puta -siseé, con todo el odio y rencor acumulado.

Él rió, un sonido frío y cruel.

-Ahora sí hablas. Bueno, como no me dijiste nada interesante sobre ella, tuve que usar métodos más antiguos. Amenazarla contigo fue la manera perfecta para que viniera a mí.

-Muy pronto me desharé de ella, y luego de ti -me advirtió, con la voz cargada de satisfacción perversa.

Su sonrisa se ensanchó, y apretó la mandíbula con furia contenida.

-¿Y qué te hace creer eso? -lo provoqué.

Sin esperarlo, un golpe seco y crudo aterrizó a mi costado haciendo gritar de dolor.

Maldita sea, sentí como algo se quebraba dentro de mi cuerpo, seguro fue una costilla.

-A-antes de que le toques un solo cabello, ella estará apuntando a tu cabeza y acabará con tu miserable vida -prometí, viendo cómo su rostro se tornaba rojo de rabia.

-Eso lo veremos, amigo. Por ahora, aguanta hasta que llegue el momento en que quieras que acabe con tu vida. Ese día será el último que la veas -dijo, soltando mi cabello de golpe.

Un golpe brutal en el abdomen me dejó sin aire y escupí sangre. Él se alejó sin mirar atrás, dejándome colgado en la oscuridad.

Ten cuidado, Amanda... por favor.

---

Pov: Amanda Park

El video se reproducía en mi mente una y otra vez, mientras lágrimas silenciosas surcaban mi rostro. La culpa me devoraba por dentro; sentía que era responsable de todo este caos que ponía en riesgo a Jungkook, a mi hija, a todos.

Mi mente giraba frenéticamente, buscando alguna solución, alguna salida, pero solo encontraba escenarios oscuros: yo muerta, Jungkook desaparecido, la incertidumbre aplastándome el pecho con cada latido.

Lo amo con todo mi ser, y si eso significa sacrificar mi vida para que él sobreviva, lo haré sin dudar. Si en el peor de los casos no logro salir viva, sé que Jungkook y sus amigos cuidarán a Emily como si fuera lo más sagrado.

Aún encerrada en el baño, intentando ordenar mis pensamientos, me lavé la cara con agua fría y respiré hondo antes de salir.

Frente a los seis pares de ojos que me observaban, mostré en la pantalla de la computadora la mansión donde tenían a Jungkook, una fortaleza oscura que, según mis sospechas, escondía un sótano infernal.

-No sé qué hacer. Me siento acorralada -confesé, derrotada.

-No tenemos otra opción que darle lo que quiere -dijo uno.

-¿Así que te vas a rendir? -intervino Yoongi con desprecio.

Lo miré fijamente.

-¿Quieres que me quede de brazos cruzados mientras torturan a Jungkook? ¿Eso quieres? -exploté.

-¿Y qué harías tú en mi lugar? ¿Cómo le dirías a la familia que Jungkook está muerto? -me desafió Min.

-Amanda, cálmate -intentó calmarme Namjoon.

-No puedo. Estamos al borde del abismo. Si no llego el miércoles, matarán a Jungkook. Y si voy, me matarán a mí, y luego a él. Eso es lo que quiere -mi voz temblaba, pero no me rendiría.

-Eso lo sabemos. ¿Pero qué lograrás pensando así? ¿Dónde esa capitana que me dió la paliza de mi vida al subestimarla? -gritó, y sus palabras me callaron.

Las lágrimas brotaron, amargas y desesperadas. Apreté mi pantalón y solté unos sollozos.

-Todo es mi culpa. Si hubiera prestado atención, nada de esto estaría pasando -susurré, escondiendo mi rostro en mi cabello.

-Nada de esto es tu culpa -dijo Taehyung, acercándose y poniendo su mano en mi hombro-. Elegiste este camino para hacer justicia. Deberías estar orgullosa de estar aún de pie.

Los demás se unieron a su apoyo, y sus palabras fueron como un bálsamo.

-No estás sola. Juntos encontraremos la manera de salvar a Jungkook.

Secando mis lágrimas, respiré profundo.

-Tienen razón. Planeemos cómo rescatarlo y cómo acabar con ese hijo de puta.

-¡Así se habla, jefa! -celebró Hoseok.

Prepararé cada paso, Wang. Tu sonrisa y tu organización están a punto de desaparecer. Aunque sea lo último que haga en esta vida.


CONTINUARÁ.

OPERATION EASTHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora