Xander Knox
Siento algo pesado en mi mano, algo suena cerca de mi oído y solo consigo pensar en una cosa. El auto, las armas, ella, su vientre, Rev...el auto, el accidente...el auto...Rev... ¿Dónde está? ¿Dónde...? Rev...
Muevo la cabeza de lado a lado esperando a abrir los ojos, la luz se vuelve cada vez más clara y siento el dolor en todo mi cuerpo. No puedo ejercer movimiento, no puedo ver nada, no puedo ni siquiera sentir mi respiración. Me siento helado y descompuesto como si hubiese perdido alguna parte de mi cuerpo.
Parpadeo abriendo los ojos, pero de nuevo las imágenes rebotan en mi cabeza, ella con sangre en la boca, su panza, sus piernas estaban sangrando, tenía heridas, tenía los brazos heridos y pude...no pude... Rev...
—Rev... Rev... Rev... —repito sin cansancio abriendo cada vez más los ojos.
Dejo caer la cabeza y me sobresalto al verla de pie a un lado. Camina con tacones haciendo ruidos y moviendo el arma en todo mi cuerpo. Tengo una pierna enyesada colgando de algo, no puedo mover un brazo y la otra pierna arde, está envuelta en gasas y vendas.
No puedo verme la cara, pero siento el dolor drenándome. Parpadeo para espabilarme un poco, intento acomodarme cuando ella llega hacia mi cabeza poniéndome el arma en la frente. Ignoro eso rindiéndome para alzarme, me pesa todo, me siento agotado.
—Hola, princeso —saluda Riza apartando el arma.
—¿Qué haces aquí? —hablo entre dientes sintiendo el desgarre de dolor en mi voz —. ¿Dónde está Rev?
—Murió.
—No...
—Si, ya se murió, tardo mucho tiempo en hacerlo ¿sabes? Pero el auto exploto y boom, se murió con esa cosa retorcida que sacamos de su vientre. Pero bueno, siguiendo con la parte más bonita de esta historia, ahora que ella está muerta y que el engendro también, te matare y luego iré tras tu hijo.
—No. Mientes.
—Es cierto, sino quieres creerme, puedes ir a verla tú mismo, me da igual en realidad.
—¡MIENTES! —grito luchando por moverme de la camilla preso del dolor que prefiero ignorar para arrancarle los ojos a esa puta bruja —. ¡¿Dónde está Rev?! ¡¿Dónde está...?! Donde... no, no, quítame la aguja.... ¡No! ¡NO! ¡APARTATE! ¡NO ME PONGAS ESO! ¡REV! ¡REEEV! ¡¿A DONDE CARAJOS LA LLEVASTE?! ¡¿QUE LE HICISTE?!
—Que se murió maldito.
Golpea la aguja de la inyección palmeándome el brazo. Se lo quito haciéndome de lado tratando de colectar fuerzas para empujarla, pero es inútil, no puedo ni moverme. Ella tiene ventaja, aprieta mi muñeca y aunque forcejee prepara la aguja para ponerla en mi piel.
—¿Qué consigues con esto? —espeto forcejeando con mi brazo —. ¿Qué? ¡¡Que es lo que consigues?! ¡HABLA!
—Nada, solo respeto, venganza, tal vez, no tengo idea, pero es conveniente para mí porque una vez que todos ustedes caigan, una vez que eso suceda, la ciudad será mía.
—Eres ingenua...
—No, niño, tú eres el ingenuo —suspira esbozando una sonrisa —. ¿Creíste que te la dejaríamos muy fácil? ¿Qué nuestra guerra seria con documentos y policía involucrada? ¿Qué el idiota de Marcelo no haría nada? Pues no hizo nada, pero al menos te quito cosas preciadas, a tu papi, a tu mami, a tu patética drogadicta hermana, a tu otro drogadicto hermano y por si fuera poco a tu querido tío.
—Estás loca —siseo ladeando la cabeza.
—Tal vez —murmura tomándome el brazo a la fuerza.
Tocan a la puerta y se aparta ocultando la jeringa. El doctor ingresa viéndola de reojo, ella sonríe levantando el arma para que mantenga el silencio o sino asesinara al doctor. Contengo las palabras en mi boca, de todos modos, nadie aquí va a poder contra ella, afuera deben estar todos los demás.
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Odio ficticio
Romance"El odio es un sentimiento difícil de controlar. Inicia algo. Acaba algo. Pero como tal, antes de odiar e incluso después, existe: la ficción". Amar a alguien ficticiamente suena tentador, en especial si la historia ya ha comenzado. Durante un juici...
