CAPÍTULO 55: Esparta

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Rev Hearst

Un año después.

Me remuevo en la cama quitando su mano de mi entrepierna, gruñe al sentir como despego sus dedos y deslizo su piel contra la mía. Me giro hacia su lado para encararlo, pero vuelve a poner su mano entre mis piernas. No sé porque tiene la manía de dormirse así.

—Mio.

Esbozo una sonrisa apartando su mano, pero la mueve hacia una de mis tetas. La envuelve en su mano y empieza a quitarme el tirante del pijama. Mantiene los ojos cerrados pegándome a su boca, ubica automáticamente mi pezón y se lo engulle como si estuviese muriendo de hambre.

Succiona y mordisquea suavemente, contengo los jadeos acariciando su cabello con mis dedos. Me acerco a besar su cabeza dejando que envuelva sus brazos torno a mi cintura atrayéndome más a su boca para intercambiar de pezón.

Le dejo un beso en la cabeza aferrando mis manos a su nuca. Su boca se vuelve voraz, acapara todo, succiona con profundidad y luego me muerde haciéndome soltar un chillido. Sonríe lamiendo retomando sus lentas succiones. Quisiera saber cuál es el punto de hacer esto, a mí me da mucho placer, pero... ¿A Xander? Él parece un bebé.

Abre los ojos conectándolos con los míos y se acerca a plantarme un beso. Contengo la respiración por la posesividad, el calor, la velocidad en que me toma. Aprieta con fuerza juntando nuestras lenguas y luego me suelta para que podamos respirar.

—Buenos días.

—Buenos días, querida.

—¿Te duele algo?

—No, todo está bien, solo que has dejado un moretón justo aquí —apunta a su entrepierna haciéndome sonreír —. ¿Qué van a pensar de mí?

—Nadie puede verte ahí, nadie que no sea yo, ¿a quién planeabas enseñárselo?, ¿eh?

Me aplasta el rostro con una almohada soltando una carcajada, caigo contra mi lado de la cama rebotando junto a la almohada que permanece sobre mi rostro. Tomo la almohada y se la devuelvo con más fuerza, se ríe atacándome, pero lo hago con el doble de emoción.

Arremete aplastándome el rostro y tira de mi cabello, me cierno sobre el sentándome en su abdomen y le pongo la almohada en la cara escuchando sus grititos de ahogo. Me rio y el imbécil toma mi cintura volteándome contra la cama, quedando sobre mí.

Pega su frente a la mía inhalando profundamente, desliza su mano por encima de mi camiseta del pijama llegando a tomar un mechón de mi cabello. Ensortija en un dedo apartando mi rostro para besarme la mejilla descendiendo hacia mi oreja donde se queda a succionar mi lóbulo.

—Ha pasado un poco más de un año —murmura acariciando mi mejilla viéndome a los ojos —. ¿Te gusta estar aquí?

—Contigo —replico deleitándome con la vista.

—Eres mi error favorito, Rev Knox —musita acunando mi rostro con una mano.

—Y tú el mío.

Halo de su nuca pegando nuestros labios, me quedo impregnada de su boca por un momento en el que prefiero viajar en el tiempo a esos días cuando nos conocíamos, cuando nos casamos en secreto por primera vez, cuando nuestras madres hicieron una boda para compensar no haber asistido a la otra.

Recuerdos que vuelan de un lado a otro invadiéndome de felicidad, encargándose de eliminar todos esos recuerdos tristes que prefiero borrar de mi cabeza para obtener nuevos con los cuales llenarlo de aquella pintura alegre a la que todos les gusta contemplar.

Odio ficticioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora