Rev Hearst
—Tenemos un nuevo proyecto, bienvenida al Caballo de Troya.
—Va a ser aún más grande que el otro —sonreí observando la gran hazaña subterránea poblada de electricidad.
—Vamos a ser igual de grandes y esta vez no voy a dejar que nada nos separe, Rev.
Asentí volteando hacia la parte trasera de la construcción, estábamos caminando alrededor de los ambientes vigilando que toda construcción moderna y electrificada se llevara a cabo a la perfección. Nada malo sucedía, las luces se encendían, el brillo irradiaba, la gente sonreía. Luego todo me pareció alterno.
Cerré mis ojos por nanosegundos disolviendo la idea del accidente, disolviendo toda idea procreándose en mi cabeza y haciéndola desvanecerse por ese casto tiempo en que lo contemplé a él. Llenos de vida, ambos a solas escuchando como la felicidad se llevaba a cabo.
—¡Esto es grandioso!
Una luz destello dejando que un gran caballo con mi nombre se encendiera, había flores alrededor y un largo camino de pétalos. Solté una risa, era la mejor entrada a la central del edificio, y era completamente mía. Entramos, y sentí el peso sobre mis hombros alivianándose, dejándome ser libre.
—¡Me encanta!
Abrí mis brazos corriendo hacia él, obtuve toda su piel, su tacto, su respiración, sus labios y sus brazos. Después de tanto tiempo lo tenía otra vez, lo tenía conmigo y estaba envuelta en sus brazos sin perder la sonrisa de mi rostro. Una lagrima se deslizo suavemente, él se quejó un poco haciéndome reír, ya sabía que no le gustaba el llanto.
Pasaron varios días después de ello, el tiempo pareció tan rápido que anhele que se detuviera, quería más, mucho más, quería quedarme en sus brazos, contra sus labios y entrelazando nuestros dedos. Pronto estábamos en casa, solo nosotros discutiendo por alguien que si tenía vida. Que la tiene. Nunca me enteré de que el dolor pudiera ser tan quebrantable y que sanar fuera tan gratificante, que los arrebatos y elecciones son oportunidades más que desafíos.
Deje la manzana, no quería saber de quien se trataba, no quería consumirla, no quería acercarme, ya no podía perder, porque esta vez, esta elección, no iba a dejarla fluir vagamente en la perdición.
Ahora me susurraban... "quédate".
Perdí la manzana, una dorada que se terminó disolviendo, ennegreciéndose hasta podrirse. Ellas tres, las tres más hermosas se esfumaron sin dejar rastro. Sin duda fue duro ver algo morir. Una decisión drástica de volver a casa, un juego de hogar, una revelación y una verdad, un poco de ficción vuelto frenesí. Sin saber que los muros de troya ya fueron destruidos, que el caballo ingreso y que ahora Troya ya no existía, que volvía a Esparta.
—¡Amo el vestido!
Contengo la respiración enarcando una ceja, llevo mi mano a la cintura subiendo la mirada por mi reflejo. La voz de Bella haciendo eco en mis oídos mientras paso mis manos por encima de la tela.
—¿Por qué te ves tan sexi? —me pregunta Ash haciéndome sonrojar —. Hablo en serio, ¿o no Bella?
—Si, pero ¿Ya os dije que amo el vestido? —repite Bella agotada de tanto mencionarlo.
—Todo el bendito día lo has repetido —se queja Mackayla riéndose.
—¡Pero es que es cierto! —exclama Bella cruzándose de brazos —. Es tan genial que siento que es el correcto. La boda es la correcta, digna de portar esta prenda.
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Odio ficticio
Romance"El odio es un sentimiento difícil de controlar. Inicia algo. Acaba algo. Pero como tal, antes de odiar e incluso después, existe: la ficción". Amar a alguien ficticiamente suena tentador, en especial si la historia ya ha comenzado. Durante un juici...
