CAPÍTULO 31: Seducción

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Rev Hearst

Me llevo la taza de té a la boca remojando una galleta a un lado, la muerdo y me limpio con una servilleta viendo mi reflejo en la ventana de mi balcón. Mi rostro se ve reparado, ya no queda ni un solo golpe, no hay más necesidad de usar maquillaje y lo bueno es que las marcas de Xander tampoco se notan en mi piel por el excesivo trabajo que le he dado con un batidor.

Cruzo mis piernas moviendo la página de mi libro de contabilidad. Acomodo las gafas de sol en el puente de mi nariz y observo con atención a lo que me explican. Leo dos veces antes de subrayar poco a poco remarcando lo importante, pego notitas y cierro mi libro al oír la puerta abrirse.

La presencia de Sebastian me causa emoción, abandono el libro esbozando una gran sonrisa abriéndole los brazos. Me emociona tanto que mi novio este aquí que le planto un beso enorme en la mejilla evadiendo sus labios con la excusa del blanqueamiento.

Mierda, esto empieza a irritarme.

Es increíblemente horrible tener que pasar la mañana con tu esposo solo unos minutos, que te deje dolor en el culo y encima tengas que volver a la mansión de tus padres a fingir que quieres a otra persona y ya ha pasado un largo tiempo.

Pero ya es momento de hacer algo o las marquitas de mi esposo empezaran a notarse en menos de lo que creo y puede que esto disguste a Xander, pero no tengo más salidas, además todo es una simple actuación, no tiene que haber ningún tipo de interferencias.

Me yergo sonriéndole a mi novio, Sebastian toma un periódico llevándose el tobillo a la rodilla al sentarse. Aprieto los dientes ocupando su falta de atención, suspiro fijándome en la hora, Scarlett no debe tardar en llegar, debo ocuparme lo antes posible.

—Sebastian —hablo esbozando una sonrisa, pongo una mano en la suya obteniendo su atención —. ¿Cómo estas, cariño?

—Muy bien, aunque sigo teniendo dudas sobre tu secuestro —tensa la mirada analizándome con seriedad.

—Fue horrible —derramo una lagrima que el limpia juntando sus cejas.

Sebastian siempre ha sido considerado con quienes lloran, le gusta silenciar el llanto y abrazar, todo lo contrario, a Xander que detesta ver una lagrima porque le recuerda a su madre.

El chico frente a mi limpia mis mejillas con una servilleta, besa mi frente con suavidad apretando mi mano. Suspiro tragándome el llanto poco a poco, enfoco el dolor en mi mirada, en mi pecho que sube y baja constantemente teniendo una imagen vivida de un secuestro perturbador por la persona que más me odia en el mundo entero.

—¿Me has echado de menos? —le pregunto acariciando su cabello con mis dedos.

—Si, pensé que habías ido por elección...

—No —niego rápidamente volviendo a sollozar, secándome las lágrimas con la servilleta que el me entrega —, nunca iría, yo quiero casarme contigo y lo sabes.

—Esos días discutimos mucho, Rev y...

—Pero te quiero a ti, ¿lo entiendes? A él no, el me hizo daño, mucho daño, lo odio tanto que —rompo en llanto otra vez —. Por favor no me sueltes.

Asiente abrazándome con un solo brazo, le sonrío plantando mis manos sobre la mesa, desvío la mirada volviendo a recordar el secuestro. Delicioso. Carraspeo sollozando, mi rostro se vuelve rojo y me perfecciono en la idea de las heridas, del dolor, de las vendas que reparan en mis rodillas al igual que el resto de golpes en mi cuerpo.

—Todos odian a Xander ¿no? —se me queda viendo con molestia —. Sus propios amigos lo han dejado de lado, excepto por ese Issac.

—Esa gente es maligna, no me había dado cuenta, tu tenías razón, todos son malos, muy malos —me aprieto contra el con fuerza retirando la botella de cianuro de mi bolsillo.

Odio ficticioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora