Rev Hearst
La suite es asombrosa, tenemos como un pent-house con cinco dormitorios, el balcón de esquina a esquina que te da vista completa a la playa. El mar azul, de ese azul claro que el cielo no puede conseguir, ni tampoco las olas más prontas a la costa. Es ese azul que no se describe, que todos gustan, que al verlo sientes como si un ángel te estuviese cantando en el oído, lento, suave, delicado.
El interior parece una casa de playa, rodeadas de blanco, muebles extendidos, largos que pueden servir de cama, sillas altas, butacas, mesas de todo tipo y cortinas que se mueven como si una ninfa estuviese bailando en los campos de Deméter a plena luz de la naturaleza que su mismo cuerpo emana.
Las habitaciones son gigantescas, con una cama, armario, escritorio, un baño privado para cada una y sin duda el de Unne es el más lleno, hay maquillaje por todos lados. La habitación más desordenada es la de Mackayla, ella tiene serios problemas de organización hacia mi punto de vista, porque siempre encuentra lo que doy por perdido.
En la habitación de Bella apenas se puede caminar, la mayoría de maletas eran suyas. Ash solo tiene cargadores por si el suyo se pierde y los dedos prendidos del móvil, su orden es bastante minimalista, apenas ha desempacado y no tenemos fecha de retorno, lo que me lleva a una severa concentración en saber cuál será el momento perfecto para huir a una nueva dirección antes de que mi padre nos encuentre.
Porque joder, las llamadas no han parado, los mensajes de texto tampoco, hay emails, alertas, pareciera que me han secuestrado ante los ojos de papá. Mi madre no se ha comunicado y mis hermanos mucho menos, de seguro estar celebrando al igual que mis amigas que siguen bebiendo champaña en la sala.
Mi móvil suena en la mesita del centro, la pantalla no deja de encenderse con el nombre de mi padre, de Giza, Riza, Tiza y Sebastian. Los textos de él son los que más duelen, se lee destruido, destrozado, está hecho una mierda e intento recordar que no lo hice porque el fuera malo, sino por mí, porque no depende de él, sino de mí.
Soy quien importa y puede que sea egoísta pero el egoísmo no es siempre sinónimo de maldad, a veces es de amor propio y no hay nada de malo en elegirse antes que a los demás, en desafiar hechos que se te apetecen cambiar.
Tomo el teléfono en mis manos observando el océano que se extiende en la ventana. He estado viendo como Bella baila desde hace dos horas, ellas parecen no perder energía. La única que está tranquila es Ash que simplemente ha preferido leerse un libro sobre las descripciones feministas que existen en la actualidad.
Levanta una ceja sin despegar los ojos del libro, sé que por mucho que lea, está atenta a lo que sucede a su alrededor. Se deja envolver por páginas, pero también por lo que se tiene que observas y no leer.
Enciendo la pantalla, mis manos temblando como hace una noche. No he podido conciliar el sueño desde que leí el primer texto de Sebastian apenas nos fuimos a acostar. No festejamos, estábamos agotadas, simplemente caímos a dormir, me olvide de la boda, de que había huido, olvide absolutamente todo. Por primera vez, no soñé nada.
Sebastian: ¿A dónde fuiste? ¿Por qué me has dejado?
Sebastian: Rev, vuelve por favor, tenemos una boda.
Sebastian: ¿Porque te fuiste de la boda? ¿No estás segura? Podríamos resolverlo, puedo mejorar si es lo que quieres. Una pareja merece comunicación. Si me dices, podremos ver como recuperarnos
Sebastian: No me dejes solo, Rev, te echo de menos.
Aprieto los labios apagando la pantalla del móvil, es cada vez más doloroso saber que él está cayendo muy bajo. Nunca he dejado de quererle, podría quedarme con Sebastian, pero no eternamente, no me haría bien, ni a él, porque en algún punto aquella faceta de pretender que quieres a alguien se evapora.
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Odio ficticio
Romance"El odio es un sentimiento difícil de controlar. Inicia algo. Acaba algo. Pero como tal, antes de odiar e incluso después, existe: la ficción". Amar a alguien ficticiamente suena tentador, en especial si la historia ya ha comenzado. Durante un juici...
