CAPÍTULO 14: Contenciones

13.7K 618 75
                                        

Xander Knox

Caminamos hacia las bancas de la cancha de futbol de la universidad. El lugar donde suelen castigar por repentinos brotes de locura como alterar la paz y tranquilidad de una rígida universidad en la que la jerarquía monetaria demanda poder.

Excepto cuando se trata del profesor Del Rey. Para él, aunque seas hijo de la reina del país, no le interesa. Un castigo es un castigo y por mucho que la educación se asemeje a la de una escuela creo que es importante darles ciertos límites a los alumnos. Tampoco es algo barato que inviertan miles de euros en una educación que te garantiza al ciento por ciento que serás rico.

Ah si, que ya lo somos.

Observo de reojo a Rev que camina a mi lado enfurecida con los labios en un mohín intenso, los brazos cruzados contra su pecho ejerciendo presión y sus manos en x en cada lado de sus hombros.

A veces tiene comportamientos como los de Xerxes. Él ni siquiera se ha criado con ella estos dos últimos años sin embargo es como la figura exacta de su madre, como si hubiesen sido hechos del mismo molde con las mismas magnitudes.

Disipo de la idea apresurando el paso hacia la banca más alta. Rev hace un sonido de molestia con la garganta siguiéndome a zancadas. la piojosa no deja de perseguirme y no entiendo que quiere conseguir con todo esto, seguramente solo quiere sacármelo en cara, pero ya estoy harto de todas sus absurdas órdenes.

—¿Podrías dejar de seguirme? —mascullo acomodando la mochila en mi hombro.

—No —se tensa parándose delante de mí —. Tienes la culpa, ahora no podremos ir a clase.

—Tu fuiste la que se puso a gritar, todo el tiempo estas gritando —me exaspero empujándola a un lado para continuar mi camino.

—¡Eres un idiota! —exclama.

Por unos segundos se queda callada, lo cual me alerta porque si se le ocurre marcharse nos van a poner una gran sanción, sin embargo, viro angustiado de sus decisiones, la loca viene corriendo. Da un brinco soltando la mochila en el piso y se lanza sobre mí.

Su brinco es tan alto que se cuelga de mi cuerpo tumbándome contra el piso en una extraña maniobra que me hace caer de espaldas. Cierro los ojos, adolorido, sintiendo como se mueve sobre mi cuerpo en su intento de pellizcarme alguna parte de la piel.

—Pedazo de loca —espeto tomándola de las muñecas. La volteo acorralándola con mis piernas quedando sobre ella —. Cálmate de una puta vez ¡déjame tranquilo! Si eso es lo que quieres, entonces déjame.

—¡No quiero! —chilla forcejeando fuertemente.

—¡Si, si quieres! ¡quieres...!

Tira de mi rostro estrellando mi boca contra la suya. El puto control se nos escapa de las manos y me las arreglo para subir sus manos sobre su cabeza. La mezcla de sus labios ya no me suplica quedarme con un ápice de tristeza, de arrepentimiento de haber tomado decisiones que ella debió tomar no que la guiaron a decidir.

Sus labios, esta vez, esta única vez, saben a Rev, a lo que ella realmente quiere y sin duda alguna no dejo pasar por encima el hecho de que su propio cuerpo busca la cercanía del mío.

Mueve sus piernas subiendo una rodilla, jadea dentro de mi boca sin abrir un poco los ojos y la encuentro sonriendo, disfrutando el movimiento, el calor de nuestras bocas, el aliento, lo que es un gesto más que simple. Un gesto que antes tomaba como algo poco favorecedor porque creía que, si me besaba con medio millar de personas, podría olvidar la boca de Rev, pero no puedo. Nunca pude. Nunca voy a poder quitarme de la cabeza sus labios, pues sus labios son como conectar al vacío de no pertenecer. Besarla se siente como encontrar el lugar correcto al que pertenecer.

Odio ficticioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora