CAPÍTULO 38: Troya

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Xander Knox

Benditos sean los hijos de puta que crearon las matemáticas y las computadoras, sin esos genios no habríamos conseguido nada de lo que tenemos, sin todos ellos por muy irritantes que sean para conseguir una solución, nada de esto sería posible.

Y es que existe cierta afinidad por menospreciar a los nerds, a las personas con alto coeficiente intelectual capaces de lograr grandes cosas y doblegados a trabajar en el oscuro de su interior para que la sociedad no los juzgue. Un medio de dejarlos en los puntos más bajos de un termómetro graficado para la exploración del descubrimiento interno hacia un mejor desarrollo.

El cuestionamiento ante todo esto es que desde principios de tiempo se ha necesitado de nerds, lo único que ha cambiado, probablemente, haya sido el cabello, la apariencia física e incluso sus vestimentas. Pero la mente de alguien más poderoso que un dios, eso...eso es absolutamente impenetrable, es un margen exquisito escaso de chantaje.

Nadie en su sano juicio aceptaría ir con el popular viendo el decaimiento, a menos que tenga una caja torácica atravesada en su cabeza y crea que las coronas son mucho mejores que el sequito superdotado capaz de hackear e infligir sobre una sociedad de lucro anónimo máximo millonaria absoluta en seguridad virtual.

En tiempo antiguos, en tiempos donde todos vestían igual y el detallado discriminado era aquel empujado a la desgracia, también existieron los dichosos super dotados, aquellos capaces de generar grandes planes para ganar batallas y más estúpida de todas, en mi humilde opinión fue la de Troya.

Troya ha sido un cuento enigmático, una historia recorrida por cientos de años, un mito, una leyenda, una realidad y una ficción, todo al mismo tiempo evocado a lo único que queda y es que de ello solo permanece la osadía de una reina al querer huir con su amante.

Pero no se ha contado el origen del macabro desnivel hacia la desgracia de esta pobrecilla ciudad que no fue capaz de contener a la más bella de todas, porque simplemente no poseían la capacidad de hacerlo. Ella era sin duda, demasiado para todos esos imbéciles.

El mito de Troya, empieza con Llo, el fundador, quien fue hacia Zeus para pedirle que el futuro de su ciudad estuviese lleno de buenas dichas. Zeus, hizo que Llo encontrara el lugar correcto para engendrar Troya, cerca del mar Egeo y de la maravillosa estatua de la diosa Palas Atenea, llena de artes y sabiduría.

Todo eran lindas mariposas, excepto que Zeus, siempre siendo un malnacido, puso la condición más estúpida de todas. Dijo así, que mientras la dichosa estatua llamada Paladio se mantuviera dentro de la ciudad, esta jamás seria tocada por ningún enemigo.

Llo, cegado por esta estupidez le hizo un templo a la grandiosa Atenea, allí dentro se puso la maldita estatua. Fue más una maldición que una bendición, de hecho, porque si no como se producía la guerra que termino ganando Grecia.

Entonces, Llo, tuvo un hijo, Laomedonte. En el reinado del tonto hijo de Llo, el abusador de Poseidón y el imbécil de Apolo, construyeron las divinas murallas de las que nadie habla en las grandes historias mitológicas. Obvio, que estas murallitas eran intocables, impenetrables, intachables, eran sinceramente una "creación divina" para todo ser humano, y añadido a esto la estatuita, pues la ciudad era sin duda alguna una grandiosa fortaleza que nadie jamás podría tocar.

Ahora viene la parte mala, cuando el idiota del hijo de Llo, Laomedonte, un hijo de puta que era un simplecillo rey, quiso ser más que dos dioses. Como el desgraciado que era, no les dio la promesa que les prometió. Y vaya a saber que te haría el dios de mar.

Poseidón, obviamente cabreado, hizo crecer el mar hasta amenazar a la ciudad. Como venganza, ordeno que desde las profundidades apareciera un monstruo carnívoro. El monstruo, un enorme pez comenzó toda clase tropelías en los bordes de la ciudad.

Odio ficticioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora