-Capitulo 13-

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Sintió una sensación fría recorrerlo y se tenzo inmediatamente sin poder evitarlo, el tacto de las manos casi fantasmas lo estaba atormentando, no quería ver quién era, tenía lágrimas en los ojos y se encontraba temblando, temiendo voltear, temiendo tener que irse, que se lo lleven.

Pero a diferencia de todo lo que creyó, esas manos solo se posaron en su espalda, grandes y firmes, antes de empujarlo.

A pesar de la sensación de pánico, lo primero que captó era que ese tacto no era brusco, no lo estaban lastimando ni agarrando, o eso creyó hasta que se sintió empujado.

Su cerebro cansado se preparó para un golpe, no podía demorarse, a penas tocar el suelo debía huir, pero eso tampoco paso, solo sintió un leve movimiento, habían empujado el columpio.

Alguien lo estaba columpiando.

El ritmo era tranquilo, un movimiento suave que encajaba perfectamente con la estrellada noche, casi lo estaba meciendo, se estaba sintiendo cansado, cómodo.

La tranquilidad que lo embargo lo asunto, no debería, se estaba durmiendo, pero no podía, tenía que irse, no entendía lo que pasaba pero eso no significaba que no fuera malo.

El cielo ya era completamente oscuro, si se iba lejos se lastimaria, y corría el riesgo que lo atraparan de todos modos, no le gustaba estar asustado, pero no podía evitarlo.

Los nervios lo estaban asaltando, no quería salir del bosque, no aún, no se sentía listo y no quería eso.

Estaba casi al borde del llanto por el pánico, temblaba y se le escapaban los más leves sollozos, tenía miedo.

Casi se sentía morir.

Pero eso se interrumpió cuando logro captar el susurró de una voz gruesa y masculina, pero desconocida que tarareo suavemente

- Ya es oscuro, debemos buscar donde descansar -

Ante los suaves tonos bajos salto de repente, bajando del columpio de golpe para ver qué había allí, sin entender nada

Pero quién había provocado los suaves sonidos no estaba, no había nada.

Estaba temblando aún más que antes pero no era por el frío que comenzaba a llegar, las lágrimas salieron sin control ni permiso, manchando sus mejillas, sentía su cuerpo ceder ante los nervios.

Estaba alucinando, su propio cerebro lo había asustado hasta casi desmayarlo, estaba lleno de terror por qué lo arrancarán de allí.

nego con la cabeza y vio hacia arriba, al manto oscuro de chispas blancas que estaba sobre si.

No podía irse, no era seguro, el riesgo era enorme, pero quedarse sonaba igual de mal, se sentía inseguro, a la intemperie, sin poder defenderse ni hacer nada más.

Pero la luz de la luna brillo fuerte, mostrandole lo que lo rodeaba.

No había ninguna entrada al campo escondido en el que estaba, los árboles estaban juntos, fácilmente pasarían por un muro, los arbustos eran altos y las hojas densas.

Era como si lo estuvieran escondiendo.

Algo dentro de si decía con susurros que no tenían que esconderlo, que estaba seguro, pero era por su tranquilidad y a los árboles no les importaba cuidarlo.

decido que necesitaba descansar más, su cabeza parecia revuelta, llena de pánico por qué lo encontrarán, los misteriosos sonidos de movimiento, un deseo de ser protegido y con cansancio y nervios.

Pero algo era verdad, parecía realmente protegido, así que decidió descansar.

Se acercó suavemente al árbol que tenía él columpio y se sentó, tocandolo antes de apoyar su espalda en él.

- Por favor, permíteme estar aqui - susurro, escapando por su voz el miedo de irse.

Asintio para si mismo y se acostó a dormir, quedando profundo de inmediato.

No pensó en el camino desaparecido por el que él había logrado pasar ni en la voz desconocida.

No sintió la mirada que había sobre él, curiosa y algo trizte, pero no tenía que, no le haría daño.

Estaba seguro allí.

Perdido en el bosqueDonde viven las historias. Descúbrelo ahora