-Capitulo 5-

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Su respiración era acelerada, su corazón latía al ritmo de un tambor descontrolado y sus pies se quejaban por la fuerza y la velocidad, se estaba cansando.

Pero había llegado al bosque, y eso por lo menos le traía un respiro, ahora se sentía seguro, cómo si los árboles pudieran levantarse y protegerlo de quién viniera por él.

Pero sabía que no era así, y que lo buscarían, por qué él simplemente no podría irse, no le dejarian.

Y no quería dejarse atrapar.

Más lagrimas llegaron a él mientras esquivaba los gruesos troncos que estaba allí, mientras corria a lo profundo del bosque con el sol despidiendose detras de él, dejando un rastro naranja.

No sé detuvo, sus ojos estaban nublados y las gafas no facilitaban nada, había corrido bastante ya, se sentia sin aire y su cuerpo comenzaba a quejarse, pero incluso con todo eso, era mejor que continuar de noche.

Sabía que sus amigos no lo dejarían allí, no entenderían, no pensarian en el bosque como su lugar seguro, si no como un escondite.

El mundo mágico lo quería afuera, haciendo hazañas y teniendo aventuras, pero si regresaba lo alejarian para siempre...no lo podía permitir.

Mientras la luz comenzaba a escasear y el cielo comenzaba a avisar el inicio de la noche, Harry, encontrá de si mismo, corrio aún más.

Querían alejarlo de lo único que lo hacía feliz, si lo atrapaban seguro lo harian, no lo volvería a ver.

¿Por qué el? ¿Por qué no podía ser feliz? Estar tranquilo y ser un niño normal ¿Acaso esos no eran los planes que el mundo tenía para él? No podía permitir eso.

Entonces, la luz se volvió casi nula, solo con la leve iluminación que la luna proporcionaba.

Pero entre las copas de los frondosos árboles, también podría ser completamente oscuro y no habría mucha diferencia.

Por ello, gracias al nuevo manto de oscuridad y la mirada nublada, Harry tropezó y callo a bruces, raspandose, lastimandose y llenándose de tierra; un golpe fuerte, debido a que huia de su destino.

Se sintió débil mientras intentaba enfocar sus ojos a la oscura maleza que había frente, pero ni siquiera captaba eso, su cerebro simplemente no respondia, estaba congelado

A diferencia de la velocidad en la que había corrido antes, Harry quedó allí, quieto.

Su cuerpo había dado un salto y la adrenalina había fluido como una catarata cuando había comenzado a caer, pero ni el mejor de sus intento podría haber detenido la caida.

Y quedo allí, tan nervioso y herido que no captaba lo que había sucedido en realidad, estaba tan desesperado por huir que aún no podía entender.

Solo miro sorprendido frente a él, asustado, temblando dentro de su shock antes de entender que había sucedido realmente.

Y entonces rompió a llorar, lamentandose por su alma y su cuerpo, por lo que había pasado y lo que podira pasar.

Solo lloro, triste por su corazón en pedazos, por el sentimiento de traicion, de decepción...de miedo.

Harry lloro triste, mas por su corazón que su cuerpo, más por su alma que por sus heridas.

Se permitio llorar.

Entonces, cuando sus ojos estaban secos y solo se quedó allí, resentido, capto le hecho de que seguía allí, tirado en el suelo dónde había caído, y se decidio levantar.

Cuando su cuerpo pudo mantenerse de pie sin tambalearse, sin ser tan debil, por fin limpio sus lagrimas, quienes habían dejado caminos tan extensos que parecían marcas.

Respiro, intentando darse algo de tranquilidad antes de levantar su cabeza y ver en dónde estaba.

El bosque era oscuro, pero por alguna razón los enormes árboles ahora eran bellezas simplemente grandes, quienes permitian pasar algo de luz, lo suficiente para ver después de limpiar sus lentes.

Pudo estar más tranquilo cuando noto que tan profundo debia estar en el bosque, no le encontrarian pronto, eso era seguro, y siempre podía despertar temprano para irse lejos para asegurarse más.

También si los escuchaba, seria fácil, a cualquier ruido podria salir huyendo para estar a salvó una vez más, lo haría si tenía que.

Entonces decidio escucharse y descansar, estaba agotado, por correr, por sus amigos, por el miedo, por llorar, simplemente estaba agotado, asi que decidio buscar en dónde podría acostarse.

Se sentia agotado, queria dormir un rato, y su cuerpo rogaba por eso.

Pero no fue por eso que eligió acostarse en un árbol cercano despues de su caída, no, por alguna razón, aunque le llamarán loco, el árbol...lo hacía sentir seguro.

Sé acerco levemente, casi cojeando por el dolor, pero lo ignoro a favor de estirse su mano y tocar el árbol, quedó encantado.

Ciertamente, a pesar de la noche, el árbol era un poco más oscuro que los demás, eso podía decirlo, y la madera se sentía resistente, y de alguna manera, suave, pero no esa suavidad, si no como...un animal, una capa suave encima de una masa fuerte y protectora, capaz de destruir muchas cosas.

Algo del árbol lo llenaba de tranquilidad, una pequeña felicidad tranquila, un suspiro, y decidió quedarse allí esa noche.

Se lo podía permitir.

- Lo siento, me preguntaba si puedo hacerme aquí, se que no mucha gente pregunta, pero estoy cansado, prometo no lastimarte - susurro Harry con una voz débil y cansada, pero no le importo mucho.

Sabía que el árbol lo escucharia de alguna manera, él sabía que las plantas estaban vivas, por ende los árboles también, por ello, por extraño que fuera, a veces se encontraba preguntando o hablando con ellos.

Pero eso lo hacía feliz, y mucha gente le quitaba eso, por lo que no se lo prohibia a si mismo, podía con eso.

Se sentó con cuidado y se acomodo en las raíces, apoyando su cabeza y parte de su cuerpo en el tronco fuerte y grande que pertenecia al árbol.

Sabía que no podía responder, pero aún así le gustaba hablar con ellos, se sentía tranquilo al hacerlo, se sentia escuchado.

Pero por ser él, solamente él, un niño que pasaba su tiempo en el bosque.

Suspiro cuando sintió el sueño llegar a él, sabía que no era muy inteligente dormir en un bosque, menos en uno prohibido o con tantos peligros.

Pero se sentía tranquilo, en paz, cómo si nada lo fuera a lastimar, no creí que eso pasara por alguna razón.

Y se permitió acurrucarse.

Sin entender el porque el viento no llego a él, y su cerebro cansado le recordó que estaba acurrucado en el gran árbol, cómo si fuera un niño en brazos de su madre, y este era quien lo protegia del frío.

Eso podia sonar ridiculo, pero le gustaba soñar.

Su última lágrima se deslizó

Y se quedó dormido

Sin entender de dónde vino ese calor

Perdido en el bosqueDonde viven las historias. Descúbrelo ahora