Can
Una a una, las luces de Venecia se encienden a medida que el día da paso a la noche, que en esta ciudad adquiere matices completamente únicos. Observo casi distraídamente la maravilla que se despliega ante mis ojos porque mi mente está centrada en el presente y, sobre todo, en el futuro. No puedo imaginar qué será de mi vida con ella a partir de ahora. Nos quedaremos tres días aquí en Venecia y luego volveremos a Estambul y a la vida cotidiana con la única diferencia de que ahora somos marido y mujer y tendremos que encontrar la manera de vivir esa vida juntos. Sé que no es una luna de miel larga, pero además de tener varias campañas a punto de terminar espero sinceramente que para cuando vuelva el investigador privado haya reunido por fin todas las pruebas que necesito para poder tomarme por fin la justicia por mi mano y detener el descabellado plan de Emre.
El sonido de la puerta del baño abriéndose me devuelve a la realidad del momento, me giro y veo a Sanem saliendo del baño con un sencillo vestido color crema, un vestido tubo que abraza su menudo cuerpo, resaltando cada una de esas curvas que sólo la noche anterior.... Sacudo la cabeza imperceptiblemente, tratando de ahuyentar estos pensamientos inapropiados, no es el caso de volver en mi mente a lo sucedido. Se detiene unos instantes a rebuscar en la maleta y luego se acerca a mirar hacia la terraza, manteniéndose a una buena distancia de mí. Mira a su alrededor en silencio, claramente tan encantada por la vista como yo lo estaba hasta poco antes y casi puedo sentir el esfuerzo que hace para no compartir conmigo su entusiasmo que siente que tiene que reprimir.
"Yo también voy a ducharme para que luego podamos salir a cenar". Entro en la habitación cavilando sobre lo complicado de la situación, no sé qué pensar, aún no consigo conciliar a la chica sencilla y entusiasta con la mujer fría y oportunista del audio. Cojo algo de ropa de recambio y me dispongo a entrar en el cuarto de baño, pero me quedo paralizada en el umbral al sentirme bañada por aquel aroma. No me había dado cuenta de la intimidad que supone compartir el mismo baño, la misma ducha, y pensar que justo antes ella estaba allí, desnuda. Tengo que calmarme o no saldré vivo de esta situación, abro la ventana esperando que ese olor desaparezca mientras me meto en una ducha fría y me empapo de baño de burbujas para cubrir todo rastro de ella y de ese maldito olor. En poco tiempo estoy listo, cojo la chaqueta y la cartera, me reúno con ella en la terraza y la invito a seguirme. "Ven, tengo una reserva en un restaurante típico justo en el Gran Canal.
La velada en general transcurre agradablemente, en el restaurante se sirve una comida excelente, pero sobre todo hay un grupo tocando música en directo, lo que ayuda a que el silencio entre nosotros no nos haga pensar demasiado. Después de cenar, ordeno al conductor de la lancha que he contratado para esta noche que nos lleve a dar una larga vuelta por los canales y, sobre todo, que haga una parada en la plaza de San Marcos, donde se espera la marea alta esta noche.
Sanem permanece encerrada en su obstinado silencio, pero no puede ocultar su sorpresa ante el espectáculo de las farolas reflejándose en la hermosa plaza inundada de agua salobre, donde los transeúntes se ven obligados a desplazarse sobre pasarelas móviles. Cuando salimos, veo claramente su alegría por la sensación de libertad que le da el viento en el pelo mientras la lancha nos lleva fuera del Gran Canal para dar una vuelta panorámica por la laguna. Volvemos al hotel poco antes de medianoche y la dejo libre para que use el baño para cambiarse mientras yo me siento fuera, en la terracita, a tomar algo. Cuando oigo abrirse la puerta esta vez no me giro, no quiero arriesgarme a caer en la tentación y perder el control como ocurrió la noche anterior. Espero a que se apague la luz principal de la habitación y sólo mucho más tarde vuelvo a entrar para cambiarme por la noche. Cojo algo de la maleta y me dirijo al cuarto de baño sin atreverme a mirar hacia la cama iluminada sólo por unas tenues briznas de luz de las farolas que bordean el canal bajo nosotros. Sin embargo, cuando vuelvo a la habitación, no puedo evitarlo, lanzo una breve mirada hacia ella, que parece una figura diminuta en aquella enorme cama. Está de espaldas a mí, acurrucada bajo las sábanas en posición fetal, parece aún más pequeña e indefensa. Esa silueta me transmite una terrible tristeza y sólo puedo preguntarme: ¿qué nos estamos haciendo los unos a los otros?
Pero los ecos de ese audio, sus palabras de que "he logrado mi objetivo", vuelven para alimentar mi decepción y mi amarga rabia por haber sido engañada.
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Decisiones repentinas
FanfictionEse momento de celos, la repentina decisión de tomar su mano y arrastrarla lejos de esa fiesta y de ese hombre intruso, dio un curso completamente inesperado a mi vida y a la suya. Soy Can Divit, un albatros inquieto, posesivo e impulsivo, que quizá...
