Sanem
"Entonces comencemos".
Con los ojos cerrados, me parece sentir cada sensación aún más amplificada. El leve roce de sus dedos sobre mi piel mientras, con una lentitud desconcertante, libera cada pequeño botón nacarado, su cálido aliento en mi pelo y en la base de mi cuello, el aroma y el calor de su cuerpo casi rozando el mío.
Contengo la respiración, dispuesta a apartarme en cuanto haya desabrochado la mayor parte del corpiño. Cuando me parece que un gesto suyo será suficiente, me quedo inmóvil. Para mi enorme consternación, siento que sus dedos me acarician la base del cuello para desenredarme mejor el pelo de un hombro y luego descienden en una caricia rozadora por mi columna vertebral. Alá, Alá, ¿qué me está haciendo? Ahora sus dos manos vuelven a mis hombros para acompañar el corpiño y deslizar las mangas de encaje del vestido sobre mis brazos. Cruzo las manos sobre el pecho para sujetar el vestido y me obligo a reaccionar ante la malicia de su tacto sobre mi piel.
Le susurro en voz baja: "Teşekkür ederim, gracias, será suficiente". Doy un paso adelante para acercarme a la ventana francesa y volver a entrar en la habitación, pero ahí está Can, que me retiene apoyando su gran mano abierta sobre mi abdomen. Jadeo cuando me estrecha contra su pecho y posa sus labios en mi hombro desnudo. Su barba me hace cosquillas en la piel, extremadamente sensible por su tacto, mientras se acerca a mi cuello y luego detrás de mi oreja. Incapaz de respirar, cierro los ojos, inclinando instintivamente la cabeza como para facilitarle el acceso a mi cuello. Por un momento vuelvo a abrir los ojos y lo que veo me deja sin aliento, el reflejo de nosotros en el cristal de la ventana francesa es lo más sensual que he visto nunca y eso es lo que me devuelve a la realidad. No puedo dejar que algo así suceda, no sin que algo cambie primero en nuestra relación.
Me escabullo de su agarre girando sobre mí mismo. "No Can, no creo que sea una buena idea." Apoya sus manos a ambos lados de mis brazos cruzados sobre mi pecho para sujetar el corpiño de mi vestido y luego sube en una lenta caricia hasta mi cuello . "A mí en cambio me parece una buena idea, somos marido y mujer y al fin y al cabo es nuestra noche de bodas, ¿no?".
Sacudo la cabeza. "Podemos saber los dos que el nuestro no es un matrimonio de verdad, no nos conocemos, hay demasiados asuntos sin resolver entre nosotros y yo..." No me deja terminar de hablar, lleva sus manos a enmarcar mi rostro enlazando su mirada con la mía. "¿Qué Sanem? ¿Qué es lo que quieres? Mi querida Sra. Divit cada elección tiene un coste y usted pagará el suyo como yo pagaré el mío el resto de mi vida". Sigo negando con la cabeza, sin entender lo que quiere decir con esas palabras. "¿Qué coste? No lo entiendo". Por un momento aparta una mano de su cara para apartar un mechón de mi pelo que se ha escapado del moño mientras me mira atentamente "Ah Sanem, dices que no lo entiendes, pero creo que sabes muy bien a qué me refiero y si no lo has entendido entonces estaré encantado de enseñarte a qué coste me refiero". Al decir esto sus labios se posan voraces sobre los míos, en un beso lleno de pasión. Percibo en él una urgencia que me coge desprevenida y casi me asusta. Para intentar apartarlo, pongo instintivamente las manos en su pecho, dejando que mi vestido de novia caiga a mis pies con un ligero estrépito de telas. En un instante me encuentro semidesnuda entre sus brazos mientras sus manos comienzan a recorrerme en un rastro de ligeras caricias que me hacen estremecer. Sin interrumpir el beso, abre de par en par las puertas francesas, me empuja lentamente hacia la habitación hasta que la parte trasera de mis rodillas encuentra el borde de la cama y en un instante estoy tumbada sobre las sábanas de seda con el cuerpo de Can completamente adherido al mío.
No puedo entender lo que me pasa, pierdo la noción del tiempo y del espacio, ya no queda rastro del sentido común y de las muchas razones por las que esto no debería ocurrir. Sólo estamos nosotros, él y yo, en esta habitación poco iluminada donde cada caricia es un suspiro, donde su ropa desaparece rápidamente mientras sigue besándome, quitándome toda capacidad de razonamiento.
Una parte de mí es consciente de que nada de esto debería estar ocurriendo, no sin un sentimiento real que nos una, pero ahora mismo sólo puedo sentir nuestros corazones latiendo al mismo ritmo acelerado mientras nuestras respiraciones apresuradas se funden en un beso voraz, casi desesperado.
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Decisiones repentinas
FanfictionEse momento de celos, la repentina decisión de tomar su mano y arrastrarla lejos de esa fiesta y de ese hombre intruso, dio un curso completamente inesperado a mi vida y a la suya. Soy Can Divit, un albatros inquieto, posesivo e impulsivo, que quizá...
