34 - Soy el espía

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Sanem

'Yo soy el espía Can, yo soy el que conspiró para arruinar la agencia'.

Con un apretón en el corazón le vi sacudir la cabeza como negando que aquello pudiera ser posible, su mirada conmocionada, incrédula. "¿Qué? No Sanem, no puede ser, no me lo creo".

"Escucha Can, me dijiste que teníamos que hablar, aprender a hablar. ¿Puedes por una vez escucharme de verdad, hasta el final? Lutfen, por favor".

Veo cómo se lleva las manos a la cara en un gesto de frustración, pero suspirando hace un gesto con la mano para invitarme a hablar. Me siento aliviada; temía que me apartara sin darme la oportunidad de explicarme.

Empiezo a contar desde el principio, sobre mi necesidad de dinero y de la oferta de Emre. Al oír ese nombre le veo abrir mucho los ojos y sacudir de nuevo la cabeza, me doy cuenta de que no debe ser fácil para él aceptar el papel de su hermano en todo esto. Se pasa las manos por el pelo varias veces mientras le cuento lo de la carpeta roja que tuve que recuperar de su casa, la mentira del anillo para explicar mi presencia allí y el novio falso. Me señala con una mirada severa y hace un gesto firme para interrumpirme. 'Espera un momento perdón, ¿me estás diciendo que ese anillo no era tuyo? ¿Que no había novio? ¿Y Osman?"

"Osman es mi amigo más fraternal, nunca hubo nada romántico entre nosotros".

Me da la espalda unos instantes y se vuelve para mirar el Bósforo con los brazos en la cadera, claramente enfurecido. Permanezco en silencio, o miro hacia abajo mientras me muerdo el labio mortificada y avergonzada por las mentiras que se dicen. Después de un tiempo interminable, veo que se vuelve hacia mí.

"Vale, adelante, tengo curiosidad por saber de cuántas formas más me has engañado hasta ahora".

Reanudo con tristeza el relato de las fotos que tomé en secreto de su proyecto de aerolínea, que él cambió en el último momento, haciendo fracasar irremediablemente mis planes de espionaje.

Asiente con la cabeza. 'Sí, ahora que lo dices, recuerdo bien las protestas de Emre porque había decidido cambiar el tema de la campaña, ahora entiendo por qué'. Vuelve a asentir, cada vez más tenso. "OK, adelante."

Le hablo del encargo que recibí de Emre de mantenerle alejado de Arzu en Agva, de ninguna manera debía permitirle llegar hasta ella y de la firma del contrato. Le veo bajar la cabeza mientras asiente de nuevo. 'Eso explica tu conducción alocada, el atajo improbable y la imposibilidad de encontrar a Arzu. Ahora todo cuadra".

Está enfadado, o más bien furioso, lo noto por su pose rígida y la mandíbula contraída de esa cara que se vuelve irresistible cuando rompe a sonreír y que ahora... Sacudo la cabeza, dejando a un lado mis ensoñaciones sobre sonrisas que probablemente no volveré a ver. Reanudo mi confesión.

Luego vino el sabotaje en la agencia durante la inspección para la nueva campaña: la presentación rota, el ratón, todo obra mía. Pero quiero que sepas que no te conocía, creí a Emre que me dijo que eras un hombre sin escrúpulos, que querías vender la agencia y dejar a los empleados en paro, así fue como me convenció para colaborar con él'.

Me lanza una mirada dura y furiosa. "Para ser precisos, por lo que tengo entendido, fue el DINERO que te ofreció lo que te convenció para colaborar con él".

"No espera, no lo entiendes, no me conoces. No soy una persona venal".

"Lo has dicho bien, no te conozco. Por lo que me cuentas me doy cuenta de que no te conozco de nada. A estas alturas creo que eres una actriz inteligente que me hizo creer que eras una chica sobria, ingenua y sencilla, mientras que ahora me doy cuenta de que eras astuta, mentirosa, calculadora y que me has estado manipulando desde que te conocí".

A medida que aumentaba el volumen de su voz, algunos transeúntes empezaron a lanzarnos miradas curiosas y Can se dio cuenta claramente de ello porque, con un tono de voz más comedido, preguntó: "¿Eso es todo? ¿Hay algo más que tengas que confesar?

Es el momento que más temo, aquel en el que tengo que contarle la peor de mis decepciones, sé que quizá nunca me perdone.

"En realidad, también está el asunto del plagio y la suspensión de su lincencia".

Lo que leo en su mirada ante estas palabras me hace temblar, está furioso, le veo abrir y contraer las manos en puños varias veces mientras se vuelve hacia el mar.

"¿Can?"

"Es suficiente Sanem, creo que ya tengo el cuadro completo, no añadas más". Se da la vuelta dirigiéndose a paso ligero hacia el todoterreno. "Ven, te llevaré a casa." Me apresuro tras él "Can, espera, deja que te explique".

Sube al coche y lo arranca para marcharse, chillando en el mismo momento en que cierro la puerta, de modo que me encuentro incómodamente sentado en el asiento del copiloto. "Can, ¿quieres escucharme?"

No contesta, acelera pasando de una calzada a otra en el escaso tráfico del paseo marítimo a esas horas de la noche. Permanece en silencio, sin mirarme. "¿Puedes ir despacio, por favor, para. Permítame que se lo explique".

Permanece en silencio, rígido, agarrando con fuerza el volante con el rostro reducido a una máscara de furia reprimida. En poco tiempo estamos en mi barrio y delante de mi casa. "Buenas noches Sanem." Me desabrocho el cinturón y me inclino hacia él apoyando una mano en su brazo. "¿Puedes, por favor, escucharme?" Sacude el brazo liberándose de mi contacto mientras me dirige una mirada gélida. "Ahora soy incapaz de escucharte Sanem, mejor me voy o podría decir algo muy, muy desagradable".

Me siento morir, exactamente lo que temía que ocurriera, lo que me ha impedido hablar hasta ahora. Sé que merezco su ira, su desprecio, me había dicho un día que odia que le oculten cosas y no he hecho otra cosa desde que le conocí. Bajo la mirada y salgo silenciosamente sin siquiera despedirme de él, siento que sería inapropiado en un momento así. Su todoterreno se aleja con un chirrido de neumáticos para desaparecer por la carretera unos instantes después, mientras yo permanezco allí, inmóvil, en medio de la carretera preguntándome qué será de mí, o mejor dicho, qué será de nosotros.



Decisiones repentinasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora