52 - Lejos de la proximidad

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Can

"Tenemos un problema".
A su afirmación me gustaría responder que en realidad tenemos más de un problema, y el mayor que conozco soy yo mismo, con mi intransigencia, como si mi absurda familia no fuera suficiente. Pero sé que ahora no es el momento de tener este tipo de conversaciones, será pronto, cuando se revele todo el juego de Emre, pero no ahora.
"¿Qué ha pasado?"
Empiezo a alarmarme por su repentina llamada, además de sentirme terriblemente culpable, apenas nos hemos visto desde que volvimos a Estambul y me doy cuenta de que la estoy descuidando de una manera vergonzosa. No quería que fuera así, pero han pasado dos días desde que salí de la agencia y me he visto en la necesidad de ponerme en contacto con Metin para establecer un plan que, de tener éxito, agravaría enormemente la posición de Emre y, en este momento, eso es exactamente lo que quiero.
Ha jugado sucio conmigo, intentando dañar mi relación con Sanem en todos los sentidos, además de sabotear la agencia sin ningún miramiento por la salud de nuestro padre que él sabe que ya está muy comprometida. Quiero que pague y pague con creces la perfidia con la que ha actuado con nosotros y que desgraciadamente me haya tenido que dedicar en cuerpo y alma a esta causa descuidando a una mujer a la que no puedo hacer más que mal.
El tono agitado de la voz de Sanem me devuelve al presente, me dice que su madre le ha anunciado que piensan visitarnos mañana por la noche, junto con mi padre, para ver cómo estamos instalados en la nueva casa.
Maldición, esto no es lo que necesitaba. Estoy a punto de cerrar la campaña de Fabri, mientras que la de la marca de ropa deportiva no consigue despegar por culpa de Ceyda y sus constantes peticiones de variaciones sobre los diseños que le presento. Es fundamental que ambas campañas se completen cuanto antes y que sean un éxito porque servirán para amortiguar el escándalo en el que se verá envuelta la agencia cuando lleguemos al enfrentamiento con Emre. Precisamente para intentar llevar a cabo esta ingente cantidad de trabajo es por lo que sólo a última hora de la tarde consigo llegar hasta Metin en su despacho y trabajo hasta altas horas de la noche para elaborar los detalles de un plan que si está bien orquestado inmovilizará a mi hermano en sus responsabilidades sin posibilidad de escapar. Ya está casi listo, en dos, máximo tres días sabremos si Emre ha caído en la trampa que le hemos tendido.
Pero ahora mi atención debe centrarse en mi mujer y en la nueva emergencia a la que nos enfrentamos. "OK Sanem, no te preocupes, estoy seguro de que seremos capaces de manejarlo. Ya verás, todo irá bien".
La oigo suspirar al otro lado de la línea.
"Acaso no conoces a mi madre, es una sabuesa, puede olfatear el engaño a kilómetros de distancia, nunca he podido mentirle sin que me descubra". Tengo que sonreír, de hecho Mevkibe parece una señora muy inteligente, capaz de proteger a su familia como una auténtica leona. Sólo hizo falta una mirada suya, y pude comprobarlo la famosa mañana en que conduje a Sanem de vuelta al amanecer.
"Muy bien, si ese es el caso, entonces tendremos que ser aún mejores para convencerla de que somos felices y estamos enamorados". Un murmullo indistinto saluda mi declaración, no entiendo lo que ha dicho, pero casi puedo ver su expresión escéptica.
"Te diré una cosa Sanem, si te parece bien lo hablaremos esta noche durante la cena. Recogeré algo preparado y estaré en casa a las 20.30 para que podamos elaborar una estrategia de acción". Casi contengo la respiración esperando su respuesta que bien podría ser un rechazo ya que la he dejado bastante sola desde que vivimos juntos, me merezco eso y más.
"Muy bien, hasta luego."
Vuelvo a tomar aire, su respuesta no era tan obvia, aunque quizá no sea demasiado tarde, aún puedo intentar compensar el comportamiento de los últimos días.
Por eso redoblo mis esfuerzos para intentar terminar pronto en la agencia y poder pasar rápido por el despacho de Metin, llevarle unos documentos y llegar a tiempo a la primera cena con mi mujer en nuestra casa. Consigo hacerlo todo en un tiempo récord y me dirijo a casa a tiempo con una emoción que no sentía desde hacía semanas, probablemente desde antes de la confesión de Sanem de ser el espía, cuando todo entre nosotros ha cambiado irrevocablemente.
Entro en casa con las manos ocupadas por las bolsas de comida para llevar que contienen nuestra cena, que me apresuro a dejar sobre la mesa del recibidor para reunirme con Sanem, a quien vislumbro sentado fuera, en el porche. Cuando me oye llegar se levanta con la intención probablemente de entrar en la casa. "Hola Can, voy a poner la mesa."

Decisiones repentinasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora