66 - Nuestra vida

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Can

"¿Puedo aspirar a formar parte de este futuro Sanem tuyo?".
Contengo la respiración esperando su respuesta, que por desgracia no es exactamente la que me gustaría, pero que en definitiva esperaba en este momento.
"No lo sé Can, como ya te he dicho, no consigo averiguar lo que quiero".

Se hace el silencio entre nosotras, no quiero presionarla, mi trabajo ahora mismo es apoyarla en todo, ya sean actividades diarias o elecciones laborales. No quiero que se sienta estresada y al mismo tiempo quiero que sea libre para decidir de qué quiere ocuparse. Me encantaría que volviera a Fikri Harika, es brillante, creativa y sería una forma de tenerla cerca de mí todo el día, eso es todo lo que querría, pero es justo que ella decida lo que quiere hacer.

Llevo aquí en Gölcük más de un mes, he optado por poner mi vida profesional en stand by, trabajo unas horas por las mañanas cuando Sanem está en los talleres, pero el resto del día quiero dedicárselo todo a ella, o más exactamente a nosotros.

Me encanta hacer la compra juntos como una auténtica pareja, preparar las comidas, ordenar la cocina codo con codo ahora que ella vuelve a relajarse poco a poco cuando está conmigo. Se está recuperando físicamente de las náuseas de los primeros días, siento que de alguna manera está floreciendo de nuevo, es tan brillante como siempre.
Dicen que una mujer que espera un hijo vuelve a florecer y, efectivamente, Sanem me parece cada día más hermosa. Tengo la impresión de que su silueta se redondea y de que en sus ojos hay un brillo que tiene algo de mágico, de atávico, el secreto de la maternidad, el periodo que, según dicen, es el más emocionante de la vida de una mujer.
Evito presionarla, pero prosigo mi plan de conquista con determinación, quiero demostrarle por todos los medios lo querida y especial que es para mí. Pequeños gestos pero no sólo, quiero tener atenciones especiales para ella e inventar momentos únicos para compartir juntos.
Así es como un domingo por la mañana organizo todo sin que ella lo sepa y le propongo que salgamos a dar un paseo.

Al subir al coche leo en sus ojos la emoción de la novedad y sólo ahora me doy cuenta de que desde que nos conocimos ha habido muy poco espacio para los paseos y los momentos despreocupados.
"¿Adónde vamos Can?"
"Sürpriz, sorpresa".
En la hora y media de trayecto tengo la oportunidad de descubrir a otra Sanem, la que mira el mundo con ojos de niña curiosa, la mujer alegre que canta a pleno pulmón y se mueve en su asiento al ritmo de la música, o la parlanchina inagotable que tiene una anécdota de su barrio que contar sobre todo lo que ve. Cuando en el último tramo la carretera se vuelve un poco más bacheada y llena de curvas, aminoro la marcha preocupado de que pueda molestarla dándole tiempo de sobra para disfrutar de la vista donde las montañas, cubiertas de densos bosques de pinos, abetos y hayas se reflejan en las aguas de un lago.
"Qué bonito, ¿dónde estamos exactamente?".

Sonrío, estirando la mano para acariciar su mejilla ablandada por su genuino entusiasmo. "Estamos en el Parque Natural de Gölcük, espera y verás. Conozco bien este lugar, estuve allí de vacaciones como estudiante universitario. Al cabo de unos kilómetros me meto en un desvío y me bajo, invitándola a hacer lo mismo.
"Ven a ver lo maravilloso que es Sanem".

La cojo de la mano y la conduzco hacia la valla de un mirador desde el que se tiene la mejor vista posible del lago a lo lejos y de la singular construcción de madera que hace de aquel paisaje un lugar encantado en cada estación.

La oigo contener la respiración y luego prorrumpir en una exclamación entusiasta.
"¡Can, es precioso!".
No quiero aprovecharme de la situación, pero cualquier oportunidad es buena para abrazarla, así que me pongo detrás de ella abrazándola y contra mi pecho apoyando la barbilla en su hombro y susurrándole al oído.
"Eres preciosa y cuando sonríes lo eres aún más".

Gira la cabeza para dirigirme una mirada que pretende ser severa pero que se ve mal correspondida por la maravillosa sonrisa de su rostro. Lo que me resulta interesante es que no se aparta de mi abrazo, sino que noto cómo se relaja mientras suspira. Permanecemos así largo rato, disfrutando de la beneficiosa calidez de los rayos del sol en un hermoso día de primavera y del aire fresco y cristalino de este maravilloso lugar.
"Vámonos, las sorpresas aún no han terminado".

Decisiones repentinasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora