62 - Un millón de razones

2.9K 120 34
                                        

Can

No va a ser nada fácil, sé que me estoy aprovechando de su debilidad que ahora mismo es tanto física como emocional, pero tengo que pensar que lo hago con la mejor de las intenciones.
No puedo creer que estuviera tan enferma como para acabar en el hospital.
Mi mujer, que está esperando nuestro bebé, estaba completamente sola en un estado de postración total y yo no estaba a su lado. Sé que no es culpa mía, pero fue culpa mía que ella se distanciara en secreto de mí y de todo el mundo, es culpa mía que se fuera de Estambul y ha llegado el momento de que rectifique mis errores.

Estoy intentando volver con ella lo antes posible, no quiero dejarla sola, no sé hasta qué punto es por preocupación por su salud y hasta qué punto porque me es imposible estar lejos de ella. Me siento afortunado sólo de saber dónde está, de que pronto podré volver a ponerle los ojos encima y de haber podido estrechar su mano con fuerza entre las mías toda la noche pasada.

La necesito, su olor, el calor de su piel, esos ojos que ahora me miran con recelo, pero que espero que algún día vuelvan a brillar como lo hicieron durante unos preciosos instantes desde que nos conocimos. Instantes en los que los míos han brillado de la misma manera mirándola y que me han hecho darme cuenta de que hay algo único en lo que somos juntos.

Vuelvo a la casita junto al mar que ya siento mía por el mero hecho de que ella esté allí esperándome, dejo las bolsas de la compra en la mesa de la cocina y me asomo con cuidado por la puerta de su habitación intentando no hacer ruido. Está dormida, su pelo oscuro esparcido sobre la almohada blanca, se me aparece como una visión, un ángel caído a la tierra que espero, pronto, caiga también en mis brazos.

Vuelvo a la cocina para guardar la compra y empezar a preparar algo para comer, hace un día precioso de primavera así que me quedo en el porche esperando a que se despierte. Cuando por fin llega hasta mí mira la mesa casi incómoda. "No tenías que tomarte tantas molestias, con una ensalada era suficiente".
"No ha sido ninguna molestia, al contrario. Instrucciones precisas del médico, dijo dieta sana así que preparé varias cosas para que elijas lo que no te moleste."
Me lanza una mirada que no consigo descifrar mientras casi susurra: "Se lo agradezco".
Se sienta a la mesa con una actitud que no me parece nada relajada, pone algo en su plato pero en lugar de comer parece juguetear desganado con su comida.

"Come Sanem, necesitas alimentarte y recuperar peso".
Mantiene la mirada fija en su plato.
"La verdad es que no me apetece, los olores me molestan y algunos sabores que antes me gustaban ahora de repente me repugnan".
"¿Quieres que te prepare algo en particular? Algo que sepas que puedes comer sin problemas". Niega con la cabeza mientras se lleva algo de comida a la boca masticándola durante un buen rato a la fuerza hasta que por fin sale a la luz cuál es el problema.
"No puedes quedarte aquí Can, nuestro matrimonio se ha acabado, tenemos que tomar nota y seguir adelante. Por el bien del niño intentaremos ser civilizados y respetuosos el uno con el otro, pero hasta entonces es bueno que cada uno siga su camino."

Dejo el tenedor y extiendo una mano para obligarla a levantarme la vista. "Había venido aquí con la intención de aclarar las cosas entre nosotros Sanem, incluso antes de saber que íbamos a tener un bebé. Ahora más que nunca creo que tenemos que hablar con calma de todo lo que ha pasado, podemos superarlo si tan sólo estás dispuesta a darme una oportunidad".

La mirada más triste que he visto en mi vida aparece en sus ojos y es un golpe al corazón saber que ella es la causante de ello. "No creo que sea posible superar lo que hubo entre nosotros, simplemente cometimos un error al casarnos, todo estuvo mal desde el principio. Somos adultos, reconozcamos nuestro error y sigamos adelante, cada uno por su lado."

Permanezco en silencio encajando el golpe, sabía que iba a decir eso, pero también sé que no puedo rendirme, me prometí no hacerlo.
"Escucha Sanem ahora estás cansado y probado, no estás bien y no quiero crearte más estrés, hay mucho que decir y aclarar, pero ahora mismo la prioridad es tu salud. La situación en este momento es la siguiente, no estás bien y no voy a dejarte sola, necesitas a alguien que te ayude y, a menos que quieras llamar a tu madre o a tu hermana para que lo hagan, tendrás que conformarte conmigo".
Al oír hablar de su madre, se apresura a negar con la cabeza. "No, no quiero involucrar a mi familia en esta situación, por ahora no tienen por qué saber nada ni de mi embarazo ni de nuestra separación".

Decisiones repentinasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora