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—Ya voy a dejar el tema.

¿Cuál era el tema exactamente?

Oh, claro. Guillermo Ochoa.

Entonces es imposible.

Guillermo Ochoa es una maravilla de persona, siempre atento con los demás, con un ánimo inquebrantable y con la capacidad de romper madres si lo desea. Pero nunca lo ha deseado y podría decirse que hasta lo evita porque siempre sale a relucir su empatía y la amabilidad que se carga. Esa es una de sus tantas cualidades.

Pero todos dicen que lo que lo hace ser de esa manera es su casta omega.

Pero Hirving nunca ha creído que uno es lo que su casta indica pues de ser así todo alfa sería igual y de misma forma con los omegas.
Ahora no todos los Alfas quieren estar con un omega y no todos los omegas quieren tener una camada de cachorros ni ser sumisos.
Esa idea arraigada y romantizada que había adoptado de quién sabe dónde y desafortunadamente no podría ser aplicable para todos por la sencilla razón de que no todo el mundo piensa igual, mucho menos como él.

Dejó de pensar aquello porque notó que estaba quemando parte de su desayuno. Una mano agarrando el celular y la otra el mango de la sartén había sido una mala idea.

—No te hagas wey, yo te vi más enculado que nunca —Si Hirving estuviera justo donde estaba Edson o viceversa no había duda de que hubiera recibido un sape. —¿Qué es esa mamada de, "ya voy a dejar el tema"?

—Yo... —Se quedó en un blanco total. Edson lo conocía muy bien y no por nada era de sus mejores amigos pues  nunca le pudo ocultar cuan sorprendido estaba cuando vio a Guillermo por primera vez, la emoción de saber que iba a estar en el mismo equipo que él y el anhelo con que deseaba ser amigo por ser un omega completamente diferente a otros que hubiera visto, con un espíritu de competitividad así como ser de los principales en aportar los buenos deseos y las frases motivadoras en el equipo una vez inició en la selección mexicana.

Ochoa un contrario a lo que va con los estereotipos de un omega y a su vez, tan notorio. Vaya mezcla; pensó que sería por la gran figura que era, pero nunca se hablaba de su casta, tan así que nunca lo escuchó quejarse de estar en celo en alguno de los tantos partidos que llevaban juntos más que nada porque era un tremendo tabú.
Al parecer nunca nadie se había preguntado si había tenido que lidiar con su celo durante los mundiales.

Quiso admirarlo, como en un principio lo hacía.

¿Quién no lo haría?
No por nada había hecho su carrera como hasta ahora, afiliado con un montón de empresas y destacando aún si era omega.

En el fondo sabía que no se sentía como con el resto de sus compañeros, había un "algo" que florecía dentro de él cuando lo veía y cada que tenía la oportunidad de estar a su lado para ver por él, así lo hacía por lo que ese lazo de amistad se agrandó pero quizás, tarde, se dio cuenta que estaba tomando otro rumbo.

Peleó bastantes veces consigo mismo sobre sus verdaderos sentimientos. Anteponiendo su maravillosa amistad y por ella, no se tenía que dejar engañar. Nunca imagino realmente que hubiera otra razón por la que deseará protegerlo.
Hasta que la idea de atracción se paseó por su cabeza, acechándolo. Le echó la culpa al celo tantos años, pero su amigo Edson junto con Diego le hicieron ver lo que era obvio para todos, menos para él.

—Ya déjame en paz, wey —Gruñó. —Está... Está muy emocionado con él y yo solo dudo cada que tengo oportunidad.

Del otro lado Edson soltó una carcajada.

—Dile eso a mí Dieguito el domingo y verás como te va —De fondo pudo escuchar la voz de Diego Laínez preguntando contexto pues al parecer se había perdido de lo último.

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