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«Ya lo eres. Ya eres completamente mío…»

El corazón de Guillermo se sumergió en sí mismo, latiendo de regocijo cuando escuchó esas palabras a viva voz de Hirving y se estuvieron repitiendo en su cabeza como un disco rayado hasta altas horas de la noche. 

Se acumularon tantas emociones en él, haciéndolo sentir ansioso, curiosamente, no de una mala manera sino una diferente en la que está muy emocionado por su partido, una euforia que le revoloteaba en el estómago donde solo puede pensar en cosas buenas, donde puede realmente creer que a pesar de haber callado puede ser perdonado.

No tiene de otra, justo después de su partido tendría que hablar con Hirving, ser claro. Ya no podía retrasarlo ni un segundo más y tampoco puede permitir que todo lo que han sentido hasta ahora se arruine tan fácil por una mentira.

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El aroma a lavanda del alfa los mantiene relajados, duermen plácidamente en la cama del omega. La habitación está en un profundo silencio salvo por sus respiraciones pausadas.

En plena madrugada el pobre peluche de caballito de mar fue reemplazado por Hirving, de nuevo.

Guillermo lo sostuvo por un brazo y una pierna encima al principio. Hirving fue consciente de eso y le causó ternura cuando Guillermo comenzó con delicadeza a apretarlo, se dejó hacer y volvió a su sueño.  

Conforme caía en su sueño más profundo percibió como el omega lo sostuvo con más fuerza como si no tuviera huesos y dejando caer todo su peso sobre él. En poco tiempo, ya no iba a ser solo el reemplazo del peluche sino también de la cama. Claramente el alfa empezó a quedarse sin aire y ya no pudo evitar abrir los ojos a mitad de la madrugada.

Además, el calor de ambos junto con las sábanas se volvió un calor insoportable.

—Memo... —Murmuró medio dormido, tratando de quitarlo de encima. —Amor...

Repitió eso al menos tres veces cuando se dio cuenta que su novio no le respondió y siguió insistiendo.

—¿Mmm? —La contestación de Memo fue igual de adormilada y a su vez, confundida. ¿Hirving le estaba hablando, estaba hablando dormido o era parte de su sueño? Lo que fuera, tenía bastante sueño para revisar así que se aferró a su caballito de mar para seguir con su descanso.

—¡AAAAAuch! —Se quejó bajando de a poco el ruido de su grito por ser de madrugada. —Estas... ¡Estás estrangulandome! 

Con los ojos entrecerrados Memo se da cuenta, no es el peluche al que estaba abrazando con tanta fuerza, sino a Hirving por lo que soltó su agarre y se limitó a reír bajito. 

—¡Perdón! —Dijo, dejando ver su cara adormilada.

—Sé que puedo ser más cómodo que el señor caballito —Bromeó un poco a la vez que dejó salir un gran bostezo. —, pero yo sí necesito respirar. —Añadió con una sonrisa.

Y al ser libre, Lozano hizo a un lado las sábanas, se acomodó boca arriba y se desabotonó un par de botones del pijama. Aún no terminaba el invierno, ¿por qué hacía tanto calor?

Ochoa soltó otra risita y volvió para acurrucarse contra el pecho de su novio, con delicadeza. Este último no pudo evitar hacerle mimos en el cabello rizado para ayudarlo a seguir durmiendo, esperando no haber interrumpido lo suficiente como para cortar su sueño; después acarició su espalda con ternura, llegando hasta su esponjoso trasero dando leves palmaditas con cariño.

—Sí... también necesito mimos ahí... —Susurró adormilado, con una sonrisa en su rostro.

Hirving ni siquiera pudo reírse porque los párpados se le cerraban por lo tanto se limitó a sonreir de lado y luego descansó su mano justo en ese lindo trasero. Y cuando todo parecía de vuelta al silencio, Guillermo le dijo: 

¿por qué no puedes ver?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora