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16 de febrero

Guillermo se despertó y abrió los ojos de golpe cuando al intentar removerse sintió un peso sobre él.
Al tallarse los ojos y enfocar la vista, Hirving estaba sentado a horcajadas sobre él con una sonrisa de oreja a oreja. 

—¡Buenos días, mi amor! —Saludó, después lo besó acarameladamente una y otra vez en todo el rostro.

—Buenos días, querido… —Susurró con voz ronca y todavía adormilada; al final correspondió a los besos, divertido por la actitud de su novio hasta que lo miró directamente al rostro, sus ojos lucían pesados y cansados, incluso parecían cristalinos. —. ¿No dormiste bien? —Preguntó sosteniendo el rostro del alfa con ambas manos, con inquietud al poco descanso de su prometido.

—¿No te lastimó si estoy aquí? —Inquirió Hirving haciendo referencia a la forma en la que estaba encima de él, cambiando el tema. 

Guillermo negó con la cabeza, dejando pasar aquello cuando se distrajo; algo dentro de él deseaba ser despertado de esa manera todos los días, definitivamente adoraría acostumbrarse.
Por otro lado, no supo identificar si la luz del sol que entraba por la ventana significaba que era muy temprano o muy tarde para ir a su entrenamiento.

—¿Es tarde? —El omega esperaba que su nueva pregunta ahora fuera respondida.

—¿Tarde para tu entrenamiento? —Replicó ladeando un poco la cabeza. —. Sí, se me pasó despertarte…

Guillermo lo golpeó ligeramente en el hombro.

—¡Me van a regañar, Hirving! —Dijo y volvió a removerse un poco para que Hirving se levantará de él y lo dejara ver la hora, tal vez no era lo suficientemente tarde y podría llegar tan siquiera a reportarse. 

El hecho de haber entrado en celo le daba ciertas desventajas de las que si la prensa se llegará a enterar de nuevo comenzarían a atacarlo por todas partes, específicamente en México.

Lozano no se hizo a un lado, se quedó ahí sin intenciones de quitarse. Sus manos cálidas atraparon las ajenas hasta entrelazarlas y las colocó a los costados de la cabeza de Memo.

—Llamaron y les dije que aún estabas recuperándote de los efectos del celo, así que no te van a regañar… o al menos, no mucho. —Explicó el alfa, sonriendo con los labios apenas entreabiertos. Guillermo supo de inmediato que Hirving tenía algo más que decir e iba a averiguarlo.

—¿Y qué hay de tú entrenamiento? 

—Avisé que no podía ir porque tenía que cuidar a mi prometido. 

El omega puso morritos y movió la cabeza hacia los lados; podría parecer molesto, en cambio se veía adorable.

—Nos meterás en problemas…

Hirving le enseñó la lengua mientras negaba con la cabeza. Poco a poco se inclinó hasta besar a Guillermo, quien se rió entre el beso, divertido de la situación. 
Ambos cerraron los ojos y se sumergieron en la dulzura del momento. El alfa liberó el agarre para poder tocarlo y así Guillermo también lo acariciara. 
Sin decir palabras, comunicándose a través de besos y roces apasionados.

Ochoa sintió los dedos de Hirving se paseándose por su cuello, apenas rozando su tersa piel, dirigiéndose al broche del collar anti mordidas. Se pone en alerta cuando lo invaden los escalofríos, pero se deja cautivar por la tensión hasta que con sutileza Lozano logró desabrochar la prisión que rodeaba la garganta del rizado.

Sí bien, ya no había un riesgo latente porque el alfa pudiera morder al omega y provocar una desgracia a causa de sus instintos, este último no estaba tan convencido de que fuese una buena idea, sin embargo fue perdiendo el uso de razón cuando los labios de Lozano se deslizaron sobre su mentón, dejando un camino de besos húmedos. La anticipación aumentó cuando Guillermo sintió la barbilla de Hirving raspar su cuello al recibir un besó justo ahí.
Una descarga eléctrica que recorrió su espalda lo incitó a mover lentamente sus caderas y después apretó contra sí a su alfa, aumentando el contacto, fusionando el calor de sus cuerpos.

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