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Memo frunce el ceño ante esa cara de póker que Hirving pone; se acerca al cuello ajeno, ni siquiera la fragancia de lavanda muestra una irregularidad.

—¿No? —Preguntó dudoso.

—No...

La insistente negativa da para pensar y Memo jala de la sudadera de Hirving para que hablara de forma clara, si bien no leía algo en el rostro ajeno, podía percibir por el tono titubeante de voz y la sensación emanando de su pecho que esa no podía ser la respuesta correcta.

—¡No te creo! —El omega soltó un puchero. —. Ándale, dime.

Lozano se acercó al omega y tomó de la banda de su cabello para bajarla hasta sus ojos y cubrirlos.

—¡¿Y eso cómo por qué?! —Chilló el omega ante ese ataque sorpresivo e injustificado y se señala aún con la banda para el cabello tapándole los ojos.

—¡Por qué me puse nervioso! —Admitió el alfa. —Es que...

—¿Qué sucede? —Cuestionó, empezando a sentirse preocupado.

—Seguramente... te estás imaginando a alguien que escribió un montón de poesías y metáforas romanticonas. Siento decepcionarte —Finalmente se encogió de hombros. —, pero es posible que... no sea así.

—Bueno... ¿eso es un sí? —Memo se acomodó la banda para su cabello. —¿Sí escribiste para mí?

—¡Memo! —Hirving lo señaló, justo donde la curva de una sonrisa traviesa apareció en el rostro de su amado.

—Solo quería saber —Levantó sus manos, siendo atrapado.
También se encogió de hombros, dejando escapar un suspiro. —, me pareció tierno pensarlo.

Hirving seguía con el ceño fruncido, evadiendo la mirada y con deseos de hacerse invisible o que el sofá se lo tragara vivo. ¿De todas las cosas que le había contado, Guillermo tenía que recordar la más vergonzosa?

Dejaron a un lado toda atención en la película, quedando como ruido de fondo y dado el anochecer; podían ver unas cuantas expresiones del otro sólo cuando las luces de la televisión eran claras.

Ochoa se plantó de rodillas en el sofá, acercándose sigilosamente al alfa abrazándose del cuello ajeno, llegando a su rostro y plantándole besitos por todo el perfil izquierdo en un intento de convencerlo pues creyó que estaba dando largas a modo de juego.

—¡Dime, dime!

La expresión de Lozano volvía a denotar la ansiedad y tensión al analizar la insistencia de su novio, comparándola como la de un cachorro entusiasmado y encima de todo, dándole besitos como método de canje para "soltar la sopa".
Logra tener la oportunidad para tomar el rostro del omega, apresurado a callarlo con un beso para no seguir con el tema pues surgió en él un temor de que toda esa linda atención se tergiversará causándole una reacción en cierta parte de su cuerpo.
Acarició el hombro de Memo, en una persistente invitación a seguir el beso. Pasan los segundos, no hay nada de vuelta y por un segundo se siente un tonto.
¿Por qué le generaba tanta vergüenza lo que hizo?
Y, ¿Por qué seguía aferrado a los labios de Guillermo sí por divagar es que no correspondió su beso?
Finalizó el beso, rendido y se hizo a un lado, manteniendo una distancia considerable y con actitud igual a la de cachorro regañado; después de una mirada tímida le dijo:

—Está bien. S-sí  —Titubeó. —, sí hice eso.

Memo sonrió y alzó el puño celebrando por haber tenido la razón; se muere de ternura y claramente tiene ganas de saber detalles, pero antes se toma el tiempo para volver a dejar besitos ahora en los labios ajenos, como disculpa por rechazar el beso de hace escasos minutos.

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