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El omega se talló los ojos, incrédulo de lo que veía, de un brinco se sentó en la cama con la vista al lado opuesto, abriendo los ojos de par en par al descubrir que su cama estaba unida a otra y en ella estaba nada más y nada menos que su alfa…

—¡Hirving! —Chilló Guillermo al verlo. El rostro del nombrado reflejaba dolor y cansancio, pero también alegría. Y si bien tenía cables conectados a su cuerpo, vendajes por aquí y por allá, no importaba, porque estaba vivo y eso era lo más importante. 

Juntó sus cejas, esta vez, iba a llorar, pero de felicidad y quiere envolver a Hirving en un abrazo reconfortante para ambos. Extendió sus brazos, pero se detuvo torpemente, pues tuvo en cuenta que podría lastimarlo.

Hirving lo notó, sonrió de lado e hizo un ligero movimiento con la cabeza y con ese permiso, Ochoa ya no pudo frenar su necesidad de contacto físico.

—¡Cuidado, Memo! —Gritaron Edson y Diego al unísono, tratando de detenerlo, fue tarde.

El omega simplemente se arrojó a Hirving, trató de ser cuidadoso, aunque desbordaba emoción.

Por reflejo, Hirving se quejó al instante, pero luego se mordió el labio intentando acallar sus quejas para dejarse hacer por su omega.

—¡Perdón, no puedo evitarlo! —Le dijo rodeándolo amorosamente, hundiendo su nariz en el cuello de Hirving, husmeando el aroma fresco y encontrando la tranquilidad después de todas las dificultades que acababan de pasar. 

—¡AU! 

Ante el quejido, Guillermo rápidamente se apartó y miró a su alfa con un mohín triste y unos ojos de cachorro, esa combinación provocó que Hirving se derritiera de ternura. 

—Es broma —El monitor evidenció por medio de los latidos como a Hirving le emocionaba saber que a Guillermo le importaba tanto como para anhelar abrazarlo de esa manera y la ternura que emana solo le hace confirmar cuánto lo ama. —. La verdad es que te hice preocupar… puedes abrazarme todo y tan fuerte como quieras.

La sonrisa de oreja a oreja y los ojos achinados de Memo lo fueron todo.

—Iralo, salió masoquista el Hirvingcito. —Murmuró Edson, Diego le pegó un codazo juguetón para que se callara de una vez. Inmediatamente le pido perdón porque "su héroe" también había salido lastimado, obviamente no tanto como Lozano.

Mientras los esposos tenían una "pelea" divertida entre susurros, Guillermo seguía inspeccionando a Hirving con la mirada.  

—Amor… —Susurró preocupado por el estado de salud de su Hirving. Ahora se quedará unas semanas fuera de las canchas y esperaba que no fuera mucho tiempo. Cuando menos se dio cuenta, una lágrima solitaria rodó por su mejilla.

Lozano extendió su mano izquierda y alcanzó a secarla.

—Oye, lo peor que me podía pasar, ya pasó —Dijo Hirving con suavidad. —. Además, con solo ver tus ojitos bonitos siento que todas mis heridas se curan…

Memo puso su mano sobre la de Hirving la calidez lo hizo sentir tan seguro, inconscientemente empezó a ronronear.

—Awww… —Diego suspiró, encantado por la escena, pronto se le aguadaron los ojos, el sentimiento de ver a sus papis a salvo y juntos fue conmovedor.

Igual que un niño, Edson hizo una mueca de asco disimulada ante los gestos melosos, aunque era de broma, para nada tuvo miedo cuando Lozano le lanzó una mirada asesina.

—Bebé, creo que es hora de dejar a nuestros cursis solos —De un brinco, Edson se levantó de la silla, se quejó un poco por su abrupto movimiento y atrapó la mano de su esposo. —. Digo, digo… a nuestros papis solos.

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