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«"Pueden pasar tantas cosas en un segundo, Memo…"»

Aquella frase que Hirving le dijo antes de volverse novios está golpeando como una ola que iba y venía a romper justo en su corazón. Solo ha pasado media hora desde que el alfa se fue a su habitación y desde entonces Memo está boca arriba mirando el techo, frustrado de no haber podido conciliar el sueño.

Menos mal las lágrimas han cesado, pero teme que si cierra los ojos de nuevo esa pesadilla volverá a atormentarlo así que la lámpara sigue encendida y busca el sueño aferrándose al señor caballito de mar.
A pesar de que ahora su cuerpo estaba marcado por el sereno aroma de Hirving, no le bastaba.

Necesitaba o más bien requería esas manos cálidas entrelazando las suyas, sus labios besándolo, una plática amena antes de dormir o una plática absurda por despertar a mitad de la noche y hablar adormilados. Sentir sus brazos rodeándolo y sus corazones latiendo al mismo tiempo por la cercanía mientras profesan lo mucho que se aman.

Cercanía.
Sus ojos se entrecierran para poder revivir las escenas de lo que ocurrió antes de la desgracia. Él y Hirving, ambos entregándose completa y apasionadamente. Los besos, las caricias, sus aromas fusionados, la sensación de sentirse completo y amado en brazos de quién también ama hacen acelerar su corazón; sin duda, fue mucho mejor de lo que alguna vez pudo haber fantaseado.

Suspiró, su aliento sale caliente. Inmediatamente su cuerpo tiembla sintiendo una necesidad abrumadora de contacto; es su celo saliendo a la luz reclamando más y nuevas caricias de su alfa. Lo peor de todo es que ahora no puede solicitarlas.

Sacudió la cabeza para poder pensar en otra cosa que no lo estimule. Se cubrió el rostro con las sábanas cuando sintió como el calor se apoderaba de su rostro por la vergüenza al imaginar lo mal que debió pasarla Hirving, viviendo una situación impensable mientras sus instintos de alfa en celo nublando su juicio lo mantenían atado sin poder hacer nada y él debió parecer casi muerto con esa mancha de sangre. El alfa tuvo que limpiar sus heridas, ponerle un vendaje nuevo, buscar el collar anti mordidas e inclusive cambiar algunas sábanas sin olvidar que también debió limpiar todo líquido extra de su cuerpo. Sí, definitivamente Hirving lo ama demasiado.

Sin embargo, no puede evitar sentir vergüenza por lo que se escondió  completamente debajo de las sábanas encogiendo su cuerpo por la pena ajena que se apoderaba de él, la fiebre que fue en incremento.

Necesitaba un supresor.

Salió de su habitación sin encender ninguna luz, tiene fe de llegar hasta la mesa a tientas y consigue la caja de supresores en pastillas. Las cuales son menos efectivas, pero pueden controlar su celo por lo menos un par de horas.

Aunque, antes de regresar a su habitación se quedó mirando entre la penumbra de la madrugada aquella puerta cerrada de la habitación de Hirving y caminó hacia ella. Se pregunta si él estará bien, si ya habrá podido dormir, si está en la misma situación de insomnio o también está sufriendo los estragos del celo.

Presiente algo, quiere entrar y recuperarlo antes de que sea tarde, no podía dejar que su relación se terminará, no iba a permitirlo, pero antes de llamar a la puerta detiene su mano y con resignación regresa a su nido.

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Edson lavaba los trastes luego de ser regañado por los papás de Diego, los cuales pensó no estaban en casa cuando le propuso a Diego ponerse un poco más cariñosos para celebrar su amor.
No pudo objetar ante el castigo impuesto por su suegra, sin embargo lavar ollas gigantes se estaba volviendo un verdadero suplicio.

De pronto, hizo una mueca al escuchar el tono de llamada del celular de Diego, dándose cuenta que había agarrado el celular equivocado.
Mientras se secaba las manos en su ropa, se acercó a la mesa e intentó adivinar qué personaje llamaba a su bebé; pensando en tantos rostros amigos, pero algo le decía que todo se debatía entre Memo y Kevin.

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