Después de las nacionales, la familia de Miya Atsumu se derrumba tras el divorcio de sus padres. Su hermano Osamu se va con su padre, y él con su madre.
Pero nunca creyó que se acabarían mudando a la ciudad natal de su madre y que él entraría al Kar...
I know what we're supposed yo do It's hard for me yo let go of you So I'm justo trying yo hold on
Whenyou're gone - Shawn Mendes
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Noya miraba los últimos peldaños que le quedaban para llegar hasta la azotea donde le esperaban Kageyama y Hinata. Suspiró cerrando los ojos y negó con la cabeza.
Se estiró un poco hacia la izquierda viendo desde arriba el piso de los de tercero, donde algunos alumnos pasaban por el pasillo, o como otros estaban sentados en unos escalones jugando con sus teléfonos.
Soltó aire y se acomodó un poco el pelo para después subir las escaleras y abrir la puerta de la azotea y ser recibido por una agradable -en realidad no- brisa de finales de verano. Si estar dentro de la escuela era caluroso, estar fuera era peor. Pero no podía decir nada cuando su amigo estaba pasando por un mal momento que él mismo creó.
La puerta se cerró detrás de él, y camino hacia la derecha para encontrarse al girar la esquina tanto a Kageyama y a Hinata apoyados en la pared, ambos jugando con la comida. Estaba claro que ninguno le había escuchado llegar, pero se esperaba eso de Hinata ya que romper con Atsumu había sido tan duro como perder un partido de voley.
Pero no se lo esperaba de Kageyama.
Llevaba unos días raro y algo distante.
Ya no le sonreía como antes y tampoco recibía esos besos y abrazos que le encantaban. Ni siquiera algún que otro beso que le robaba en la sala del club. Y cuando ambos estaban en la casa del de ojos azules, lo único que hacían era estar abrazados. Como si el otro tuviese miedo de perderlo.
No había sexo y no es que le importase, pero le hacía creer que a Kageyama ya no le interesaba estar íntimamente con él y eso le afectaba demasiado a su autoestima.
—Chicos, estoy aquí.- habló para llamar la atención del par.
Kageyama apenas alzó la mirada y a Hinata le brillaban los ojos a la espera de que le trajese buenas noticias.
Pero él no era portador de buenas noticias.
—¿Y? ¿Que te ha dicho?- preguntó el pelinaranja mordiéndose el labio inferior.
El libero se sentó delante de él y volvió a suspirar mientras se revolvía el pelo.
—Bueno...
—No quiere verme, ¿verdad?- interrumpió.— Claro que no quiere verme. Yo no me vería a mí mismo después de como terminaron las cosas.
—Shouyo...
—¿Tú crees?- esta vez fue Kageyama el que le interrumpió con un tono claramente desanimado.— Si no te hubieses puesto como una auténtica reina del drama en el cuarto rojo, no habrías sido tan bestia de decir que quizás lo que sientes por el no es amor.