Atsumu dio un bote del susto y miró por la ventana que daba hacia el jardín viendo como la torrencial lluvia que había empezado hace quince minutos no parecía parar.
Más si acababa de caer un rayo seguido de un muy molesto trueno.
—Uwah... ¿Se supone que las lluvias de finales de verano deben de ser así?
—Podrías aclarar todas tus dudas si estudias para ser el nuevo hombre del tiempo de la tele. Pero no te veo muy inteligente para eso.
El rubio le entrecerró los ojos a su hermano que no hacía más que cambiar de canal al haber gobernado él el mando de la televisión.
Bufó molesto y se acurrucó mejor en su esquina del sofá esperando a ver que era lo que su hermano dejaba en la tele.
No le apetecía subir a su habitación a leer y era algo que le encantaba, pero no tenía los ánimos para eso. Además de que su habitación había dejado de ser solo suya e intuía que sería así hasta que se graduara y se fuese a Tokio para entrar en un buen equipo de voleibol que obviamente vería las grandes habilidades que poseía.
También había invitado a Shouyo -ya que habían arreglado las cosas entre ellos- a que fuese a su casa y pasara el rato con él teniendo en cuenta que era fin de semana y no había entrenamiento, pero al ver que se había puesto a llover tan de repente, prefirió enviarle un mensaje donde le decía que era mejor que no fuese ese día.
Podría ser peligroso el bajar aquella gran colina con la bicicleta.
Nunca se sabe, y por culpa del suelo mojado, las ruedas o los frenos podrían fallar y podría llegar a caerse. Y aparte de que se preocupa de su mandarina, no podía permitir que se fracturase algo que le costase semanas o meses de recuperación antes de ponerse a punto para las eliminatorias que los llevarían a las nacionales.
—Chicos, ¿alguno podría abrir la puerta? No puedo quitarle el ojo a la comida.- dijo Hiroki en el momento que el timbre sonó.
Atsumu miró a su hermano de reojo para ver si sería él quien se levantase a abrir la puerta como había dicho su padre, pero estábamos hablando de Samu.
Él no se iba a levantar a abrir la puerta. Estaba claro que la televisión era más importante que la puerta.
Rodó los ojos y fue él quien se levantó para ver que loco se le había ocurrido salir a la calle con semejante clima e iba hasta su casa llamando a su puerta. Esperaba que no fuesen esas personas que van por las casas intentando venderte algo o de las que fuesen por ahí predicando su creencia en Dios.
Porque sinceramente, no sabría como negarse a alguna de esas personas.
Aquello era un momento demasiado incómodo.
—¿Yuu?- preguntó sorprendido al verle tras abrir la puerta.— ¿Qué haces aquí? Demonios entra.- le agarró del brazo sin siquiera obtener respuesta y le arrastró hacia el interior de su casa.— Estás empapado. ¿Cuanto hace que estás ahí? ¿Acaso no estabas con Tobio-kun?
Al escuchar aquel nombre, el labio inferior del castaño empezó a temblar sin control, sus piernas no pudieron soportar más su peso cayendo al suelo de rodillas y de sus ojos empezaron a brotar nuevamente lágrimas que en algún momento del camino habían dejado de caer.
Empezó a llorar con gran dolor llegando a preocupar a Atsumu, y que de repente apareciera Osamu y Hiroki al escucharle.
Le dolía. Dolía mucho.
Kageyama se había encargado de romperle el corazón como nunca creyó que se lo llegarían a romper.
Cuando se fue de su casa, en lo único que pensaba era que quería resguardarse en su casa, bajo sus sábanas y quedarse allí por el resto de su vida, pero cuando se dio cuenta, sus piernas inconscientemente le habían llevado hasta la casa de Atsumu.
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Yo... ¡¿En Karasuno?! (AtsuHina)
FanfictionDespués de las nacionales, la familia de Miya Atsumu se derrumba tras el divorcio de sus padres. Su hermano Osamu se va con su padre, y él con su madre. Pero nunca creyó que se acabarían mudando a la ciudad natal de su madre y que él entraría al Kar...
