Veintidós

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Cuando abrió los ojos y miró por la ventana, no reconoció el lugar.

Al incorporarse, y mirar bien a su alrededor se acordó que iban de camino a Hyogo y como no, él se había quedado dormido.

Hiroki iba concentrado en el camino frente a él y se preguntaba si habrían parado en el camino o simplemente había conducido desde que salieron en plena madrugada desde Miyagi hasta Hyogo y solo habían parado para repostar. Perfectamente podrían haber cogido el tren hasta llegar a su destino, pero teniendo en cuenta que tenían que llevarse las cosas de Osamu, el coche era lo más viable para no pagar por un camión de mudanzas.

Ami iba igualmente dormida en el asiento del copiloto después de haber luchado por a saber cuanto tiempo para no caer rendida. Nada más llegar de su turno en el hospital, se alegró de ver a su hijo Osamu después de casi cuatro meses. Pero las caras tristes de sus gemelos y la seria de su pareja le hizo borrar la sonrisa que se pintó en sus labios. Cuando supo la verdad... Lloró. Lloró las lágrimas que su hijo no había soltado. Después, acabó asintiendo a ir a Hyogo a por las cosas de su hijo pequeño.

No sabría si Osamu habría dormido o no, pero lo pequeños que se veían sus ojos y lo rojos que estaban le hacían pensar que en realidad no había dormido para nada desde que salieron de Miyagi. Entendía que no pudiese dormir por tal vez recordar que estaba siendo llevado al lugar donde iniciaron cada uno de aquellos horribles moretones que bañaban su cuerpo, pero al menos esperaba que por fin pudiese cerrar aquel doloroso capitulo y poder empezar uno nuevo.

Y Atsumu... Cuando él llegó a su casa, le recibió Hiroki con la mejor sonrisa que podía poner en esos momentos. Ami estaba en el sofá de la sala consolando entre sus brazos a su hijo que parecía que en cualquier momento rompería a llorar, mientras que el rubio... Atsumu no estaba por ningún lado y su pequeña cabecita ya se imagina donde y como podría estar. Por eso, con el permiso del castaño, subió las escaleras con fingida tranquilidad hasta la puerta su chico. La abrió siendo recibido por oscuridad, pero no hizo el intento de encender la luz. Cerró con suavidad la puerta y dejó el bolso en el suelo y caminó hacia la cama.

Se subió a esta y luego se metió bajo las sábanas. Envolvió entre sus brazos al cuerpo más grande que enseguida se relajó y enterró la cara en su pecho y apretó con fuerzas su camisa.

—Su espalda está llena de quemaduras de cigarrillos.- dijo.— Y tenia golpes que ya se estaban borrando.

—Pero ahora estará bien. Está con ustedes.

Atsumu hizo un sonido con su garganta estando de acuerdo con las palabras de Shouyo, pero su cuerpo demostraba lo contrario. Sus hombros se sacudían con fuerza y grandes lágrimas salían de sus ojos mojando la camisa del menor.

Le acariciaba el pelo con amor y retenía sus propias lágrimas. Por Osamu, por Atsumu. Debía de mantenerse fuerte por los gemelos.

—Fue mi culpa. Que mi hermano tenga esas marcas es mi culpa.

—No lo es. No digas eso.

—¡Claro que lo es!- dijo con un grito ahogado— Si yo no le hubiese gritado a ese hombre sobre mi bisexualidad... Samu nunca le habría dicho que era gay.- sorbió sus mocos.— Si no... Si no hubiese gritado, mi hermano, é-él...- sollozó.— Habría preferido ser yo quien tuviese esos golpes y cicatrices.

El pelinaranja apretó los labios y dejó de abrazar al rubio para alejarlo y mirarle a la cara con seriedad. Le agarró las mejillas y le limpió los rastros de lágrimas que aún seguían corriendo por ellas.

—No vuelvas a decir eso.- frunció el ceño.— Estoy seguro, que si Osamu-san supiese que eres tu el que está golpeado él preferiría ser el que hubiese recibido esos golpes.

Yo... ¡¿En Karasuno?! (AtsuHina)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora