Diecisiete

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¿Saben la típica charla que le dan los padres a sus hijos cuando les presentas a su pareja? ¿Esa donde es el padre que pone entre las cuerdas al pobre infeliz que ha osado llevarse a su niñita de su lado?

Eso es lo que sentía en esos momentos Suzuki Ami al ver como su hijo escaneaba al hombre a su lado.

Habia sido obligada a tomar una ducha y quitarse los restos de harina del pelo y ropa. Según Atsumu, él y Shouyo se encargarían de continuar la comida. Luego al acabar, tenia que sentarse en el cómodo sofá y esperar a que Hiroki también tomase una ducha y se cambiase de ropa. Algo le hacia pensar que su hijo sabia que el mayor tenia ropa extra consigo.

Al final, lo que iba a ser una rica pizza, acabó siendo unos platos de arroz con curry porque su hijo había hecho incomible la masa. Juraba haberle visto hacer pucheros y como Shouyo le palmeaba la cabeza cual perrito y se ponía a hacer el arroz.

Por eso, después del desastre culinario, no entendía porque se sentía de esa manera. En sus treinta y seis años de vida nunca había pasado una situación como aquella. Ni siquiera cuando presentó a su ex-marido a sus padres.

—¿Trabaja en algo Ishida-san?

El hombre sudó frió y tragó saliva.

—Dirijo un pequeño bufete de abogados.

—¿En qué área?

—Penal.

—Osea, que trata con gente peligrosa.- alzó una ceja.— Eso no me gusta...

Atsumu apretó los labios al sentir como Shouyo le daba un codazo en las costillas.

—¿Tiene hijos?- insistió ignorando el pequeño dolor en su costado.

—No. No tengo.

Vale... Eso por un lado le calmaba. No tendría que lidiar con chiquillos más pequeños que él o  uno cerca a su edad.

Por otro lado, un hombre apuesto como lo era él, y con un buen trabajo y salario, le extrañaba que no tuviese algún hijo que compartir con alguna mujer por una relación fallida.

—¿Como se conocieron?- intervino el pelinaranja. Quería relajar el ambiente.

—La verdad...

Los labios del hombre se curvaron en una sonrisa al igual que los de la mujer de su lado al recordar el como se habían encontrado.

Atsumu, con su cara seria, volvió a alzar una ceja en dirección a su madre y al posible hombre roba mamás en espera de una muy creyente explicación.

—La primera vez que la conocí fue en la preparatoria.- espera. ¿Primera vez?— Ambos eramos alumnos de nuevo ingreso pero que no nos habríamos hablado si no fuera por el club de voleibol.

Atsumu arrugó la nariz.— ¿Jugaste voley?- preguntó a su madre.

Ella nunca le comentó algo como esto.

—Ella era la nueva mánager. Al principio nuestras personalidades chocaban pero después ella se volvió más bonita y mis ojos solo podían verla a ella y olvidaban por completo seguir el balón.

Espera. Un. Momento.

Eso que veía... ¡¿Era un sonrojo en las mejillas de su madre?! Sus neuronas estaban haciendo cortocircuito y no estaban procesando la información como era debido. Además, el tono meloso y claramente de enamorado que emitía Ishida le dejaba claro a Atsumu que de momento su madre estaba en buenas manos.

Pero no estaba satisfecho con solo saber esto.

—Nos hicimos novios pero al graduarnos yo me quedé en Miyagi, ella salió de la prefectura y después de veintitrés años la volví a ver.

Yo... ¡¿En Karasuno?! (AtsuHina)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora