Diez

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Hinata se limpiaba de las manos los restos de arcilla que habían quedado en ellas.

Su pobre cara la sentía extremadamente caliente y sentía que si miraba aunque fuese un milisegundo al rubio, su tono de piel pasaría a una nueva escala de rojo.

Después de tan íntima y sin duda intensa sesión de fotos moldeando arcilla -en realidad no ya que solo se fijo en el brillo que desprendía los ojos de Atsumu en vez de la arcilla- le siguieron muchas mas fotos demasiado sugerentes junto al rubio que le hacía poner todos los nervios de su cuerpo realmente alterados. Había sufrido por llevar solo una camisa que dejaba a la vista la ropa interior que le habían prestado.

Pero sufrió mucho más al tener a Atsumu con su torso desnudo demasiado cerca de su persona. Sí, bueno, lo había visto un par de veces mientras se cambiaba en la sala del club, pero esto era diferente. Parecía diferente.

Y la verdad, no quería pensar que podría cambiar a Kageyama cada vez que viese el musculoso cuerpo de un hombre. El pelinegro también tenia buen cuerpo, pero Atsumu era... Diferente.

Se mordió el labio inferior y giró levemente su cabeza hacia atrás viendo la ancha espalda de Atsumu. Él también se estaba limpiando las manos y aprovechó aquello para cambiarse a la velocidad de la luz.

Por su parte, el rubio tenia las orejas en llamas y se sentía avergonzado de mirar al pelinaranja. No solo por haber descubierto sus verdaderos sentimientos, sino que una carpa se formaba en sus pantalones debido al menor.

Estaba sin duda, avergonzado.

¿Como se excitaba por solo tener la cercanía de Hinata?

Giró su cabeza hacia atrás en el momento exacto en que el chico se quitaba aquella holgada y algo trasparente camisa dejando a la vista su cremoso cuerpo. La piel era blanca y tenia una cintura tan pequeña que estaba seguro que sus manos encajarían a la perfección allí. Sus piernas que había visto infinidad de veces en los entrenamientos, ahora eran como mas llamativas a sus ojos. Su trasero bajo aquel pedazo de tela negro, marcaba a la perfección un par de nalgas que sin duda quisiera estrujar mientras hace...-

Se llevó las manos a su boca y volvió a mirar a la pared. Sus pensamientos se estaban desviando a lugares que no debería. Hinata tenia a alguien que haría lo que su cochina mente imaginaba. Y tenia unos principios, y sin duda Hinata Shouyo estaba lejos de su alcance.

Se desabotonó los pantalones y miró como su miembro era apretado por sus bóxer. ¿Que podía haber? No podía salir con eso a la calle.

Sacudió su cabeza y acabó sacándose por completo los pantalones quedando solo en la ropa interior. Con la mirada buscó su ropa, y al encontrarla se dispuso a cogerla pero la repentina llamada de Hinata le hizo voltear a verlo.

—Miya-san, quisiera saber por...-

El menor paró de hablar y dirigió su mirada al lugar.

Sus curiosos ojitos se abrieron por completo y su boca formó una diminuta o mientras sus mejillas volvían a enrojecer.

Ante tan tierna expresión, Atsumu siguió con su mirada la de Hinata hasta dar con su excitada entrepierna.

El bochorno volvió a él y con prisa se cubrió aquella zona en vano al ser descubierto.

—Estás duro.- susurró el pelinaranja.

—N-no... Yo...- estaba tan avergonzado que no sabia que decir.

—Um... No... No puedes salir así.- volvió a susurrar

—T-tranquilo... Y-ya se irá.

—Pero debe ser doloroso.- dio un paso al frente algo vacilante acercándose al rubio.

Yo... ¡¿En Karasuno?! (AtsuHina)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora