Cuarenta

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El siempre ha sido un chico bueno.

No molesta a nadie.

Hace lo que le dicen.

Intenta quedarse al margen de cualquier problema aunque a veces parece un imán para ellos.

Tiene su temperamento, pero sabe gestionarlo... A veces.

No es muy inteligente que digamos, y si aprueba las asignaturas es básicamente un milagro.

Pero aunque no sea tan listo como Tsukishima o Atsumu, es lo bastante listo para saber que estar sentado tras el escritorio de un oficial de policía no puede ser nada bueno.

El estaba tranquilo en su casa, preparando el desayuno que compartiría con Noya al haberse quedado a dormir en su casa durante el fin de semana. Habían visto una película en la noche mientras comían pizza y después ambos se habían dado un baño juntos. Puede que el baño se alargase más de lo debido ya que entre una cosa y la otra, acabaron haciéndolo en el baño.

A su mente todavía le llegaban los gemidos y maldiciones que retumbaban en las paredes; que soltaba Yuu cada vez que entraba en su interior.

Nunca llegó a pensar que Daichi iría hasta su casa un sábado por la mañana y encima en su traje de policía para llevarle a comisaría.

Por un lado, tenía miedo. Es decir, estaba en una maldita comisaría de policía, y eso la mayoría de las veces era por algo malo. Pero por otro lado, estaba muy tranquilo. No había hecho nada malo. No había robado ni cometido ningún delito que él sepa.

Y las preguntas que le hicieron en su momento en el hospital las había respondido hace tiempo.

Así que seguía sin saber que demonios estaba haciendo allí. Y encima solo.

Porque no le habían dejado que Noya le acompañase.

—¿Kageyama?

Al escuchar su nombre, giró su cabeza y parpadeó un par de veces.

—Suga-san. Buenos días.

—¿Que haces aquí?- esta vez fue Daichi el que habló dirigiéndose hacia el chico del lunar.

—Vine a traerte unas cosas que te dejaste en casa pero...- frunció en ceño y volvió centrar la mirada en el pelinegro.— La pregunta aquí es, ¿que haces aquí Kageyama?

—Pues...

—¿Has hecho algo malo? ¿Acaso te has metido en alguna pelea?

—La verdad es...

—No me digas, ¿estabas en el lugar y momento equivocado?

—Suga.- interrumpió Daichi.— No es por nada de eso. Tranquilo.

El peligris alzó una ceja en dirección del castaño y cruzó los brazos sobre su pecho.

—¿Me dices que me quede tranquilo viendo como mi antiguo kohai está en una comisaría?

—No eres su madre, Suga.

—...Al menos se preocupa más que la mía.

La mirada entrecerrada de Daichi le hizo no querer volver abrir la boca.

El chico del lunar suspiró y se revolvió un poco el pelo antes de mirar de nuevo al castaño.

—¿Por qué está aquí?

—No puedo hablar sobre ello, Suga. Es un asunto oficial.

El peligris chasqueó la lengua y rodó los ojos.

Se giró para ver al de ojos zafiros y se agachó ligeramente para estar a su altura.

—Kageyama, si estás en algún problema, llámame, ¿vale? Estaré ahí para lo que necesites.- el chico asintió.— Entonces me voy.

Yo... ¡¿En Karasuno?! (AtsuHina)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora