Después de las nacionales, la familia de Miya Atsumu se derrumba tras el divorcio de sus padres. Su hermano Osamu se va con su padre, y él con su madre.
Pero nunca creyó que se acabarían mudando a la ciudad natal de su madre y que él entraría al Kar...
Esa mañana cuando a Atsumu le sonó la alarma de su teléfono para que se levantase, quiso mandarla al mismísimo infierno. Bueno, siempre lo hacia pero ahora sus ganas eran mayores.
No era lo mismo maldecir a la alarma para ir a su escuela en Hyogo a que sonase su alarma en Miyagi para ir a Karasuno. Esto parecía una muy mala broma. Estudiaría en la escuela que lo venció en las nacionales. Y las ganas de querer entrar al equipo de voleibol eran pocas. Amaba el deporte, pero no sabría como mirar a aquellos que le vencieron una vez.
Tampoco quería que Kageyama lo viese de una manera tan lamentable cuando en el campamento juvenil de la sub-19 había actuado súper confiado y cool. Ahora se veía terriblemente lamentable y patético.
Suspirando, se levantó sin ganas y se fue al baño. Se lavó la cara y se miró al espejo. Tenia ojeras bajo sus ojos y suspiró pesado. Tenía que borrar esas imperfecciones de sus ojos para dar una buena impresión a sus compañeros. Debía mostrarles su mejor lado. No el mas lamentable. Abrió los cajones del mueble y sacó su kit de imperfecciones y empezó a cubrir sus ojeras. Al acabar asintió y guardando todo salió del baño para ir a su habitación.
Se quitó la camisa y los pantalones que había usado para dormir quedando en sus boxers negros. Cogió los pantalones de su uniforme y se los puso seguido de la camisa. Le siguieron los calcetines, el suéter de color beige y la chaqueta. Al menos no tenia que lidiar con una jodida corbata. Se miró al espejo que tenia a un lado de su nuevo escritorio y asintió. No se veía tan mal en ese uniforme negro. Agarró su teléfono, su bufanda y el bolso para la escuela.
Bajó las escaleras y entro por la puerta que daba a la cocina. Había un par de platos en la mesa y volvió a suspirar. Dejó el bolso y la bufanda en el sofá mientras se acercaba a la mesa. Su madre había echo arroz y salmón frito. Al lado había un pequeño bento para su comida en la escuela y junto a este una pequeña nota.
Agradeció por los alimentos y leyó la nota.
Cariño, tuve que irme a trabajar temprano. Ahí te dejo el desayuno y un bento para la escuela.
Te quiere, mamá.
Arrugó la nota y comió con tranquilidad. No era inusual que su madre no estuviese en casa. Siempre andaba trabajando al igual que su padre y le sorprendía que se hubiesen divorciado si casi no se veían.
Acabó de comer y dejó los platos en el fregadero y miró la hora. Si no se daba prisa llegaría tarde y quería mantener su registro de puntualidad intacto como había estado haciendo desde que tiene memoria. Podría ser arrogante y demás, pero le importaba tener buenas calificaciones.
Enrolló su bufando alrededor de su cuello y agarró el bolso. Cogió sus llaves y poniéndose sus zapatos salió de su casa poniendo el seguro. Sacó su teléfono y se deprimió un poco al ver que Samu no le había ni llamado ni mandado un mensaje. Sacudió la cabeza activó su ubicación. Introdujo las palabras Karasuno High School y le indicó la ruta. Alzó la vista y empezó a caminar enterrando su nariz en su bufanda.
Allá vamos, Karasuno.
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