Dieciséis

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Oh, demonios. ¿Qué debería hacer?

De su pelo escurrían gotitas de agua que caían al lavabo y tenia las mejillas mas rojas que nunca en la vida. La toalla que tenia rodeando su cintura le hacia sentir mas expuesto que en otras ocasiones. Podía ver claramente como se levantaba un poco al frente por la erección que no pudo ni bajar en la ducha y todo su cuerpo sentía la anticipación del acto cosquillear por todos lados.

A través del espejo miró la puerta cerrada que le separaba de la habitación donde Shouyo ya le esperaba igualmente duchado.

¿En serio iban a hacerlo? ¿En serio le iban a desflorar?

Porque las intenciones de Shouyo habían sido muy claras cuando le dijo que quería hacerle el amor. Quería poner su p en su c.

Y estaba jodidamente nervioso.

Él tenia por seguro que cuando lo hiciera con Shouyo, le habría llevado a una cita al cine. Después irían a comer en un bonito restaurante y por ultimo le haría poner los ojos en blanco con sus caricias en una cama llena de pétalos de rosas contrastando con su blanca piel.

Pero no había visto venir que su menuda pareja quisiera ponerle a él los ojos en blanco por sus caricias. Y a él sinceramente no le importaba la manera en que Shouyo quisiera tomar aquello que nunca pensó darle a nadie, la verdad.

—¿...Qué?- fue lo único que pudo decir con hilo de voz al escuchar la voz del pelinaranja.

—Q-quiero hacerte el amor.

La confianza y seguridad que parecía haber invadido a Hinata lo iba abandonado lentamente al no decir nada y verse a los ojos.

Por su parte su corazón dolía en su pecho de lo rápido que latía y estaba seguro que de sus pobres orejas estaba empezando a salir humo.

Aún así...

Aún así, su mente no podía olvidar las palabras de su padre. Como su simple existencia parecía haber sido borrada de la casa en la que había vivido toda su vida. Y aquel atisbo de dolor que cruzó un instante por sus ojos fue notado por Hinata que se alejó de él y puso de pie regalándole una sonrisa comprensiva.

—Si no quieres no pasa nada. No voy a forzarte a algo que no quieres.

Atsumu se apoyó en sus codos y pudo ver la erección marcada en el pantalón de Hinata y eso solo logró que una corriente eléctrica atravesara todo su cuerpo.

—No, yo...- aunque quería decir algo, su garganta parecía cerrada.

—Iré a darme una ducha.- le dijo dando la vuelta caminando hacia el baño.— Te daré tu espacio y... Si cambias de opinión, dímelo.

El sonido de la puerta siendo cerrada le hizo darse cuenta que había estado reteniendo la respiración en todo momento.

Se volvió a echar en el mullido y cómodo colchón y se tapó los ojos con uno de sus brazos soltando un pesado suspiro de sus labios. Su entrepierna molestaba y no sabia si para bien o para mal. Él era siempre el que llevaba el control en una relación. Era el que dominaba no el que era dominado. Pero saber que Hinata quería tomar el control para este momento, le ponía más caliente de lo que llegaba a imaginar.

Por un lado, quería sentir lo que el diminuto cuerpo de su amante era capaz de hacerle, pero por otro lado, ¿era correcto hacerlo? ¿Estaba bien después de lo que pasó con su padre?

Al sentir de nuevo la puerta ser abierta, alzó la cabeza viendo al pelinaranja salir con uno de los albornoces que proporciona el hotel rodeando su cuerpo. Secaba su pelo con una diminuta toalla y al cruzar miradas le regaló una sonrisa. Ambos estaban nerviosos, pero no se atrevían a decirlo. Solo el intercambio de miradas y los movimientos torpes son los que los delataba.

Yo... ¡¿En Karasuno?! (AtsuHina)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora