Jisung se adentro en su nueva casa, la enorme mansión que había sido testigo de tantas cosas y de las que nadie tenía idea. Se sentía tan bien estar en ese lugar, pero a la vez una rabia enorme se apoderaba de su ser al recordar la razón por la que estaba ahí. Estar en esa casa era un gran paso y todo se lo debía a Changbin, realmente lo adoraba, no sabía que hubiera sido de él sin el pelinegro.
—Es legalmente tuya cheeks— reveló Seo.
—¿La compraste de verdad?
—No, tu la compraste, yo soy un simple guardaespaldas.
—Changbin esto es una locura, estoy eternamente agradecido contigo— admitió el castaño abrazando con fuerza al mayor.
Changbin correspondió el abrazo, se había encariñado bastante con el niño, quizás debía de admitir que su historia le había llegado al corazón y que no hacía lo que hacía solo por dinero o porque era su trabajo.
—De todas formas esta casa no va a servirnos de mucho, a menos que usemos a Chan.
—Ya veremos qué hacer, podemos ver si se olvidó de algo aquí dentro— sugirió Han.
—No lo creo cheeks, pero si insistes.
Jisung comenzó a instalarse en la casa esa semana, con la ayuda de Changbin fue llenando los enormes espacios del lugar para poder fingir clase y que se viera mucho más creíble. Él también debía infiltrarse en esa sociedad, ser la persona que comience a despertar sospechas sobre aquella mujer. Iba a ser un proceso lento, pero estaba seguro de que iba a llegar a su meta.
En ese momento no le importaba nada más que su objetivo, le daba igual a quién destruía durante el proceso, Jisung no miraba a los costados, iba arrasando con todo lo que se cruzaba en su camino, importándole poco quien salía herido. Todos sufrirían su ira, su enojo y dolor.
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Chris había sufrido una semana de abstinencia y encima había soportado la nueva-vieja cercanía de Seungmin y Hyunjin, habían vuelto a notarse muy cercanos, pero no podía saber si se estaban acostando o no, porque últimamente Minwoo lo había llevado a cada reunión que tenía, y si no era ella era Jisung. Eso le molestaba, no estaba feliz de no tener a Kim para él solo.
Aquella madrugada, los Hwang y Minwoo habían viajado a Busan, por lo que su pequeña presa y él se encontraban solos en la casa. Se dirigió a paso tranquilo hacia la habitación de Seungmin y cuando estuvo a punto de entrar, recordó la tortura por la que había pasado aquella semana. Tocó la puerta y esperó.
—Muy bien, aprendiste— comentó uno voz desde su espalda.
Era Seungmin, claramente, lo estaba esperando escondido en la oscuridad del pasillo. En ese momento Bang se dio cuenta de que el menor lo tenía como quería, pero le quitó importancia. Quizás la piel de aquel chico era adictiva, quizás había algo en sus gemidos, quizás sus manos lo recorrían tan perfectamente que ya no podía pensar en nadie más.