Si la vida le diera la oportunidad de volver a empezar no la aceptaría, no estaba seguro de poder aprovechar otra chance para vivir adecuadamente. Estaba tan acostumbrado a esa rutina, levantarse sin fuerzas, pero impuesto a cumplir con sus obligaciones. Llegaba a la escuela, pasaba unas cuantas horas de mierda con personas que odiaba y luego salía en busca de algo que lo aliviara.
Christopher no sabía que consumía, ni nunca iba a saberlo, sabía que en cuanto el mayor se enterara llegaría su fin. Aunque él fuera el que más lo entendía, sabía que no podía comprenderlo del todo. Felix necesitaba algo que distendiera su mente, que la relajara, algo que pudiera hacerlo sentir un poco mejor por unas pocas horas. Y para eso no había nada mejor que la droga.
Lo cierto es que cuando se está tan solo, es muy fácil que ese tipo de cosas te consuman, o quizás así lo sentía él, en un intento de no sentirse tan mal con lo que hacía. Aunque en el fondo sabía que él era el único culpable al meterse esas cosas.
—Hace unos días te defendí frente a un compañero que decía que te drogabas...
Una voz se escuchó a sus espaldas, no supo identificar de quién era, no conocía a muchas personas y esa voz no encajaba con ninguna de las que acostumbraba a escuchar. Giró sobre sus talones para quedar de frente a la persona que le había hablado, dispuesto a responder de la única forma que sabía.
—No debiste hacerlo, no sabes lo que pasa en mi vida como para asegurar algo tan a la ligera— respondió el rubio cruzándose de brazos.
—Es irónico, porque yo reprendí a mi compañero por juzgarte sin conocerte.
Lo conocía, sabía que era de la universidad, no podía ser de otro lado. Solo no sabía de qué clase, no estaba seguro. Tampoco le importaba mucho, seguro lo sabría cuando divulgará por todos lados que se drogaba. Justo en ese momento lo más importante era idear alguna excusa creíble para que Christopher no lo matara.
—Al parecer eres de los que no siguen sus propios consejos.
—Te tenía fé— admitió el pelinegro.
—¿Como vas a tenerle fé a alguien que va a dirección cuatro veces por semana?— cuestionó Felix con incredulidad.
—...No lo sé, no me parece que eso sea tan importante.
—Sinceramente aún no se quien eres— admitió el menor.
—Seo Changbin, de química— recordó Changbin.
Felix cayó en cuenta inmediatamente de quién se trataba. Era aquel chico que siempre se encontraba rodeado de amigos, con los que reía y se divertía como si ir a la universidad fuera la mejor cosa del mundo. Era algo así como mejor amigo de Song Mingi, el chico por el que media escuela moría.
—Con razón, ahora entiendo todo— comentó el rubio con una sonrisa sarcástica surcando sus labios.
Felix dió media vuelta para continuar su camino por ese frío y sucio callejón, lo único que quería era llegar a su casa y deshacer alguna de esas coloridas pastillas en su boca. Descansar de una larga semana de abstinencia, donde no tenía dinero suficiente para llegar a ellas. Necesitaba esa dopamina recorriendo sus venas, ver sus ojos dilatados, la energía que invadía su cuerpo, no podía esperar más.
—Felix, no sé lo que pasa en tu vida, pero esto solo puede empeorar las cosas, creeme— aseguró el mayor.
—¿Como estas tan seguro?— cuestionó Felix volteando a mirarlo.
No hizo falta que el contrario respondiera, pudo entender lo que quería decir con solo mirarlo. Sus ojos le dijeron todo, de alguna forma fue demasiado fácil de entenderlos. Realmente se sintieron como una ventana al alma, cosa que puso un poco incómodo a Lee, esperaba que sus ojos no fueran tan expresivos.
—Puedo ayudarte.
—No soy prostituto— se apresuró a responder el menor, manteniendo una gran distancia entre él y el azabache.
—¿Que...? Yo, no quiero eso.
—¿Entonces qué quieres? No tengo dinero— cuestionó el rubio con desconfianza.
—Nunca te pedí nada...— respondió Changbin algo confundido.
—Nada es gratis en esta vida.
Aquella respuesta dejó algo sorprendido al mayor, estaba seguro de que la vida había golpeado fuerte al pequeño pecoso. Era desconfiado y arisco, como un animalito salvaje, no quería la ayuda de nadie por más que la necesitara, prefería morir en su propia miseria. Su mirada era tan profunda que no parecía tener final, como un pozo vacío, sin nada bueno que contar.
Felix solo pensaba en lo tontos que se veían hablando desde tanta lejanía, como si una barrera enorme los separara. Sintió un poco de pena por Changbin, el mayor solo intentaba ayudarlo, pero él no quería ayuda, no ahora, ya era demasiado tarde para eso. Se acercó un poco al pelinegro, quién lo miraba expectante, como si esperara que de la nada aceptara su ayuda.
—¿Qué haces aquí Changbin?— interrogó el menor, como si no fuera obvio lo que hacía Changbin.
—Te seguí cuando saliste de clases.
—¿Por qué?
—Porque en el fondo sabía que Seungmin tenía razón y creo que eres un chico con un gran futuro por delante como para estancarte en esta mierda— respondió el pelinegro con sinceridad.
—¿Como estas tan seguro de ello?
—Porque se nota que solo necesitas a alguien que crea un poco en tí.
—Me ves como un idiota inestable— comentó el menor llegando a una conclusión.
—No creo que seas muy estable si consumes, normalmente los adictos buscan una escapatoria del mundo real en las drogas— informó Changbin con seriedad.
Felix escaneó al mayor de arriba a abajo. Llevaba ropa de marca, un reloj caro, se movilizaba en un precioso deportivo negro, sus dientes siempre se encontraban tan blancos como perlas, su cabello siempre arreglado, al igual que su perfecto y pulcro uniforme. Era un hombre con dinero, de la alta sociedad, el lugar que su hermano le había pintado mil y un veces como el más falso e interesado del mundo, dónde no existían los favores, solo los negocios.
No iba a meterse en ese lugar, no quería deberle millones a alguien poderoso que podía manejar su vida como quisiera. Luego iba a acabar pagándole de la única forma que podía y, aunque Changbin fuera totalmente su tipo, él no se vendía, prefería morir antes que eso.
—Cuida tu bonito reloj en esta zona Changbin— comentó el rubio antes de desaparecer entre los callejones.
Seo permaneció en su lugar algo frustrado, sabía que no iba a ser fácil de convencer, pero había tenido una pequeña esperanza cuando Felix se acercó levemente a él. Iba a seguir intentándolo, claro estaba. Había algo en ese pecoso que lo impulsaba a intentar rescatarlo de el lugar de donde tanto le costó salir a él mismo. Generalmente no se metía en los asuntos de los demás, pero esta vez no pudo resistirse, veía un gran futuro en el menor.
Pero las cosas iban a resultar más difíciles de lo que pensaba.
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Bienvenida mi gente bella<3
¿Que les parece este Félix?
Espero q les haya gustado mucho el cap, no olviden dejar su estrellita hermosa si así fue. Lxs tkm💖💖
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𓏲ָ 𝑺𝒖𝒈𝒂𝒓 𝒎𝒐𝒎𝒎𝒚✨//ᶜʰᵃⁿᵐⁱⁿ
Romansa¿𝐐𝐮𝐞 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐩𝐞𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐫 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐧𝐨𝐯𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐭𝐮 𝐦𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐭𝐮 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚 𝐞𝐝𝐚𝐝? 𝐄𝐥 𝐨𝐝𝐢𝐨 𝐟𝐥𝐨𝐫𝐞𝐜𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐚𝐦𝐛𝐨𝐬 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐮𝐬 𝐨𝐩𝐢𝐧𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐧...
