Siempre me hago el contento,
pero hoy no me apetece.
Y no entiende que siempre
ha sido diferente.
Como Venecia sin agua,
como Madrid sin gente.
− ¡Apaga eso! −escuché medio dormida.
Apagué la alarma con una mano y me levanté corriendo del sofá. Había despertado a Marcos a las seis y media de la mañana, y odiaba despertarse temprano, así que me tocaría aguantarlo un día entero con mala leche.
Me moví hacia la habitación a coger algo de ropa y lo vi taparse la cara con una almohada, frustrado. El lado derecho de la cama estaba intacto, como si me hubiera esperado para que me acostara a su lado. Me duché rápida y me vestí para irme a trabajar.
− Me voy. −le dije metiendo cosas en el bolso. −Volveré a la hora de la comida, pero si quieres puedo venir antes. −me puse los zapatos. − ¿Marcos? ¿Estás despierto? −pregunté acercándome a él.
− Por desgracia. −masculló, dejando ver su cara.
Se incorporó en la cama y me miró con cara de sueño. Bostezó y buscó con su mano algo en la cama, se puso una camiseta y se quitó las sábanas de encima, me miró esperando que hiciera algo, pero yo estaba concentrada en sus piernas y en sus cicatrices.
− ¿Me pasas un pantalón? −preguntó mirando la cómoda.
− Sí, claro.
Hice lo que me pidió y se lo di. Se cambió de la cama a la silla en un salto y me miró.
− ¿Sería mucho pedir que me pusieras los zapatos? −preguntó con una sonrisa.
− Pensé que te habías enfadado. −me agaché delante de él y se los puse con cuidado. −Por lo de anoche.
− No. Solo estaba triste. −tosió un poco.
Suspiré y terminé de atarle los cordones en silencio, me levanté cuando acabé y cogí el bolso, dispuesta a irme a trabajar.
− Tengo que irme, llego tarde. −le dije apresurada. −Y Saúl no me va a permitir ni un minuto.
− Voy contigo. −me dijo acercándose a mí.
− ¿Conmigo? ¿A trabajar? −pregunté sin creérmelo.
− Sí, bueno, no me voy a quedar aquí solo. −abrío la puerta. −Vamos.
− A ver, Marcos... −cerré la puerta. −No me puedo permitir un taxi y para llegar al tranvía vamos a tener que correr. Y no estás en condiciones...
− Vamos andando. −me interrumpió.
− ¿Andando? ¿Al bar? Está en Alicante. −le informé. −Tardaremos bastante y te repito que no puedo llegar...
Unos golpes en la puerta volvieron a interrumpirme. Abrí la puerta estresada por el tiempo y me encontré a Leire sonriente, sosteniendo unas llaves delante de mi cara.
− He pensado que vendría bien una ayuda. −sonrío y miró a Marcos. −Soy Leire.
− Marcos. −saludó con la mano.
− Seré vuestro taxi. Os espero en el coche. −se dio la vuelta y se montó en él.
Miré a Marcos, que negaba con la cabeza en mi dirección, bastante nervioso, y se alejó de la puerta, como si hubiera cambiado de pensamiento.
− ¿No vienes? −le pregunté.
− No, no. Ni de coña. −negó.
− Vale. −abrí el armario de la cocina. −Te tienes que tomar esta antes de comer. −se la dejé encima de la mesa. −Por si no llego a tiempo. Te voy a bajar un vaso. −saqué un vaso de la alacena y lo dejé encima de la barra. −Si tienes algún problema, puedes llamarme. −le miré. −Nos vemos.
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Volver a Mar
RomanceMar y Marcos han estado enamorados desde que se conocen, pero nunca se han dicho nada sobre eso. De hecho, ambos tomaron caminos diferentes y con personas diferentes, en ciudades distintas. Mar decidió quedarse en su ciudad natal mientras que Marcos...
