Y si te digo la verdad,
me cuesta imaginar
que ahora somos dos extraños.
Dos extraños que no saben olvidar.
Había cancelado la cita con el psicólogo explicando los motivos, el hombre había sido comprensivo y nos había dado otro número de una chica especialista en estos casos, solía tratar a sus pacientes a domicilio o por zoom, así que Marcos no puso ninguna pega al respecto.
Hice una compra rápida por internet mientras él veía algo en la televisión. Me senté a su lado para esperar al repartidor. Marcos había dejado su asiento en la silla de ruedas y se había acomodado como había podido en el sofá. Estaba tan concentrado en cambiar de canal una y otra vez que no me miró cuando me habló.
− Tu amiga es un poco insoportable. −me dijo sin más.
Helena podía llegar a ser insoportable muchas veces, lo más curioso es que creo que lo hacía a posta, pero aun así no iba a dejar que se metiera con mi única amiga de la universidad, por no decir con mi ex cuñada.
− Es buena gente. −le miré. −Lo que pasa es que se piensa que nos estamos acostando... Y lo de su hermano... −musité.
− ¿Si no estuviéramos acostando qué? −me miró serio. −Tú y su hermano lo habéis dejado, te puso los cuernos, tienes derecho a follarte a quien te dé la gana. −sentenció firme. −Y ella no puede juzgarte por eso.
− Lo sé, lo sé. −miré la televisión. −Solo es complicada. −suspiré.
Marcos no dijo nada más sobre el tema de Helena, y lo agradecí. Básicamente porque no podía dejarme influenciar por sus palabras como siempre había hecho. Funcionábamos así: me hacía amiga de alguien y a Marcos nunca le caía bien, resultaba que me la jugaba y Marcos me soltaba el "te lo dije".
Llegué a pensar que nunca iba a hacer amigos de verdad si no era con su ayuda, ser introvertida no ayudaba. De hecho, creo que los amigos que tenía son siempre porque ellos quieren ser mis amigos, no elegí a ninguno, a ellos le parecí buena persona y decidieron hablarme. Y yo me quedaba con ellos.
Eso era lo que Marcos un día. Me caló tan hondo que todavía lo pensaba algunas noches, cuando no podía dormir.
− Oye...
El timbre interrumpió a Marcos.
Me levanté del sofá y abrí la puerta, sabía de sobra que era la compra que había encargado así que ni me molesté en mirar por la mirilla.
− Hola, hija. −mi madre me dio dos besos antes de que pudiera reaccionar. −Hemos venido a ver a Marcos. −sonrío.
− Podíais haber avisado. −musité.
− Se lo dije. −mi padre me saludó de la misma forma.
− Bueno, quítate de la puerta y déjanos entrar. −se río mi madre.
Me aparté para dejarles pasar, escuché como saludaban a Marcos efusivamente desde el porche. El chico de la compra había llegado en ese momento, así que me perdí el saludo y las primeras impresiones de mis padres de mi casa, aunque ya me imaginaba lo que iban a decir. Sobre todo una vez se fueran.
Llevé la compra dentro y la ordené rápida, antes de que mi madre o Marcos me echaran la bronca por dejarla encima de la barra de la cocina. Cogí asiento en la silla de aluminio que utilizaba para la máquina de coser, justo detrás del sofá, y me uní a la conversación.
− Tienes buen aspecto. −le dijo mi madre. −Muy guapo hasta con las cicatrices. −le tocó una de la mejilla.
− ¡Mamá! −exclamé.
ESTÁS LEYENDO
Volver a Mar
CintaMar y Marcos han estado enamorados desde que se conocen, pero nunca se han dicho nada sobre eso. De hecho, ambos tomaron caminos diferentes y con personas diferentes, en ciudades distintas. Mar decidió quedarse en su ciudad natal mientras que Marcos...
