Capítulo XXIX: Bebé (Ana Mena, Dejota2021).

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Aunque ya no estés conmigo,
y ahora tengas otra amante.
Me cuesta resignarme
a estar sin ti, bebé.

No me contestó. Y no pensé que su contestación ausente fuera porque eran las dos y media de la mañana y seguramente estaría durmiendo para poder levantarse temprano para la sesión del psicólogo, no. Mi mente, y las copas, pensaron otra cosa, muchas cosas distintas. Que estaba con otra, que no quería contestarme, que se había olvidado de mí.

Sé que es imposible olvidarse de una persona tan importante de un día para otro, pero en ese momento no era capaz de mostrar mi lado consciente y lógico, si es que tenía un lado así, porque lo dudaba.

− Vale, Gabi ya ha ligado. −me dijo Leire señalándolo con la copa. −Ahora solo quedamos nosotras. −se giró buscando a alguien.

− Dirás que solo quedas tú. −me moví al ritmo de la música. −Yo no pienso volver a hacer ningún trío como aquella noche. −me reí al recordarlo.

− Noooo. −alargó la o, claramente borracha. −Solo un par de besitos. −se río, moviéndose entre la gente.

Sabía que Leire era un peligro de normal, y había comprobado que con alcohol encima era mucho peor. No tenía vergüenza a nada cuando iba sobria, así que no había que ser muy lista para saber que un par de copas y unos cuantos chupitos era una bomba sin miedo.

Y efectivamente en menos de cinco minutos se estaba comiendo la boca con un chico que parecía más contento que ella. No le quité ojo en todo lo que duró aquel lío, no quería dejarla sola en una ciudad desconocida para ella, Gabi me daba un poco más igual porque se la conocía a la perfección. Además, era mi única amiga de verdad, no podía dejarla.

− Mar. −me llamó ella, con la mano. − ¡Ven! −se río.

Mis pies se movieron solos y me metí como pude en ese círculo repleto de gente desconocida, eché un vistazo hacia atrás para ver dónde estaba Gabi, pero no lo encontré, supuse que seguiría fuera con aquella chica.

− Te voy a presentar. −me cogió del brazo y lo entrelazó con el suyo. −Este es Dani y él Cris. −me presentó a dos chicos.

Pero nosotros ya nos conocíamos. Los saludé como si fuera la primera vez que los veía, pero no les dije mi nombre, no hizo falta, porque me reconocieron, aunque no sé cómo se acordaban de mí.

− Ya nos conocemos. −dijo Cris. −Del instituto.

− ¿En serio? −preguntó Leire, sorprendida. −Quiero saber esa historia. −nos dirigió a todos a la terraza, que también estaba repleta de gente, pero la música no sonaba tan fuerte.

− No es nada del otro mundo. −dije yo. −Eran los mejores amigos de Marcos. −suspiré.

Volvía a decir su nombre, a pensarlo, a estar cerca de él aun estando lejos.

− Sí, cuando no nos dejaba tirados por irse con ella. −río Dani, pasando un brazo por encima de mis hombros. − ¿Sabéis que Marcos se ponía en plan hermano protector con Mar tantas veces que ni siquiera nos dejaba acercarnos a ella?

Intercambió una mirada con Cris, que también se estaba riendo. Le quitó el brazo de mis hombros de un golpe, todavía riéndose.

− Sí, la norma sigue a día de hoy. −nos miró a Leire y a mí. −Más que un hermano, parecía un novio tóxico.

Ahora éramos Leire y yo las que nos mirábamos, pero en vez de reírnos, nos pusimos serias. ¿Y si era exactamente eso? Que cuando éramos adolescentes también sentíamos lo mismo, pero hubiera sido tan tóxico que preferimos no hacer nada. No contarnos nada de lo que sentíamos para no perdernos. ¿Y si todo esto había pasado cuando tenía que pasar? No podíamos acelerar las cosas, y por más que las atrasáramos, siempre nos acababan alcanzando.

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