Su voz no era firme; se le quebró como si hubiera estado conteniéndola todo el camino—. Necesito hablar contigo. A solas. ¿Puedo pasar?
Lo miré unos segundos. Tenía la expresión de alguien que venía de pelear contra sí mismo y perder.
—Sí… entra. Pero que sea rápido. Estoy agotada.
Cerré la puerta detrás de nosotros. Me senté en la cama, pero él ni siquiera intentó imitarme: caminaba de un lado a otro, pasándose la mano por el cabello, como si el cuerpo no le alcanzara para sostener todo lo que sentía. Cada respiración parecía costarle.
Y yo… sentí un nudo en el pecho. No era miedo de él. Era miedo de lo que estaba a punto de escuchar.
—Asher… ¿qué pasa? —el temblor en mi voz delataba mi preocupación.
Se detuvo en seco.
Me miró.
Y el dolor que tenía en los ojos fue tan directo que tuve que apartar la vista un segundo.
—¿Y me lo preguntas, Eloy? —sus palabras se quebraron, no de enojo, sino de dolor—. ¿De verdad no te das cuenta de lo que nos estás haciendo?
—No entiendo… explícame.
Respiró hondo por la nariz, con esa forma de inhalar que solo se escucha cuando alguien está intentando no derrumbarse
—Chris. —El nombre le salió como un golpe—. Te fuiste con él. Te dejó en tu casa. Y yo… yo no sé qué está pasando. No sé qué va a pasar. No sé dónde quedo yo.
El corazón me rompió en pedazos de un golpe.
—Asher, él es mi amigo. Solo eso. No hay nada más.
Él soltó una risa corta.
Pero no era risa. Era una fractura
—¿De verdad no lo ves? —dio un paso hacia mí, con la respiración temblorosa—. Porque cada vez que él se te acerca… —se tocó el pecho, casi con desesperación— siento que se me parte esto. Aquí, Eloy. Aquí.
Mis ojos se llenaron antes de que pudiera evitarlo. Bajé la mirada de pena. La bajé porque si seguía viéndolo así… no iba a soportar lo que estaba sintiendo por él.
—Ya te dije que no siento nada por ti —mi voz salió más firme de lo que sentía—, pero sigues insistiendo. ¿Qué quieres que haga para que lo entiendas?
Asher parpadeó, como si mis palabras le hubieran rasgado algo por dentro.
—Me estás mintiendo… —apretó la mandíbula, luchando por mantener el control—. Lo sé, aunque te mueras por negarlo.
Me crucé de brazos, más para sostenerme que por desafío, porque sabía que es verdad.
—¡Que no, Asher! —El corazón me golpeaba las costillas—. Es más… mañana iré a una cita con Chris.
Lo solté como si lanzara un cuchillo… y acerté.
Asher retrocedió medio paso. Como si necesitara comprobar que seguía vivo.
—¿Tan rápido…? —la incredulidad le quebró la voz—. ¿Estás… estás bromeando?
Negué despacio.
—No es una broma. Mañana por la tarde saldremos.
El aire pareció salirse de su cuerpo. Caminó hasta una de las sillas junto al armario y se dejó caer, hundiéndose como si el mundo acabara de inclinarse bajo sus pies. Su mirada vagó por la habitación… hasta detenerse.
En la chaqueta.
Su chaqueta.
Esa que una vez me había puesto con una ternura que ahora dolía recordar.
ESTÁS LEYENDO
Desilusión
Novela JuvenilUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
