Continué corriendo por el pasillo del hospital sin mirar atrás. Escuché a los chicos llamarme cuando casi alcanzaba la salida, pero sus voces se perdieron detrás de mí. No podía detenerme; sentía que, si lo hacía, me rompería ahí mismo.
En cuanto crucé la puerta principal, levanté la mano para detener el primer taxi que pasó. Apenas subí, el aire se me atascó en la garganta y las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera contenerlas. No pensé, no hablé, no respiré bien. Solo dejé que todo saliera, con la ciudad pasando borrosa detrás del cristal.
Cuando llegué a casa, mi mamá ya estaba allí. Abrió la puerta antes de que tocara, como si hubiera sentido mi temblor desde adentro. Me eché sobre ella sin decir una palabra. Su abrazo me envolvió con una familiaridad que dolía: ese calor que de niña creía capaz de arreglarlo todo. Esta vez no podía. Pero aun así, me quedé allí, aferrándome como si su pecho fuera el único lugar donde todavía podía sostenerme.
—¿Qué tienes, mi niña? —me tomó de los brazos y me guió hasta el sofá—. Su voz cargaba un dolor que parecía reflejar el mío.
Intenté secarme las lágrimas con el dorso de la mano, pero seguían cayendo sin control. Respiré hondo antes de hablar.
—Mamá… Asher se va. Lo trasladan a otro país para un tratamiento. Dicen que podría quedarse allá… para siempre.
Ella me miró unos segundos, en silencio, antes de tomar mis manos entre las suyas.
—Ay, mi niña… —hubo una pausa cargada de ternura—. Lo amas, ¿verdad?
—¡Sí! —la voz me salió desgarrada—. Siempre lo amé. Pero lo rechacé, mamá… era el novio de Stella. No quería lastimar a nadie. Y ahora que podría decírselo… ya no me recuerda.
Sus dedos recorrieron mi cabello, apartando un mechón húmedo de lágrimas.
—Tienes que cuidar tu corazón, Elowin. Mírate… estás hecha pedazos. Pero él también te amó, aunque ahora no pueda decirlo. No cargues con el silencio toda la vida.
—No puedo —la mirada se me fue al suelo—. Si se lo digo, no sabría cómo mirarlo después.
Ella suspiró, con una tristeza vieja, como quien ha conocido la renuncia.
—Está bien, cariño. Solo prométeme que no harás lo mismo que yo. Dejé ir al amor de mi vida… y nunca lo volví a ver.
No dije nada más. Mamá se fue a su habitación y me quedé inmóvil en el sofá, con la mirada perdida. Las palabras “el amor de mi vida” seguían flotando en el aire como un perfume viejo.
¿Quién habría sido? ¿El papá de Asher? Ella una vez me contó algo… un romance de infancia.
Pero mi historia no era la suya. Yo no tenía derecho. No después de que él estuvo con una de mis mejores amigas. No después de haberlo rechazado durante tanto tiempo.
Ese pensamiento me apretó las sienes. Sentía que mi cabeza iba a estallar.
Decidí subir a mi habitación. Me duché, dejé que el agua caliente apagara un poco el ruido dentro de mí y me puse el pijama.
Cuando por fin me metí bajo las sábanas, justo en el borde del sueño, el teléfono vibró.
El corazón me dio un salto. Milán.
Respondí en cuanto pude.
—¿Bueno?
—Hola, Elowin. ¿Estás bien? Te vi salir del hospital muy rápido.
Tragué saliva.
—No… no me sentí muy bien.
—¿Te enteraste de que van a trasladar a Asher a Suiza? Para que reciba mejor tratamiento… y tal vez recupere la memoria.
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Desilusión
Teen FictionUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
