El sonido del despertador me arrancó de un sueño inquieto. Abrí los ojos lentamente; la luz del sol se filtraba entre las cortinas y pintaba mi habitación de un dorado tenue. Me estiré, pero el cuerpo seguía rígido, como si el descanso no hubiera sido suficiente para aliviar el peso de la noche anterior.
En el baño, el espejo me devolvió una imagen que apenas reconocí: ojos hinchados, cabello revuelto, una tristeza silenciosa marcada en mis rasgos. Hoy será mejor, tiene que ser mejor, me repetí, dejando que el agua fría borrara, aunque fuera por segundos, las huellas del llanto.
Mi madre me recibió con la misma ternura de siempre, ofreciéndome una tostada y observándome con atención, como si intentara descifrar algo en mi rostro. Yo respondí con una media sonrisa cansada, fingiendo haber descansado bien, aunque la noche anterior había sido cualquier cosa menos tranquila.
El camino a la universidad fue silencioso. Mamá no mencionó nada, y yo agradecí ese silencio. Era lo más cercano a la paz que podía tener.
Cuando llegué al patio de la universidad, vi a Stella y Elina esperándome en nuestro lugar habitual. El sol de la mañana bañaba los bancos del jardín, y por un segundo pensé en volver atrás. Pero ellas ya me habían visto.
—¡Eloy! Qué bueno verte mejor —Elina me abrazó con fuerza—. Su perfume familiar me envolvió, el calor de su afecto chocando contra el nudo en mi pecho.
—Sí… —los labios se me curvaron apenas.
—Ayer fue un caos total —Stella se cruzó de brazos—. ¿Cómo te sientes hoy?
—Estoy bien, chicas. Gracias por preocuparse —respiré hondo, aunque la voz me falló al final.
Hubo un silencio tenso antes de que añadiera en voz baja:
—Hay algo que no les he contado.
Ambas me miraron con curiosidad, y mi estómago se contrajo.
—¿Recuerdan cuando fui a la competición con Asher? —me limpié las manos en la falda.
—Sí —Elina asintió despacio—. Dijiste que fue un viaje complicado.
Tragué saliva.
—Asher… —el aire me faltó por un instante—. Allá… me dijo que yo le gusto.
Elina abrió los ojos de par en par, incapaz de ocultar la sorpresa. Stella, en cambio, se quedó completamente inmóvil, como si mis palabras la hubieran detenido en medio del mundo.
—¿Qué le dijiste? —la pregunta salió baja, cargada de incredulidad.
—Lo rechacé —murmuré, sintiendo cómo la confesión se me rompía en la garganta—. No podía… Él es tu ex, Stella. No está bien. Nada de esto está bien.
Elina frunció el ceño, pero permaneció en silencio. Stella dio un paso hacia mí, con los ojos brillantes.
—Tú lo amas… ¿verdad, Eloy? —preguntó en voz baja, como si ya conociera la respuesta.
Su pregunta me atravesó. El aire pareció espesarse entre nosotras.
Intenté hablar, pero solo me salió un débil suspiro. Bajé la mirada.
El silencio fue interrumpido por el altavoz que anunciaba el inicio de clases.
Agradecí ese sonido como si fuera un rescate.
—Tenemos que irnos —apuré, ajustando la mochila; sentí su mirada clavada en mi espalda, pero no me atreví a volverme.
En clase, el murmullo habitual me pareció distante. Me senté en mi lugar, abrí el cuaderno y sostuve el bolígrafo sin saber qué escribir. El profesor hablaba de historia moderna, pero sus palabras se disolvían antes de alcanzarme.
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Desilusión
Fiksi RemajaUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
