Mi corazón golpeaba tan fuerte que sentí que podía detenerse en cualquier momento. El aire de la habitación era más frío, más áspero, como si también él supiera que algo terrible había ocurrido.
Abrí la puerta con torpeza y, al salir, encontré a Milán, Stella y Elina sentados en la banca del pasillo, esperándome. Sus rostros se iluminaron al verme, pero la confusión no tardó en cruzar sus miradas.
—¿Qué pasa? —la voz de Stella era suave, alerta, y aun así me llegó difusa, como si escuchara desde debajo del agua.
Me quedé inmóvil. Sentía el pecho tan apretado que apenas podía respirar, como si mis costillas no quisieran moverse.
¿Cómo explicar algo que ni yo misma entendía?
Tenía el estómago revuelto y un nudo caliente en la garganta que amenazaba con romperse en cualquier segundo.
—Está… delirando —con un temblor que me delataba, haciéndome sentir más vulnerable—. Está gritando como si… como si no supiera quiénes somos. Sé que no nos recuerda, pero esta vez fue distinto. Esta vez… se puso furioso. ¿Por qué?
Stella se levantó enseguida. Sus ojos, aunque preocupados, tenían una dulzura que me sostuvo por un segundo.
—Eloy, respira conmigo —la calma en sus movimientos me envolvía, y sus manos me tomaron del brazo con una delicadeza casi protectora—. Tranquila, cariño. Estás en shock. Ven, siéntate. Respira un poco.
Intenté seguirla, pero mis piernas no parecían responder del todo.
—Voy por el doctor —Milan se incorporó de golpe y salió corriendo por el pasillo, movido por esa urgencia que solo mostraba cuando se trataba de Asher.
Elina se acercó más, su expresión llena de miedo y fuerza al mismo tiempo.
Y yo… yo solo podía pensar en él, en ese dolor que lo había hecho gritar como si su alma estuviera rompiéndose por dentro.
Me dejé guiar por Stella y Elina hasta la banca pegada a la pared. Me senté, aunque todo en mí gritaba por volver a la habitación.
Las manos encontraron mi cabello sin que yo lo ordenara, aferrándose a él como si pudiera anclarme a algo, a cualquier cosa.
Milán regresó en pocos minutos, acompañado del doctor y dos enfermeras que avanzaban con paso decidido. Cuando entraron a la habitación, me puse de pie por impulso… pero mis piernas no obedecieron más allá.
Me quedé ahí, clavada en el suelo, mirando la puerta entreabierta como si pudiera leer lo que ocurría detrás de ella.
Los minutos se hicieron interminables.
Finalmente, el doctor salió con una carpeta en la mano. Las enfermeras detrás de él parecían más tensas que antes. Yo me levanté de un salto.
—¿Qué pasa, doctor? ¿Asher está bien? ¿Por qué se puso así?
El doctor cerró la carpeta despacio, como si no quisiera asustarme. Su expresión era serena, demasiado serena para lo que yo sentía.
—Asher sufrió una especie de crisis —habló con calma, midiendo cada palabra—. Fue un episodio neurosensorial agudo. Es común en pacientes con amnesia cuando un recuerdo intenta salir, pero no logra organizarse. Es como…
—hizo un gesto con los dedos, buscando palabras más simples— como si la memoria intentara abrirse paso a la fuerza y el cerebro no estuviera preparado para recibirla todavía.
—¿Entonces… recordó algo? —mi voz salió débil, un hilo que apenas sostenía mi pulso acelerado en el cuello.
El doctor asintió despacio:
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Desilusión
Fiksi RemajaUniversidad, amigas, sueños... y Asher. Un chico que cambiará todo. ¿Vale la pena arriesgarlo todo por amor?
